Por Óscar Verdín Camacho
TEPIC.- Cuando en noviembre del 2010, don Miguel Soto Cebreros me comentó que su esposa le pedía que se jubilara de la radio, a sus 72 años de edad, externó la inquietud por el qué ocurriría cuando ese momento llegara.
Qué sería de él sin levantarse diario en la madrugada para estar en la radio a las cinco, con el programa La Hora de los Mercados. Qué sería de él sin ir a Radio Korita por las noches, de siete a nueve, para cumplir con un programa de música de tríos, esa música que tanto le gustaba.
Le dolía dejar todo ello y a cambio de qué.
Ayer, su hijo Alfredo me cuenta algo que me atrevo a relatar. En realidad, su papá, aunque retirado unos meses de la radio, no dejó de ir y su reloj biológico lo siguió despertando en la madrugada. Y si le explicaban que ya no tenía que presentarse a la radio, él no lo aceptaba. Era su vida, su gusto. Y seguía yendo, aunque fuera de pasadita, ya no a transmitir.
Simplemente fue imposible cambiar en un dos por tres lo que anidó en su cuerpo toda la vida.
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Una fotografía de don Miguel fue colocada sobre su ataúd, acompañado por coronas con flores nuevas. Es mediodía cuando unas señoras le rezan un rosario.
En la entrada a la funeraria Ramírez fue colocado un aviso: la misa –ayer- sería a las tres de la tarde en el templo Del Carmen, y luego tendría lugar la sepultura en el panteón Hidalgo.
Entre los muchos comentarios leídos o escuchados en las últimas horas, hay uno que atrapa a todos juntos: Miguel Soto Cebreros fue una persona sencilla.
Caminante incansable, sólo la muerte pudo dejarlo quieto.