-Por: José Ma. Narváez Ramírez.



Sucede, aunque parezca increíble para los sufridos maridos inmersos en el azaroso mundillo de la opresión, que en los centros comerciales más importantes de la capital nayaritana, (léase: Ley, Soriana, Sam´s, Walmart, Chedraui, Sears, Fábricas de Francia, etc., así como en las farmacias locales, tapatías y de las otras, en los Conasupos, Tiendas Issste y otras de reciente cuño amparadas en las siglas magisteriales electoreras, (que por cierto, fracasaron) se hacen las llamadas beneficiosas competencias de precios, dizque abaratando la vida ofreciendo ofertas de algunos alimentos, ropa y artículos para el hogar al contado o a crédito, (como usted prefiera embarcarse) que son aprovechadas por la clientela que acude en tropel a adquirirlas Pero más rápido van los propietarios de comercios ubicados en mercados y negocios llamados tienda de la esquina o changarreros.

Cuando llega la quincena, parece que las amas de casa tienen urgencia por adquirir dichas ofertas de tienda grande y ahí van ataviadas con rebozo de bolita –como La Patita, del inmortal Cri-Cri Gabilondo Soler, el Grillito Cantor, muy a la mexicana moda de abnegación femenina, desde los tiempos de la revolución- a comprar todas las cosas del mandado

Y las damas asisten a esos lugares de lujo, por tres principales motivos: para presumir que tienen billetes o tarjeta de plástico; para demostrar quién manda en el hogar o sea que tienen absoluta autoridad sobre el mexican-macho (mandilón) y para lucir su potente cuatro patas de hule en un maregmágnum de tráfico vehicular De por sí vivimos en una urbe pequeña y la atascamos de carros pues realmente ni deberíamos quejarnos

Mientras esto sucede, los changarreros, que con paciencia esperan los días que siguen a cada quincena, para atender a las mismas amas de casa que van a su tendejón para comprar de cash o de fiado lo que ocupan realmente todos los días, por necesidad y no por lujo aunque se los den un poquillo más caro y a sabiendas de que lo piden por teléfono a las tiendotas en cuestión y que se lo dejan más barato por adquirirlo a mayor volumen.

Vamos a citar un ejemplo: el paquete de rollos del llamado –todo mundo se pregunta por qué ya que ni siquiera está esterilizado- papel higiénico, allá en los comercios de postín y en las farmacias, nos lo ofrecen a cuatro pesos (según la marca) menos que en los changarros del barrio y las señoronas de lana (como las maestras, las burócratas y las esposas (o detalles) de funcionarios de cámara o de equipo de trabajo administrativo, o de narquillos) compran por bónche, pero las esposas de alarife o de chofer de sitio o de mini-asalariado, o de las que trabajan en las brigadas rojas que apenas ajustan para un taco y muchas de las veces tienen que hacer el viaje de regreso al hogar a vil patín lo mercan de a uno y lo estiran para que ajuste aunque en caso de que las agarre un vil chorrín cambian el papel higiénico a la antigüita por vil papel de estraza o de periódico para que no les salga oneroso el gasto mientras que esperan pacientemente a pujidos que pase la tormenta, porque no tienen para comprarse un medicamento anti-diarreico, ya que si acuden a los centros médicos de asistencia nunca van a encontrar medicinas que para el caso ameritan

Lo mismo sucede con el frijol, que se encareció por falta de pago a los que lo siembran y lo mercaron los coyotes cosa que aprovecharon los de las tiendas popof para hacer –como siempre- de las suyas

Y en defensa del gremio de los maridos oprimidos, permítanme contarles lo que le pasó a un compadre de grado que tengo, que gastaba medio chivo en uno de esos clubes cerveceros que abaratan el chúpe con el dos por uno, y cuando mi cómpa levantaba presión le encantaba dar generosa propina a las meseras porque lo atendían con cariño (fingido o no pero mejor que en su cantón) La esposa (mi santa comadre) en un desesperado esfuerzo por rescatar lo que –según ella- despilfarraba alegremente mi compadre, optó por acondicionarle en un rinconcito privado del hogar, un espacio muy náis y lo forró con periódicos para hacerlo a prueba de ruidos. Haciéndose de algunas mañas –que para eso es especialista- se hizo cuatita de una cocinera de cantina y logró sacarle un recetario de botanas de esas que solamente se preparan en esos lugares; se enseñó a prepararlas y a los pocos días le dio la sorpresa a mi compadrito y por poco lo mata Mi comadrita largó a la fregada el viejo radio y lo cambió por un moderno estéreo que sacó en módicos abonos en la tienda de la llavesota, también cambió en los tianguis ambulantes los añejos y ahora obsoletos casetes de música fea por flamantes cidís de rolas narco-cantineras, aprovechó las ofertas para mercarse en esos tendederos de ropa gringa de segunda, unos mini-trajecitos de conejita muy breves y rabones hasta el ombligo Que según nos informó mi compadre le quedaban como a Lyn May so-ña-dos

Y decimos que tuvo éxito mi comadrita, porque de aquel día a la fecha apenas se está reponiendo mi compadre del infarto que sufrió y que lo postró en cama sin poder estrenar el privado que preparó mi santa comadre Pero Control Señores Control Logró eliminar los gastos innecesarios que hacía mi compadrazo Tal y como pasa con las ofertas de marras de las súper tiendas del ahorro, que todo el dineral que ganan lo re-invierten en los bancos extranjeros Esos sí hacen negocio.

Mi compadre ya ni de vacilada se toma una cervecita