Por: José Ma. Narváez Ramírez.
No espero que me la hagan de tos los que se la dan de duchos en las artes y oficios de la legalidad de nuestras leyes, porque desde el inicio de la historia, por un devaneo de la primera dama que descolgó la manzana del pecado, se está pagando y con creces, el original que trajo el miedo, la vergüenza, las enfermedades y la muerte al género humano.
Después de ello han acontecido millones de cosas que ponen de manifiesto la crueldad del hombre contra el hombre mismo. Guerras, devastaciones, holocaustos, despojos, robos, asesinatos, etc., que pretenden ser minimizados con la integración de comités de derechos humanos, con más propiedad y justicia que las Leyes de Dios.
Con toda seguridad me dirán que estoy hablando fuera del orden y que ignoro las decisiones que han tomado los que manejan la ley y los diversos caminos que se han orquestado para defender a aquellos que la infringen.
Pero todo aquel que traspasa los umbrales o los límites de un acto delictivo, de la violación de un mandamiento de la ley de Dios, está sujeto a un castigo, porque así lo dicta la Ley.
Aunque hay leyes que están sujetas a cierto perdón dictado por el Hijo de Dios a su paso por este mundo maravilloso en que vivimos, y que lo echamos a perder por la debilidad de los sentimientos enfermizos.
Cuando Jesús predicó en sus parábolas el perdón, curó a los enfermos y estableció la fórmula de amaos los unos a los otros lo hizo para lograr alcanzar la redención de nuestros pecados y por consiguiente: esperar la gloria infinita de la vida eterna.
Nada más que olvidamos que metió la cola el diablo, desde los comienzos de los tiempos al haber cometido (el Señor) el error de darle a los ángeles los mismos atributos divinos y hubo uno que los aplicó hacia la maldad y ahí empezó la distorsión entre el bien y el mal Que dicen está triunfando este último.
Uno de los principales remedios contra a sobrepoblación en las cárceles terminando con el negocito ilegal aprovechado por las autoridades, sería la abolición de los derechos humanos y la correcta aplicación de la ley, eliminando las argucias y los recovecos en los que se basan los defensores de esos derechos.
Control Señores Control Las peores injusticias son las que protegen estos engendros de Satanás porque no son otra cosa Sino díganme: ¿Por qué no encuentran un motivo para castigar al reo que se dijo confeso de haber mandado asesinar a más de 300 personas y haber dado muerte a otras 300?