Por: José Ma. Narváez Ramírez.
La situación general en nuestro país nos trae muy serias consecuencias que obligan a buscar conclusiones que resuelvan en un plazo no muy largo, la gravedad de este escabroso problema que venimos arrastrando como parte de la vida cotidiana.
Y es en Nayarit donde lo hemos visto desarrollarse como un cáncer maligno que va cubriendo el terreno con absoluta notoriedad, invadiendo la capital del estado, y ahora prosigue su letal camino en vertiginoso rumbo hacia los municipios del norte y del sur de la entidad.
La sociedad se encuentra, en una palabra abismada por la rudeza con la que se desempeñan los sicarios y la poca o casi nula intervención de las autoridades que no pueden, o no quieren, aprehender a los delincuentes, quedando un tanto en ridículo las fuerzas armadas, que prácticamente se pasean por diversos puntos del municipio de Tepic y por las carreteras aledañas, sin resultados convincentes.
El pánico se viene apoderando de los habitantes de Nayarit y las autoridades no pueden encontrar un medio para acabar -o paliar- esta aberración en que se ha convertido el combate al crimen organizado.
Las marchas y paros se vienen desgranando con celeridad y algunas familias han optado por abandonar la plaza ante las amenazas de muerte que vienen recibiendo, o por los constantes extorsiones o amagues de secuestro que los acosan en forma alarmante, por ello se ven en la necesidad de recurrir al paro de labores, escalonado, para tratar de obligar al gobierno a que encuentre una solución inmediata.
Pero en lugar de encontrar el remedio, los problemas se vuelven una constante y van en aumento incesante, aunados a las dificultades económicas por las que atraviesan la mayoría de los ayuntamientos, en especial el de Tepic, que lleva tres intentos de huelga que han sido sofocados muy apenas y que es probable que la burocracia rompa las cadenas y antes de las elecciones se monten en el macho de los paros de labores definitivos, por falta de pago.
Algunas instituciones educativas han decidido construir muros alrededor de sus instalaciones para preservar del peligro de un artero ataque a sus alumnos, maestros y personal de servicio. Otras, de estados vecinos, han venido a ofrecer carreras técnicas y profesionales a cambio de ciertas cuotas que no cualquier estudiante puede cubrir y se transforman en elitistas, sin contar tan siquiera con protección y estacionamiento propio, pero sí tienen los maestros que en ellas laboran, un buen perfil profesional y salen los alumnos, mejor desarrollados y listos para desempeñar la carrera que elijan.
Así que Control Señores Control Lo que necesita nuestro México es EDUCACIÓN en el buen sentido de la palabra Que la enseñanza, la docencia, se imparta con calidad e instrucción bien definidas, que no tengamos en los puestos clave del Gobierno Federal, a individuos ineptos y sin escrúpulos que tanto dañan a nuestros hijos Que se la pasan –como una directora de la Normal de Maestros- cobrando cuotas de inscripción, por sus pistolas. ¡Fuera los mercenarios de la educación! Y vengan los verdaderos maestros, los de vocación, a ocupar los lugares que aquellos están usurpando para hacerse de dinero mal habido pero proveniente de un pueblo que merece ser correspondido –cuando menos- en mejor educación.
Así se acabarían en gran parte, los criminales y nuestro México volvería a ser un país donde sobre el empleo, donde haya un mayor número de industrias y donde en ellas encuentren ocupación los egresados de las universidades y de los centros educativos tecnológicos.