Por: José Ma. Narváez Ramírez.

(Primera de cuatro partes)

Originario de la ciudad de Tepic, Nayarit, José Inés desde muy pequeño vivió en la vecina población coquera de Tuxpan, donde cursó sus estudios de Primaria, Secundaria y Preparatoria.

Siendo apenas un niño, un día llegó a sus manos un disco de Las Ardillitas y al escuchar las voz de Pánfilo, despertó su curiosidad al oírlo decir: Estamos tocando Jazzoul y de esto, combinado con un regalo que le hicieron sus padres –un órgano- fue naciendo su gusto por la música, en especial el Jazz, que a la fecha toca como todo un Maestro.

Lo encontramos en las flamantes oficinas del Consejo para la Cultura y las Artes de Nayarit (CECAN) ubicadas en Allende 42 de esta capital, donde se desempeña como coordinador del proyecto Nayarit, invitado de honor al Festival Internacional Cervantino 2011, y así entablamos ésta plática.

Mi afición por la música empezó a los siete años, cuando entré a un coro con el Padre Francisco Tovar; tenía siete años de edad, era primera voz y ahí fue donde me empezó a gustar la música.

Luego entré a la música clásica, de manera autodidacta, estudié solfeo con el maestro Francisco Seefo, de ascendencia china, hoy vive aquí en Tepic por la colonia Moctezuma, se casó con una de las Maestras Yañez –muy conocidas en Tuxpan, y daba clases de Inglés, de Matemáticas, de Español, de Música y de todo impartía sus clases con una forma muy peculiar al hablar. Fue una época muy bonita.

De ahí pasé a la Universidad Autónoma de Nayarit, tenía yo 17 años, ingresé a la Escuela de Música donde tuve acercamientos y algunas experiencias con el Jazz, al conocer gente que gustaba del género, también comencé a viajar a Guadalajara a escuchar a Carlos de la Torre, que era un invidente increíble en el piano, que tocaba en el famoso Restaurante Copenhague por Federalismo y López Cotilla, iba, lo oía y al regresar a esta ciudad procedía a tocar todo lo que escuchaba, ya que desde niño tocaba de oído o lírico como dicen, y así llegué a la Escuela de Música de la UAN interpretando a Bach, Mozart, Beethoven de oído.

Aquí en la capital, el Maestro Roque me decía: A ver José Inés, estoy escuchando lo que tocas, aquí está la partitura corrige lo que tengas que corregir Como mencioné tocaba obras como la tocata y fuga en Re Menor de oído completa pero había detalles en los que tenía que consultar la partitura. Sin embargo eso ayudó mucho a mi formación autodidacta y lo más importante creo, ayudó para entrar en el mundo del Jazz.

El primer grupo que formé como una corriente alternativa del Jazz, fue precisamente Jazzcando la idea y este surge porque comenzamos a tocar con José Luis Rochín, en aquella época me tocó conocerlo y lo admiraba mucho, y cada viernes iba a La Familia y otros lugares en donde tocaba él y cantaba Alma Rocío; gustaba de ir, escuchar y aprender de otros músicos.

José Luis, me invitó a tocar con él y lo hicimos en un principio como trova, pero de repente empezamos a hacer un poco de Jazz, ya que él componía –y componía muy bien-. En ese tiempo llegaron aquí los Maestros cubanos, por ahí en el 94. En esa fecha se integró la Orquesta de Cámara Ocanay, dirigida por el Maestro Luis Josué Soto; estaba el Maestro Miguel Ferrer, y en cuanto llegaron yo me fui a clases de armonía con este último, empezamos a ver cosas muy cercanas al Jazz, como la armonía contemporánea y a la vez acudía a Guadalajara con el Maestro Carlos Gómez, fue entonces de una plática que tuvimos Rochín, y en esa época el poeta acaponetense Guillermo Llanos, (que en Paz descanse), a quien tuve el gusto de conocer cuando la primera vez que toqué y cobré en un evento, fue él quien me contrató, en su casa, tuvo un cumpleaños y yo me llevé un piano con unas bocinas con botes de manteca y otras de sulfato, porque así es como las usaba para que tuvieran una acústica especial y me reflejaran los bajos; un experimento que hacía: y ahí voy con todo y mis armatostes, Guillermo me pagó y ahí conocí también a José Luis Soto, me acuerdo que se acercó me escuchó y me invitó a tocar con él; - es un gran concertista de guitarra, compositor y arreglista, también me hizo invitación de que fuera con el a clases de composición de música clásica o formal.

En una conversación con Guillermo Llanos, en la Fundación Nayarit, le comunicamos que queríamos ponerle un nombre al grupo y teníamos pensado: Jazzeando y el dijo no, mejor Jazzcando, porque nos explicó que era un vocablo inglés que no era traducible en nuestro idioma, entonces no podíamos decir: vamos a jazear, pues sería algo que no existía, y entonces nos aconsejó que lo correcto sería: jazzcar; a nosotros nos sonó muy raro, pero era poeta y era nuestro amigo y lo utilizamos. Inclusive habíamos hecho una investigación en la red de Internet y al buscar salió un caballo de carreras que se llamaba jazzcador, y también Rochín lo acepto y todos quedamos de acuerdo, luego fuimos con José Miguel Ferrer, que en ese entonces tocaba el bajo con nosotros y dice: que sea jazzcando el concepto y el grupo se llame la idea, porque es una idea que tenemos, y entonces quedó el nombre: Jazzcando la Idea.