Por: José Ma. Narváez Ramírez.
A los seis aspirantes a la gubernatura de la entidad nayarita, se les hace muy fácil hacer declaraciones de que con unas cuantas operaciones anti-narcos podrían controlar la inseguridad imperante, dándose el lujo –algunos- de hacer la promesa de que con un cuerpo policíaco bien capacitado y mejor pagado, sería suficiente para frenar a los sicarios.
No es que queramos echar por tierra tan optimistas elucubraciones campañeras, o sea nuestro deseo hacer mofa de tan inocentes e intrépidas aseveraciones lanzadas al desgaire cuando se ocupa hablar fuerte para convencer al electorado, sino que es necesario romper de raíz con las estrategias empleadas por la dirección de las fuerzas armadas para lograr combatir al crimen organizado, ya que hasta la fecha le gana y de calle, al sistema que tiene a su cargo someterlo.
Y mientras el ejecutivo del país, se solaza emitiendo discursos en actos oficiales y asegura que la situación económica es buena y va mejorando, México se desliza en una peligrosa pendiente semejante a aquella caricatura que en tiempos de López Portillo, Carreño plasmó en una portada de la Revista Siempre!, en la que se veía a nuestro peso (Morelos) deslizarse por una empinada colina amenazando con aplastar a un chuchillo que corría veloz cuesta abajo, presa del temor reflejado en su cara
Por eso decimos que si para un Presidente es asaz difícil asegurar a su pueblo que la lucha antidroga está surtiendo el efecto deseado, contimáz para unos inermes candidatos a ocupar el más alto puesto en su entidad sin más armas que los discursos en campaña combinados con enfadosos jingles a todo volumen y las andanadas mediáticas que atentan contra la calma ciudadana.
Ignoramos qué organismo federal o estatal tiene a su cargo controlar estas aberraciones que se estilan en las cruzadas en pos del voto, pero no dudamos en considerar obligatorio precisar un cartabón de ideas que no rayen en la fantasía y en la irrealidad.
En síntesis, pobre de nuestro pueblo que está muy cansado de escuchar frases que podrían considerarse perlas del lenguaje de campaña y podrían guardarse en el cajón de las jaladas de cada tres y seis años respectivamente, pero ya basta de la demagogia usual que tiene harta a la ciudadanía, hay que hablarle al pueblo con palabras sensatas que lleven el mensaje de carencia, de necesidad de salir del atolladero en que se encuentra, no en la falsedad de una quimera.
En una palabra, Control Señores Control y les rogamos no caer en la imprecisión de la promesa campañera, que suele ser el remedio temporal de una situación pero nunca la solución de ella. Porque el remedio debe venir con todo y el trapito