* El dueño del auto que hace un mes acabó con la vida del joven Juan Eduardo Carrillo Contreras, proyectándolo contra un banco, trabaja en la Procuraduría General de Justicia. Asegura que el carro le fue robado horas antes del accidente.
Por Óscar Verdín Camacho
Durante la madrugada del sábado 30 de julio, el joven Juan Eduardo Carrillo Contreras, de 26 años, se comunicó por teléfono con un familiar para avisarle que estaba en compañía de su novia y que no tardaba en regresar a casa.
Pero jamás llegó.
Juan Eduardo falleció poco después de aquella llamada, aproximadamente a las 4:20 horas mientras circulaba precisamente hacia su casa en el INFONAVIT El Mirador, a bordo de un automóvil Pointer rojo que fue chocado en el crucero de las avenidas México y Allende, y proyectado contra el banco Santander.
Los conductores de dos vehículos jugaban carreras por avenida Allende, en sentido contrario, y uno de ellos, Mitsubishi Lancer color tinto, modelo 2009, chocó al citado Pointer en su costado derecho, causando la tragedia.
El responsable, huyó.
Juan Eduardo circulaba por avenida México en dirección a Catedral. Empleado de una institución financiera, estaba por iniciar una licenciatura en la Universidad Tecnológica.
Era muy bueno, muy social, no hacía daño a nadie, no andaba en malos pasos, tenía muchos proyectos como poner un negocio. Nada más queremos que se haga justicia, que esto no quede impune¿pero cuál ayuda hay para el pobre?, ¿cuál justicia?, comenta un familiar del fallecido muchacho.
Juan Eduardo Carrillo Contreras fue una víctima inocente de conductores alcoholizados. En la sala de su casa, una veladora y flores acompañan una fotografía del muchacho.
¿EL CONDUCTOR, DE CASA?
Desde las horas posteriores al accidente, surgió la versión de que el conductor del vehículo responsable podría ser no un desconocido, sino un funcionario de la propia Procuraduría General de Justicia (PGJ), la institución a quien corresponde la investigación.
Según los datos obtenidos, se trata de Javier Arturo Mejorada Muñoz, oficial secretario de una agencia del Ministerio Público.
Mejorada, se conoce, presentó una denuncia penal por el delito de robo de vehículo. Es decir, efectivamente su carro sí es el implicado en el accidente, pero aseguró que le fue robado horas antes.
El hecho de que después del accidente se haya presentado a laborar varios días con cachucha, ha hecho suponer a varios que probablemente pretendía ocultar lesiones.
A mediados de agosto, Mejorada interpuso un juicio de amparo contra la agencia del Ministerio Público número 18 que estudia delitos de tránsito. El juicio de garantías recayó en el Juzgado Primero de Distrito de Amparo Penal con el número 785/2011. El juez federal le negó la suspensión definitiva, según un acuerdo publicado anteayer, y es que había solicitado la devolución del vehículo.
Sorprende, sin embargo, que a pesar de que Mejorada Muñoz podría tener implicación en los hechos, no se le haya separado del cargo mientras transcurre la investigación.
En caso de que se pruebe que él conducía el vehículo responsable, el caso seguramente implicaría a altos funcionarios de la PGJ; esto, porque en ese supuesto se habría ordenado que la denuncia por robo se haya anotado varias horas antes del accidente.
Aquella madrugada, el conductor del vehículo Lancer jugaba carreras contra el chofer de un automóvil Nissan tipo Platina, color gris. Éste, tras el choque en Allende y México, siguió de largo en sentido contrario, pero al arribar a la esquina con Puebla chocó a un taxi amarillo, proyectándolo contra un semáforo.
El segundo choque dejó cuatro lesionados: el conductor del Platina, Julio Alberto Ayón González, de 26 años; el taxista Juan Fernando Pérez Delgadillo, de 44; y dos muchachas que viajaban en el primer vehículo.
Un reporte de tránsito precisó que Julio Alberto conducía alcoholizado, como seguramente también lo estaba el chofer del Mitsubishi que huyó.
Aparentemente, la carrera en sentido contrario inició en la esquina de P. Sánchez y Allende.
VÍCTIMAS INOCENTES
Así, queda claro que Juan Eduardo Carrillo Contreras fue una víctima inocente. Su muerte ilustra la impresionante lentitud con que puede llevarse una investigación, pero también, peor aún, la posible complicidad que habría en casos para encubrir a responsables.
Con este asunto, resulta obvio que poco puede esperarse de investigaciones contra grupos criminales que con frecuencia impresionante realizan levantones, balaceras, ejecuciones, muchas veces, lamentablemente, de personas ajenas a cuestiones ilícitas.
Tan sólo ayer, un vendedor de camarón seco y un hombre de la tercera edad que predicaba casa por casa, fallecieron por la avenida Flores Magón, al suscitarse un tiroteo entre varios sujetos. Uno de ellos, que era blanco de una persecución, conducía un automóvil blanco que se impactó contra un árbol y después se refugió en una casa, donde fue herida la señora Concepción Ruiz Carvajal, Conchita, de 75 años.
Se trata de más víctimas inocentes en esta guerra sin fin.