Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Es en las campañas ya encarreradas, cuando se arriman los ricos a sonar las bolsas de los dineros imaginarios delante de los pobres y a hacer bola con el riesgo de rozarse con la broza –compuesta por los pobres, que a todas van, con la esperanza de que les den chamba en lo que sea- y que hacen arriscar la nariz de las rucáilas encopetadas por el tufillo a pobreza que despiden y que no logran disimular ante la creme innata de la socialité, aunque se mezclen con las olorosas a loción cara y ropa de etiqueta gringa comprada en las tiendas de postín.

Máxime si les toca apapacho de cerquita con la candidata o el candidato en turno para la foto que al día siguiente aparecerá en los periódicos o saldrá en la tele. Aunque después tenga que usar crema pomadosa y tallarse con una lija del doble cero aquel (o aquella) que tuvo la mala fortuna de estrechársela en campaña.

Ahora sí todos cuentan, todos valen igual: el voto. Y mientras más aparezcan desarrapados, mayor será el impacto entre la bola, y los cabeceros de las notas informativas tendrán material de sobra de donde cortar, esperando que les toque una camiseta con el nombre del candidato impreso o del partido que representa al que pretende sacrificarse por su pueblo y logre dar el rostro más cercano a la miseria, que pueda.

Ahora, como en todas las campañas, se tocará el tema de la pobreza en el tono más alto que se alcance, ponderando las necesidades apremiantes de los indigentes que aún han logrado sobrevivir sin agua, sin trabajo, sin techo, agobiados por los peligros que a diario viven toreando a los sicarios y que ahora ven en las giras de proselitismo de los millonetas –que no dan ni la hora, pero que sí prometen el cielo, las estrellas, la luna y el sol en sus frases que semejan el canto de las sirenas a través de los discursos campañeros- y que no volverán a tenerlos tan cerquita como hoy.

El tema de los pobres sirvió al presidente del PAN, Calderón Hinojosa, para subir los impuestos, aduciendo que esta medida acabaría con los menesterosos, faltando solamente que agregar: volviéndolos méndigos.

Y ahí estamos, sacando el chivo únicamente con la ayuda de Dios, o sorteando el vendaval de la necesidad percibiendo una paga miserable mientras ellos se despachan con la cuchara pozolera recibiendo salarios altísimos que nadie, absolutamente nadie, bajará en caso de obtener el triunfo. Tal vez los que representan un chiqui-partido enarbolen la banderita de que él si reducirá los sueldos, pero no deja de ser puro estiércol o pura promesa de candidato.

En fin, amigo pobre, vas a tener que hacer gala de mucho Control señores Control porque mientras se sigan paseando por nuestras calles los candidatos, a bordo de sus patas de hule modernos y muy bien equipados, mientras sigan atronando el cielo como lo hacen los sicarios con sus metralletas, (ellos con sus bocinas gigantescas repitiendo jingles cursis, taladrándonos los oídos) y mientras sigan repartiendo volantes y sonrisas sin ton ni son entre discursos chafas a nuestros paisanos jodidos nos van anunciando que sigue el circo, la maroma y el vil teatro que tanto les divierte.