Por Óscar Verdín Camacho

Es el mediodía del viernes 20 y avanzo por un pasillo que me lleva a la sala de urgencias del Hospital General de Tepic. Aquí he venido varias veces los últimos meses y la historia que contar se ha vuelto similar, sólo que con distintos nombres.

No sólo nada cambia, sino que cada vez la situación parece peor: falta de medicina, hacinamiento de enfermos, ausencia de camas, la muerte que acecha con facilidad, sin defensas que cuando menos la entretengan.

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Rogelio Primitivo Morfín Valenzuela ocupa un sillón en el citado pasillo del Hospital General. Sufre una parálisis y lo mueven en silla de ruedas, según explica su mamá. Tiene llagas en la espalda.

Pero lo que lo llevó al nosocomio, el jueves 19, fue una infección. Un día después, la señora está decidida: ya me lo llevo, aquí no hay nada, no hay camas y él no puede estar así, sentado nada más, hay que moverlo para curarle las llagas. Se me va enfermar más.

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La joven Liliana Guadalupe Bermúdez Núñez dice que cuando se le pasa el efecto de la medicina, el dolor es insoportable. Tiene piedras en el estómago. Llegó tres días atrás y el viernes la daban de alta sin curarla. Pero no se fue, ¿a dónde?, replica su esposo que agrega un hubiera llegado antes para que viera como estaba aquí, sucio, con algodón y sangre en el suelo.

Sin cama, Liliana Guadalupe ocupa una silla en un cuartito en el que hay más enfermos, entre ellos Juan Manuel Chavarín García, quien padece una ulcera grande y requiere operación, pero no hay para cuando.

Aquí la gente se muere mientras los políticos tiran millones en propaganda, en papeles, levantándose el cuello en cosas que no sirven, tirando el dinero, dice con angustia. Se le nota la piel sumamente pálida.

Juan Manuel es de Las Varas, municipio de Compostela. Durante la visita de este reportero, Chavarín ocupaba la única camilla de un cuartito sin ventilación, en la cual van rolando los pacientes, es decir, se la pasan entre esa camilla y las sillas, así sean hombres o mujeres, así tengan fractura u otros padecimientos.

Fotografías de ese cuartito ya han sido divulgadas por este reportero. Siempre hay un hacinamiento terrible.

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Adán Cruz Ríos, trabajador de la Comisión Forestar de Nayarit, se fracturó un pie al caer por un barranco mientras trabajaba apagando un incendio, el miércoles 18.

Enrique Morgan Tejeda es otro paciente de ese hacinado cuarto. Tenía días prácticamente sin comer y, hambreado, el viernes 20 comió. Un médico lo regañó porque en una de esas lo podían operar, pero ha oído tanto esa versión que simplemente el hambre le ganó.

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El personal médico repite lo que ha dicho en por lo menos los últimos dos años: todos los días hay hacinamiento de enfermos puesto que la remodelación en la sala de urgencias tiene dos años detenida y nadie explica por qué, pero presuntamente se debe a un desvío de recursos.

Sí hay constructora, pero se le dejó de pagar y detuvo los trabajos. Nadie ha vuelto, no hemos visto un albañil en muchísimo tiempo, resume uno de los médicos.

Las versiones de que en el Hospital General ha muerto gente por falta de atención cada día cobran más fuerza.

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Es la mañana de este lunes 23. En el mismo pasillo donde el viernes estaba Rogelio Primitivo, sobre una cama está el señor Antonio Pérez Ríos, un hombre por arriba de los 70 años que hace una semana sufrió fracturas al ser atacado por un perro, en Santa María del Oro, donde trabaja como músico de mariachi.

- ¿Es tú papá? –le pregunto a una mujer risueña a su lado, chaparrita-.

- Es mi esposo –aclara. Se notan por lo menos 40 años de diferencia-.

Son huicholes y ayer, dado de alta él, preparaban el regreso a Santa María del Oro, aunque ella tenía dudas sobre su estado de salud. Se dolía.

Mientras tanto, en el cuartito sin ventilación ubicado frente a una sala de urgencias, ya no estaban los pacientes del viernes 20. Había otros y otras con las mismas historias. La angustia, la desesperación, la atención que, si llega, es a cuentagotas.

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Pero mientras las necesidades golpean al más jodido en el Hospital General, irónicamente el jueves 19 el Congreso del Estado aprobó un préstamo por 300 millones de pesos solicitado por el gobernador Ney González Sánchez, para la construcción de una carretera entre La Cruz de Huanacaxtle y Punta de Mita, en el municipio de Bahía de Banderas.

El apresurado préstamo reafirma el nivel de prioridades de González Sánchez. Su mundo.

Para el sábado 21, nuevamente el gobernador se lució y, en tiempos electorales, anunció a los miles de trabajadores sindicalizados de las oficinas públicas que en el próximo pago de aguinaldo no recibirán 60 días, sino 75. Total, en diciembre próximo ya no será gobernador y el que lo releve que se las averigüe.

Mientras tanto, que en el Hospital General siga la escasez de medicina, el hacinamiento de enfermos y que la muerte aceche de más cerca. Esa sí.