Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Un aula de la Universidad Autónoma de Nayarit lleva su nombre, por ser distinguido maestro de nuestra máxima casa de estudios, investigador y todo un personaje en la escuela a la que pertenecía.

Santiaguense de pura cepa, hijo de Don Toribio y Doña Petra, que en gran parte de su vida vivieron en Santiago Ixcuintla y de ahí se cambiaron a Villa Hidalgo, pusieron una tienda a la que el popular Toti, (Arturo, hermano, de Raúl, ya fallecido también), anexó una farmacia veterinaria, hace muchos años; ahí hicieron tantos amigos como los que dejaron en Santiago.

Raúl y su familia se vinieron a radicar a Tepic, para empezar a dar clases en la UAN y en la que inscribió a sus hijas, que en ella se titularon. Su apreciada esposa, hoy viuda, Rita (nativa de San Blas) es muy apreciada por las familias que la conocen desde hace mucho tiempo; para ella y sus demás familiares va nuestro más sincero pésame.

Raúl era integrante del Consejo Editorial de la Revista LÍNEAS y de vez en cuando nos enviaba sus escritos.

Fuimos muy amigos desde los años de estudiantes, cursamos estudios en la Universidad Autónoma de Puebla, al lado del inolvidable (también) santiagoixcuintlense, Dr. Luis Gavaldón Valdés, (el maistro Gaval) de la famosa dinastía de los Tilines, viejos cargadores de aquella población.

Lo bautizamos con el mote de Quiú como abreviatura de skiper, ya que desde la escuela Secundaria Federal Número 1, era un fanático del idioma inglés, el que llegó a dominar casi a la perfección.

Sus compañeros de la Universidad lo recordarán como un aguerrido y muy preparado catedrático y un entrañable amigo.

Para su hermano Raúl, el menor de aquella apreciada familia de la calle Bravo y 20 de Noviembre de Santiago, hijos consentidos del conocido barillero don Tori, para Rita, hijas y demás parientes, vaya nuestro pesar, y quiero que tengan en todo momento presente que el recuerdo de Raúl estará por siempre en lo más hondo de nuestro corazón.

Control Señores Control... Se nos adelantó en el viaje al Eterno Oriente, pero tengan la seguridad de que pronto lo seguiremos para echarnos un trago mientras despachamos una partida de ajedrez ¡Descanse en Paz!