Por Lupépera, la más lépera.

Te escribo la presente, esperando que estés muy bien, mi vida, que yo también, luego, paso a decirte lo siguiente: Otra vez la ola de criminalidad nos aqueja en este mi lindo terruño tepiqueño y en los demás lares en donde la autoridad nomas brilla por su ausencia a la hora de la rechinga. Aunque hay que aplaudirles a los polis que ningún cartucho percutido se les pierde, pues cuando pasó el desmadre nomas llegan a juntarlos y contarlos. Las balaceras y sus consecuencias ya se han vuelto el pan nuestro de cada día. Incluso, ya ni nos asombra enterarnos de un levantado en la colonia, o un desollado en los cañaverales, o de un pozole de cristiano ofrecido a las autoridades, sin contar con los colgados en los puentes de la ciudad. Como que ya nos estamos mal acostumbrando a este tipo de situaciones. Fíjense que me pasó algo tan chistoso, (que no es para dar risa, pero pues así decimos) y es que me preguntaron si conocía a un cabrón que vive a dos cuadras de mi casa y, yo antes de contestar me suelto preguntando si el cabrón ese vendía droga, o que si lo mataron o que si lo secuestraron Fíjense nomas que babosa de mí. Todavía ni me decían pa’ qué cabrones buscaban al fulano y yo en chinga sacando conjeturas pendejas sobre el pobre vecinito (que dicho sea de paso, esta buenísimo el desgraciado) Aquí lo que quiero exponer, es que la psicosis colectiva ya nos trae de la punta de la lengua y no dejamos de pensar ni de actuar de esa forma, cuando nos pregunten por algún fulano o fulana. La piñata humana que dejaron colgada en el puente de los lobos esta semana, sirvió para enfatizar más mi teoría. Neta que ya nadie se sorprende de otro muerto mas. Como dicen los altos jerarcas gubernamentales: Es solo parte de las estadísticas. ¡Que cabrones de veras! Y no dejo de recordar las palabras que en una de las tantas entrevistas le hicieran los medios de comunicación nacionales, a nuestro ilustrísimo presidente de la república, al referirse a la situación prevaleciente, contestando éste que el narco se va a eliminar algún día, aunque eso cueste todavía algunas muertes de inocentes. Entonces pienso, medito, recapacito, digo y me pregunto: Después de muerta, pa’ que chingados quiero ya calzones, si ni siquiera los voy a poder presumir. Cualquier información relevante que deseen que se anuncie muy al estilo de doña Lupépera, háganmela llegar a este correo y con gusto la haremos parte de mis chismes informativos: lupepera@gmail.com