El Cáncer Cérvico Uterino (CACU), es un problema de salud pública mundial y ocupa el segundo lugar en incidencia por tumores malígnos, y el primero en mortalidad, relacionada con neoplasias malignas, particularmente en el grupo de 25 a 64 años de edad en México, destacó la médico residente del Hospital General de Zona No. 1, Erika Rosas.

Es una alteración celular que se origina en la zona de transformación del cuello del útero; es de lenta y progresiva evolución, y ocasiona desde displasias hasta cáncer y finalmente la muerte. Es potencialmente curable si se detecta y se controla en fases iníciales. Sin embargo, desafortunadamente en estos padecimientos la sintomatología en etapas iníciales es nula, por lo que reviste vital importancia la prevención y detección oportuna.

En cambio, cuando la paciente se encuentra en etapas avanzadas de la enfermedad puede manifestarse como cuadros repetitivos de infecciones vaginales, dolor e inflamación en extremidades inferiores por compresión tumoral, datos de insuficiencia renal, anemia crónica, etc.

De acuerdo con la investigación sobre esta enfermedad, menos del 50 por ciento de las mujeres afectadas por cáncer cérvico uterino, sobreviven más de cinco años. Aunado a ello, se encuentra el factor causal de la infección por Virus del Pailoma Humano (VPH) y el desarrollo de cánceres.

Dentro de otros factores de riesgo destaca también la edad entre 25 a 64 años, más de tres años sin control citológico, bajo nivel económico y cultural, inicio de vida sexual temprana (17 años), múltiples parejas sexuales (tres o más, se triplica el riesgo); pareja sexual masculina infectada con virus del papiloma humano o antecedentes de infecciones de transmisión sexual.

Así mismo, múltiples embarazos (aumenta el riesgo cinco veces), tabaquismo, deficiente alimentación (deficiencia en vitamina A y folatos), estado inmunológico débil, entre otros.

Para un diagnóstico temprano y control, la doctora Erika Rosas recomienda realizarse la prueba del papanicolao a todas las mujeres que han iniciado relaciones sexuales. De ser necesario, solicitar también el estudio de colposcopía y toma de biopsia (para aquellas pacientes diagonsticadas con neoplasia).

En relación al virus del papiloma humano, este se transmite fácilmente al contacto, su principal vía de contagio es la sexual y puede infectar piel, mucosas, genitales y ano. Su único reservorio conocido es el ser humano y los diferentes serotipos conocidos se clasifican en: de bajo grado que puede producir condilomas (verrugas) y de alto grado que ocasionan displasias y eventualmente cáncer.

Finalmente destacó la importancia de la prevención, toda vez que la detección temprana de lesiones premalignas y control de los factores de riesgo, pueden salvar la vida de la mujer. Aunado a lo anterior, actualmente existe la vacuna contra los riesgos para el desarrollo de cáncer cérvico uterino dirigida a mujeres que no han iniciado relaciones sexuales (9 a 12 años) .