Tepic.-Una caída, un susto o emociones como el enojo y la frustración pueden provocar un espasmo del sollozo en el menor, reflejo que se caracteriza por la retención y pérdida de la respiración luego de un evento que le provoque disgusto y pueda llevarlo a la pérdida de la conciencia.
A pesar de que este evento puede resultar alarmante para los padres de familia es inofensivo y afecta, en promedio, al 6 por ciento de la población infantil que cuenta entre uno y dos años de edad, aunque también puede presentarse entre los seis y 12 meses.
Para la encargada de Pediatría de la Estancia Infantil No. 70 del ISSSTE María Margarita Velázquez González saber cuáles son sus características y cómo diferenciarlo de cuadros graves, es fundamental para tranquilizar a los padres y, lo más importante, para que sepan actuar cuando se presenta este evento inesperado.
Reveló que el espasmo del sollozo, generalmente, es provocado por un berrinche, o también, por un suceso de dolor o sorpresa. Esta situación desencadenante lleva al menor al llanto intenso y, una vez que éste saca el aire de sus pulmones, detiene la respiración y provoca la pérdida de la conciencia.
De manera regular, dijo, el espasmo suele venir acompañado de un cambio en la coloración en la piel que puede tornarse morada o pálida, así como ligeras convulsiones; sin embargo, es preciso recordar que no es ocasionado por enfermedades orgánicas, psiquiátricas, ni tiene relación con la muerte súbita del lactante.
Velázquez González advirtió que para manejar el espasmo del sollozo es primordial mantener la calma y recordar que la vida del menor no está en riesgo por el evento, pues el ataque es inofensivo y desaparece por sí solo. Es preciso recostar al infante de costado y retirar los objetos que tenga en la boca.
Asimismo, deberán retirarse de su lado los objetos con los que pudiera golpearse en caso de presentar convulsiones y, en ningún momento, se debe tratar de detener el espasmo. Recomendó no introducir al infante en el agua, pues se corre el riesgo de que broncoaspire y propicie complicaciones pulmonares mayores.
Habrán de evitarse también sacudidas, golpes y maniobras de reanimación como la respiración de boca a boca y el masaje cardiaco, debido a que pueden representar un riesgo aún mayor que el propio espasmo si se efectúan por manos inexpertas.
La especialista sugirió que si se trata de un berrinche, es necesario alejarse del niño y observarlo de manera indirecta, para hacerle pensar que el evento no requiere de mayor atención. Cuando el espasmo finalice deberá explicársele al niño de manera firme que no logrará ningún beneficio al provocarlo.
Por el contrario, cuando el espasmo haya surgido de un evento de dolor, es importante brindarle consuelo, reconfortarlo y explicarle que su salud está bien. En ambos casos, se recomienda dejarlo dormir una pequeña siesta.
Indicó también que es preciso acudir al médico cuando los espasmos se presenten sin un factor desencadenante o si son muy frecuentes; cuando el menor tarde en recobrar la conciencia, o bien, cuando se presenten antes de los seis meses o después de los siete años de edad.
A pesar de que este evento afecta a infantes en edades previas a su ingreso a las Estancias Infantiles, es un compromiso de la actual administración federal que el personal que atiende a los niños cubra el perfil requerido y se encuentre capacitado para atender cualquier situación que garantice en todo momento la integridad física y emocional del menor.