Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Cada vez que empieza la semana y vemos el batallar de los padres de familia que contra reloj, se avientan a iniciar las tareas de un nuevo día que en cada uno de los hogares de los nayaritas empieza con similitud de trabajos, que comienzan invariablemente con levantarse temprano para que ajuste el tiempo en las labores que se reparten, y que comienzan por despertar a los hijos que tienen que prepararse para asistir –principalmente- a la escuela.
Algunos papás los hacen bañar (cuando disponen de agua) a temprana hora (después de que ellos ya hicieron lo mismo, -si no son cochinones-), otros les arriman un balde lleno del líquido vital para que se den un baño estilo cantinflesco –por encimita-, se den una alisada de pelo y se enfunden en el uniforme –como si fueran bomberos- para despacharse un desayuno frugal y lanzarse raudos y veloces al coche o en su defecto a esperar la combi o el camión urbano para salir disparados, mochila en ristre, rumbo a la escuela.
De igual manera tienen que alistarse los progenitores, porque trabajan ambos para lograr sostener el hogar y los múltiples gastos que representan estas obligaciones.
Se sobre entiende que deben salir de casa preparados para enfrentar el maregmanum o la confusión que tienen que soportar estoicamente al conducir o viajar en un vehículo propio o de alquiler, en medio de un proceloso mar de carros que luchan al mismo tiempo por llegar primero a su destino entre acelerones, claxonazos, mentadas de madre, chirriar de frenos y patinar de llantas (esperando que, con el favor de Dios no se les ocurra a los sicarios atravesarse en el camino con las metralletas listas a matar cristianos de su misma línea o de la civil).
Después de un considerable espacio de tiempo que duran para depositar a los hijos en el plantel donde acuden a educarse, enfilan a sus lugares de chamba para tratar de llegar a la hora, luego de encontrar estacionamiento en algún lugar (donde sea) o en determinado negocio de ese ramo y proceden a empezar sus labores cotidianas para salir a las dos o tres de la tarde y hacer casi las mismas maniobras de ir a recoger a sus hijos a la salida de la escuela.
Se dice fácil, pero en la vida real es un perfecto desbarajuste que sucede todos los días llamados de clases.
Ahora con el método denominado del nuevo milenio que se implantó en los centros educativos de primer nivel, los alumnos de nuevo ingreso a sexto año, ingieren su desayuno a las 10 o diez y media de la mañana y a la una se les proporciona la comida (mediante un pago de diez pesos diarios) para salir a las tres de la tarde rumbo a su hogar. Claro, si no se le ocurre al maestro o al director realizar una junta extra.
A estas alturas los progenitores ya hicieron los gastos de compra de útiles, cubrieron las cuotas de rigor, recibieron los libros de texto gratuito y ahora proceden a re engraparlos para que no se les deshojen.
Control Señores Control estas son las tareas comunes y corrientes de lunes a viernes y se supone que sábado y domingo son días de descanso pero dijera el chino: ¡qué pelánchas!... ya que hay padres de familia que tienen que laborar horas extras para que les ajuste la lana que tienen que apoquinar para completar el gasto y los adeudos que nunca faltan por eso siempre quedan debiendo