LIC. JAVIER DURÁN

La corrupción y la política paternalista del estado mexicano, han llevado a nuestro país a una grave crisis económica que estamos padeciendo en carne propia cada que vamos a comprar algo en la tienda, y nos damos cuenta que ya todo está muy caro.

Nosotros como ciudadanos somos responsables de tener a este país al borde del precipicio, hemos colaborado con esa identidad que tenemos a nivel mundial de mexicanos flojos y huevones. Y es que la gran mayoría buscamos cualquier pretexto para no cumplir con nuestras obligaciones. Queremos que el gobierno nos dé todo lo que necesitamos para vivir e incluso queremos que mantengan a nuestros hijos. Queremos becas de estudio, de ropa, de calzado, de útiles escolares, etc.

Si a esa flojera de luchar por nuestros sueños y de querer que el gobierno sea siempre quien nos resuelva nuestros problemas, le sumamos el cochinero de corrupción que impera en nuestros políticos y/o servidores públicos, veremos que son miles de millones de pesos los que se desvían en apoyos sociales en lugar de la realización de obra pública, salud, educación y muchos programas que en realidad se necesitan.

Por ese tipo de cuestiones absurdas que vivimos en nuestro México lindo y querido, es que no hemos quedado a la zaga del crecimiento económico de muchos países de América Latina. Bien lo comentaba en días pasados el escritor Manuel Magaña, uno de los más graves daños que a la nación mexicana y sus habitantes le han hecho la corrupción y la impunidad, consiste en ver falsamente, como algo normal, que se puede triunfar en la vida, enriqueciéndose de la noche a la mañana al amparo del poder, tal como ha acontecido durante los últimos años, en perjuicio de la gran mayoría del pueblo y el beneficio de unos cuantos.

Por eso, el comentario que hice la mañana del pasado martes 26 del presente mes: nosotros como maestros de preparatoria en nuestras secuencias didácticas le asignamos una calificación a los valores que debe tener cada alumno en el proceso enseñanza-aprendizaje, mientras, nuestros políticos y servidores públicos se revuelcan en el lodazal de la corrupción.

No tiene nada de digno y mucho menos meritorio, que cada que a alguien se le ocurre promueva una reforma educativa con tal de tener mejores ciudadanos, si la corrupción se ve y se escucha todos los días en los medios de comunicación.

El estudiante aprende mucho más con el ejemplo que con los rollos que como docentes nos aventamos todos los días.

El México de la corrupción de los políticos del presente, no conoce colores de partido: todos son corruptos amarrillos, rojos, verdes, azules, tricolores, etc.

Todos se esfuerzan por ser los más corruptos en sus respectivos ámbitos. Todavía recuerdo con mucha tristeza lo dicho por una persona que trabaja para el ayuntamiento de Tepic, que al pedir dinero a un ciudadano para darle la autorización para cierta actividad, le pidió a este la cantidad de 6 mil pesos.

El ciudadano le regateo y le dijo que si hacia el tramite legalmente le cobrarían como 5 mil 600 pesos. Está bien, dijo el funcionario municipal, entonces solo dame tres mil pesos, te lo estoy dejando baratísimo. El ciudadano no se dejó ganar la partida y volvió a regatear. Al final de cuentas el servidor público municipal aceptó mil quinientos pesos y se comprometió que nadie más del ayuntamiento molestaría al civil, porque su jefe llevaba mochada en la transacción y por eso no habría más problemas.

Por eso, es justa recordar que tal como vamos, los mexicanos nunca saldremos de pobres perros, ya que estamos como los cangrejos, quienes en lugar de ir para adelante, cada día vamos más para atrás.

El informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), nos limpia la cara con un pañal lleno de excremento al decir lo siguiente: el actual crecimiento económico de México no resolverá la pobreza de los mexicanos porque la tasa de crecimiento es demasiado baja para dar oportunidades y mejorar la distribución del empleo.

México es uno de los países donde la corrupción es el PAN nuestro de cada día y si no me creen, hay que leer las noticias de la construcción de la estela de luz o arco del bicentenario, una obra que debió ser inaugurado el año pasado, precisamente en el mes de septiembre. Pero nada de eso ha sucedido y supuestamente el gobierno federal, ya lleva gastado más de mil millones de pesos.

Y ese es solo un ejemplo de los miles de los actos de corrupción que existen. En nuestro estado, obvio que no cantamos mal las rancheras, pero eso lo contaremos en otra columna.

Así, jamás saldremos adelante como país, mucho menos como ciudadanos. Aunque sigamos repitiendo como loros el refrán mexicanísimo: el que no tranza, no avanza

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