Por: Olegario Zamudio Quezada

Conocí a Guadalupe Naranjo en el año del ochenta y dos, ellos eran un grupo de muchachos de la facultad de economía de la UAN, en uno de esos movimientos en que solicitaban la reducción de la tarifa del transporte urbano, ahí fue donde lo vi por primera vez acompañado del Ex Diputado Jesús Benítez Osuna, junto donde antes era la biblioteca. Yo era presidente de la Federación de estudiantes Técnicos en ese entonces.

Era fácil reconocer a Guadalupe, pues su tiple de norteño y la lengua que se le pegaba al hablar lo distinguían, posteriormente ellos, se fijaron apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones del ochenta y ocho, yo por mi parte me imbuí en el movimiento cañero de Puga.

Lo volví a ver y tratar de cerca, en el conflicto poselectoral del arribo a la Gubernatura de Rigoberto Ocho Zaragoza, en aquella ocasión en que el Ing. Juan Ramón López Tirado desestabilizó al Candidato de la otrora poderosa CTM, sindicato más poderoso en aquellos ayeres de América latina.

Otro momento estelar de Guadalupe, fue cuando tejió la madeja que llevaría al Toño Echevarría a Gobernador, pues antes que ello el conclave fue impulsar al Alejandro Rivas, a quien Colosio lo puso en paz en un dos por tres, Toño se animó y Guadalupe fue el Operador político más importante en esa tarea lograda, Toño fue Gobernador.

El mismo día de la toma de protesta de este Tigre, lamentó que hayan corrido a empellones del teatro del pueblo a Rigoberto Ochoa y con sentimiento, le declaró su admiración y respeto a Rigoberto ante el asombro, la rechifla y el lamento de los presentes.

En el transcurrir del Sexenio Acosta Naranjo, fue corrido como sub secretario general de gobierno de manera vergonzante, como enemigo de la administración que el mismo construyó, el mismo Toño lo metió a la cárcel según Naranjo y además ante el acoso a su familia por el aparato judicial, se vio orillado al exilio de Nayarit.

Pasado el tiempo lo vi en el comité nacional del PRD, luego en una de esas ocasiones fui con él a saludarlo a la colonia dos de agosto, pues amigos varios, sabían que estaba promoviendo a Martha Elena para Diputada Federal, me pidieron que le transmitiera el sentimiento de no impulsar más a esa familia a puestos de elección popular.

Los muchachos tenían la convicción de que los Echevarría no tenían escrúpulos, que para los de Ciudad del Valle, los valores de la lealtad, la amistad y la gratitud, no eran fundamentales, que cualquiera de ellos traicionaría un sentimiento comunal.

Pero Guadalupe insistía en que la señora es honorable, que ella en sus afanes contribuiría al desarrollo y la evolución de nuestra sociedad, así se impuso el ímpetu de Naranjo, con ello, abonó a llenar el vacío existencial y la falta de reconocimiento y afecto que la señora padecía al seno de su familia y su círculo primero de amigos.

Hablar de los triunfos electorales de los Echevarría, es hablar de Acosta Naranjo, su actitud de los vecinos de ciudad del valle, puedo asegurar que no es mala fe, no es perversidad su desenfado, sino más bien un destello de acción de lo natural que son, el actuar de los Echevarría con Naranjo se puede ejemplificar, en la fabula de Esopo, la del alacrán y el sapo.

Un día, un alacrán y un sapo se encontraron en la orilla de un río, el alacrán suplica al sapo y le vende lastima para que lo lleve en su lomo para cruzarlo al otro lado del rio. El sapo le pregunta, ¿Y como yo sé que no me vas a picar con tu ponzoña venenosa? El alacrán le responde, Porque si lo hago, yo moriría también.

El sapo se convence ante la pena del alacrán y comienzan a cruzar el río, pero a mitad del camino, el alacrán pica al sapo con su aguijón. El sapo comienza a sentir la parálisis y se empieza a hundir, sabiendo que ambos se ahogarían, pero aún le quedaban fuerzas para preguntar ¿Por qué?. Le responde el alacrán antes de hundirse ambos: Así soy yo...esa es mi naturaleza, no lo pude evitar