Por Miguel Angel Casillas Barajas.-

Tepic.- Había una vez en el gran bosque electoral una ingenua niña, que había soñado llegar a la gran casona de san Lázaro, para desde ahí ayudar a los pobres y necesitados.

Para cumplir con su proyecto, se dispuso a convocar a todos los habitantes del reino  para que entre todos la apoyaran a llegar con su voto libre y secreto, pero la pobre pequeña no contaba con la astucia del lobo que desde un lugar secreto, siniestro y oscuro atisbaba  frotándose las garras,  y aprovechándose de  su artes malignas, dejó que la ingenua caperucita creyera en las bondades que le ofrecía la democracia de su partido, mas sin embargo, días antes a escondidas ( el lobo) ya había organizado una tenebrosa reunión en lo oscurito con algunos “talibanes” y con otros oportunistas seres del bosque  para realizar una pre-venta electoral anticipada, truncando los sueños de la ingenua chiquilla.

El mismo lobo mañoso con su influencia caciquil de un zarpazo, habría marcado una línea VIP para que los del “populacho” del reino conformado por obreros y campesinos  no participaran y así acrecentar el deterioro y la derrota inminente de  caperucita en esta lid, y facilitar que la entrega fuera mas rápida,  directa y sin preámbulos.

La pobre niña descorazonada no lo podía creer,  pero confiada como era, seguía aún entusiasmada con su proyecto creyendo que el pueblo  podría rescatarla algún día de las propias garras del lobo. Pero en la medida en que avanzaba su campaña política, el lobo a gruñidos se había encargado de asustar a todo ser viviente del bosque  para alejarlos de caperucita y que esta se quedara sola y su alma.

Aunque debemos dar crédito en este cuento que caperucita tenía lo suyo,  su juventud, candidez, belleza y dulzura al hablar convencía hasta al mas rejego  del reino, eso tenía nervioso y preocupado al lobo que sentía el temor que   la dulce niña pudiera llegar a pesar de las trampas que le había tendido  a la casona de san Lázaro, y en un descuido  pudiera  comerle el mandado a sus lobitos que habían crecido políticamente fuertes y robustos y andaban inquietos también en el gran bosque electoral, buscando seguir los pasos “caciquiles” de su  papi, pero además uno de ellos, el mas grandecito de los tres, aspiraba a gobernar algún día  el gran reino, aunque no tenía la seguridad de que  fuera de las preferencias de su partido para designarlo como candidato, por eso el lobo, habíase apalabrado  en esa noche negra como su conciencia, con los talibanes, chuchos y demás habitantes del reino electoral para entregarles a la linda caperucita como ofrenda y garantía en el trato.

A tal grado fue el acuerdo jurado con sangre, que en el caso de que su pequeño no fuera agraciado como candidato a la gobernatura por su partido, chuchos y talibanes le harían un campito en sus moradas a lobito para que cumpliera su encomienda; pues  a don lobo ya se le había metido en su albina  cabeza  que su retoño sería el nuevo gobernante del reino, ¡ a como diera lugar! y para eso estaría dispuesto, incluso a ofrecer los retazos que le quedaban de su corrupta vida, hasta al mismísimo lucifer si fuera preciso para lograr su objetivo.

 ¿Que le esperaba entonces a la pobre caperucita, desprotegida y abandonada en el oscuro bosque electoral y ante tantos animales ponzoñosos y de rapiña que la acechaban? El lobo la había entregado  a merced de los hambrientos talibanes y chuchos que merodeaban babeantes cerca de ella para asestar el golpe final, la entrega de caperucita estaba consumada, el lobo desde su Hummer nueva, esbozaba una sonrisa de satisfacción al ver que su plan maquiavélico   había  funcionando a las mil maravillas, solo sería cosa de días para celebrar su partida, la niña por mas esfuerzos que hacía  para sobreponerse a tanta adversidad, le era imposible luchar contra todo y peor aún, contra los mezquinos intereses y corruptelas de los propios correligionarios de su  partido que la habían trampeado, para favorecer sus mas oscuros intereses políticos.

 En alguna parte del reino, se ve la figura en penumbras del lobo  satisfecho  fumando un cigarrillo, esperando pacientemente  que su presa exhale su último hálito de vida para luego  anunciar al reino, la triste desaparición  de la adorable caperucita.

Nota del autor:

Cualquier semejanza de este cuento con personajes de la vida real, es mera coincidencia.

Servidos padres de familia

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