Por: Olegario Zamudio Quezada

En un burdel decente y muy famoso del periférico de esta ciudad, de cuyo nombre de propietaria no quiero acordarme, tragamos whisky a hartar una noche, recuerdo entre copa y copa, que de repente llegó un amigo de mis amigos y me presentaron con él como Padre de sabrá Dios que religión, así es que esa noche estuve repartiendo bendiciones y buenos consejos a los comensales y a las bellas edecanes.

Boris es mi amigo, tenemos algo en común, un padrino y el gusto por la poesía, es que según me narran, el malogrado candidato a diputado, politólogo e inversionista Arturo Elenes es también padrino de mi amigo, cosa que me llena de orgullo, me apadrino en la capacidad y el arte de cambiar las cosas de lugar mágicamente.

Pues ahora resulta que Javier Reinoso el Boris, sustentado en su profesión adquirida en la Universidad del Álica como jurisconsulto, se dio a la tarea de entrevistarse en fechas pasadas con la autoridad del CEFERESO del rincón, con el propósito de presentarles un proyecto de seguridad interna y externa penitenciaria.

Así es que para esto, raudo y veloz como él es, se trasladó primero al OXXO de la salida al periférico de Mazatlán, para abastecerse de un rico café, posteriormente y para pedir fortaleza en su intención, hizo una escala en el poblado del Rincón en la iglesia del pueblo para pedir virtud al altísimo en esta encomienda, cuando los perros empezaron a ladrarle, cuenta que se aventó una larga charla con los canes, como lo hacia San Fco. De Asís.

Ya con el vaso a medio tomar y como a sesenta kilómetros por hora se aparcó en su VMW entre el entronque y la famosa cárcel del rincón como a las tres de la mañana, antes de avanzar claro, cuenta que se aventó una plegaria al altísimo para que todo saliera bien y por si entraba en tribulación, siempre traía consigo un libro de letanías, un frasco de agua bendita y en su maletín un rosario para amarrar a Satanás hasta por mil años.

Así es que rosario al pecho, libro de letanías y haciendo la señal de la cruz con una lámpara de alógeno, empezó a bajar la cañada rumbo a la puerta principal, rezando en media voz, el padre nuestro y el gloria en ingles y para que no fuera haber fallas divinas, también se puso la careta del Santo, la del legendario luchador de la máscara de plata.

Al llegar al edificio, le ordenaron que se detuviera y lo encaró un soldado a quien lo cuestionó por su nombre y su identidad, igualmente mi amigo El Boris le reviro, cómo te llamas y el atribulado guardia le contestó, papapascual ¿Crees en Jesús? y el militar contesto que no, luego le inquirió, ¿acaso no crees tu hermano, que él murió en la cruz por nosotros? y le contesto otra vez que no, insistió, ¿entonces por qué crees tú, que murió en la cruz?, y respondió el recortado militar, es que a la mejor traicionó a alguien.

Después, muy gentilmente, le indicaron que subiera a una camioneta para llevarlo con la autoridad y en cambio lo llevaron donde estaba su vehículo, justo en la línea donde se rompía el encanto de la protección divina, así es que ya fuera del radio de protección, los municipales con el diablo por dentro quizás, lo esposaron, le arrancaron la máscara, le quitaron el libro de letanías y hasta una mendiga desgreñada le propinaron, o sea lo dejaron solo con su fe.

Ya en las instalaciones de la policía municipal como a eso de las cuatro y media de la mañana, le marco al teléfono de su amigo y protector Héctor Gamboa quien el Boris lo califica, como un arcángel pero terrenal, le habló para solicitarle su intervención ante los mortales azules, para obtener su libertad e irse a dormir, claro, no sin antes hacer oración y bendecir a todos los municipales y rociarlos con agua bendita, incluyendo el Veytia.