Miguel ángel casillas Barajas
En los albores de los años setentas existía un trabajador del Molino de Menchaca altamente eficiente y conocedor de todas las artes y oficios al que apodaban los mismos trabajadores cariñosamente como el señor: Míster Josh. Dicho personaje era de piel blanca, dando el aspecto de ser un ciudadano americano; pero además medía algo así como dos metros de altura, era de complexión delgada y como para concluir con su apariencia de gringo, tenía los ojos azules.
Míster Josh, no era un empleado común al que se le asignaban tareas de rutina, sino que el ocupaba un cuarto pequeño dentro del núcleo de la fabrica en donde se ubicaba todo el complejo de maquinarias para moler la caña, en un lugar hasta cierto punto estratégico.
El siempre era el primero en llegar a ocupar su lugar, mucho antes que todos los obreros checaran su tarjeta de entrada, y se iba de inmediato a sentar en su banco. Y tal si fuera un extinguidor de incendios, desde su silla atento veía las máquinas que maniobraban los obreros sin cesar las 24 horas del día. Y solo en el caso en que alguna máquina fallara, y que el obrero en turno que la operaba no supiera la falla, o no tuviera la destreza o capacidad para resolver el problema. Ahí era el preciso momento en que se requerían los servicios de Mr. Josh, que de inmediato se hacía presente llevando en su mano una pesada caja de herramientas tal si fuera un maletín de primeros auxilios médicos, conteniendo todo lo necesario para resolver el problema de inmediato. Y así, poner en funcionamiento óptimo esa máquina, para que el molino no perdiera tiempo ni dinero.
La gran fama de Mr. Josh había llegado a otros países hasta donde en ocasiones eran requeridos sus servicios en calidad de préstamo, incluso, se cuenta que en una de esas ocasiones, había una maquina descompuesta de una fabrica en Alemania y que ellos utilizando todos sus recursos económicos y técnicos no la podían componer. Eso pese a que parte de la maquinaria del mismo molino provenía precisamente desde este mismo país . Se dice pues, que los alemanes ya estaban desesperados y enviaron como un último recurso por Mr. Josh para que los apoyara. El, presto y servicial, no se hizo del rogar y de inmediato partió en un avión con gastos pagados para aquella nación. Al llegar allá, solucionó el problema en tan solo dos horas. Y aunque se negaba rotundamente a cobrar honorarios, los dueños agradecidos le entregaron en su mano una buena suma de dinero.
Así pues, gracias a esa acción que fue ampliamente difundida en esta ciudad por los medios informativos, la fama de este ilustre nayarita creció convirtiéndose en un ídolo de la clase trabajadora, se hizo tan famoso, que inclusive hubo un dicho muy popular entre los trabajadores de aquel entonces, más específicamente entre la palomilla de los talleres de servicio, ya fueran vulcanizadoras, talleres mecánicos, de electrónica etc... lugares donde en algunas ocasiones este ilustre caballero se hacía presente para practicar y a la vez ampliar sus vastos conocimientos empíricos, demostrando como siempre una gran humildad para aprender algo nuevo, escuchar el consejo del amigo o del maestro. Y así, a manera de intercambio generoso cuando por alguna razón alguien no podía resolver algún problema de su trabajo, salía a relucir la frase: Este es trabajo para Mr. Josh, lo llamaban y el venía con gusto después de su turno de trabajo en el molino a resolverles el problema sin cobrar un solo centavo.
El tiempo pasó, luego se supo de su jubilación, y después supimos que continuó sirviendo para algunos talleres importantes de mecánica en general hasta el día de su muerte a la edad de 89 años. Muchos de nosotros, jamás supimos su verdadero nombre, y él, por su parte tampoco, quiso que lo supiéramos, cuando por alguna razón se lo preguntábamos, solo nos decía sonriente: Solo díganme: MR. Josh, comprendimos todos que su apodo era como su nombre de batalla, el de un guerrero que si algo empezaba, jamás lo abandonaba hasta quedar totalmente resuelto.
Hoy recordamos a este gran hombre parte de nuestra historia, desconocido su origen y su nombre, pero sus hazañas nos quedaron grabadas para siempre.