Por: Juan Fregoso

*Felipe Calderón podría ser juzgado por las muertes de inocentes en la guerra contra el narcotráfico

*Opinan militares

Escasamente a un año de que concluya el gobierno calderonista, se estima que han muerto más 50 mil personas, entre militares, elementos de diversas corporaciones policiacas, incluyendo, desde luego, a gente inocente, llamadas con el grosero eufemismo de daños colaterales por un presidente que se ha distinguido por su estilo fascista de gobernar. Este es el saldo de la guerra declarada contra el narcotráfico o crimen organizado, guerra que no ha dado resultados positivos, sino al contrario, ha incrementado la ola de violencia en el país.

El fenómeno que ocurre en México merece establecer el perfil psicológico del Primer Mandatario, que sólo los peritos en psicología criminal podrían determinar con precisión. Porque la actuación del presidente revela que es un tipo violento, insensible, inmaduro emocionalmente, narcisista, insatisfecho y con una gran necesidad de reconocimiento social, pues sólo de este modo se explica su acentuada sed de sangre, sangre de muchos inocentes que ha bañado al país entero.

Felipe Calderón parece provenir de aquella organización fundada en el estado de Jalisco allá por los años treinta, por Carlos Cuesta Gallardo, quien fuera miembro de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos. En aquel tiempo, Cuesta Gallardo, formó un grupo al que bautizó como los Tecos, los cuales serían los fundadores de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Según archivos consultados, los Tecos son una organización semisecreta, constituida por jesuitas, poderosos políticos, prominentes empresarios, lo mismo que el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación MURO, cuyos miembros son ampliamente conocidos en la perla tapatía. Ambas congregaciones son una poderosa sociedad secreta de la ultraderecha que tiene su sede en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y cuya plataforma de operaciones era—o sigue siendo—precisamente la UAG. Los Tecos son grupos de choque ultra fanáticos al servicio de la UAG e inspirados en las tropas de asalto de Adolfo Hitler, dispuestos a llegar al asesinato con la misma sangre fría con la que los nazis ejecutaron a seis millones de judíos en Alemania, bajo el argumento de representar una amenaza para Alemania.

Curiosa o deliberadamente, Felipe Calderón utilizó como lema de su campaña una frase muy parecida en contra de su adversario Andrés Manuel López Obrador, y con ello—al igual que Adolfo Hitler—empleó una campaña de miedo entre el electorado, que terminó con su arribo a la presidencia de la República. Al final, esas palabras se le revirtieron, pues quien ha sido una verdadera amenaza para México ha sido el propio Calderón, que con el pretexto de combatir el narcotráfico declaró una guerra que ha dejado miles de muertos en todo el país.

Y esta guerra no terminará al final de su mandato, a menos que haya una alternancia partidista, cosa que se antoja difícil, porque la ultraderecha no soltará tan fácilmente el poder. En este contexto, no es nada aventurado afirmar que con tal de seguir gobernando, las organizaciones criminales como los Tecos, el MURO y el Yunque, que cobijan al presidente, son capaces de matar al candidato opositor. El asesinato es su especialidad y lo estamos viendo.

El Yunque, organización identificada como panista, y los Tecos tienen mucho en común, por tener el mismo origen. La misma secrecía. La misma forma de operar. La misma propaganda de fanatización extrema. La misma obsesión por controlar y decidir las vidas de otros desde el anonimato. Los mismos juramentos de lealtad reforzados con amenazas de muertes. Existen demasiadas similitudes entre todo lo que hacen los Tecos y los miembros del Yunque para que todo sea producto de una mera coincidencia.

Se trata pues, de gente sin escrúpulos, dispuesta al asesinato más sádico que uno pudiera imaginarse. Incluso están dispuestos a utilizar el nombre de Dios—al igual que como actualmente lo hacen los terroristas islámicos—para justificar su propia agenda política, dispuesta a todo con tal de proteger su creciente imperio. Hoy, estas organizaciones se han extendido internacionalmente, tienen contactos en España, Francia, Italia, Argentina y, por supuesto, en México.

¿Será este el origen del instinto criminal del presidente Felipe Calderón? El cual bajo el argumento de combatir el narcotráfico ha ensangrentado a la nación. Todo apunta que así es, que tenemos un presidente de corte nazi-fascista, que no valora en absoluto la vida humana.

El general Luis Garfias Magaña en una ilustrativa entrevista concedida a la Revista Proceso, aporta interesantes datos sobre lo que está sucediendo en el gobierno calderonista, entre otras cosas el militar dice: Abatido un inocente por militares, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) cubre la indemnización a los deudos y se hace cargo de los gastos inherentes a la tragedia, esto es, a la atención a las víctimas colaterales (ciudadanos inocentes), los recursos para el funeral y la restitución de los bienes dañados en la trifulca.

Añade: El alcance de la indemnización lo determina la Sedena en una decisión sin réplica posible. Pero no sólo eso. Del drama se apodera de manera íntegra, sin intervención alguna del Ministerio Público, inexistente la ley civil frente al fuero militar. Por lo que hace a los militares homicidas, sometidos al cuartel, resulta claro que carecen de voz al exterior.

Garfias Magaña, con un alto sentido patriótico, enjuicia la conducta del presidente de la República, cuando afirma que a Calderón podría juzgársele por su desempeño en la campaña contra el narcotráfico. El general se refiere obviamente a los cientos de inocentes caídos.

Más aún, el general detalla que lo que está haciendo Felipe Calderón no es una guerra, sino una campaña; una campaña dolorosa y amarga. El tema es delicado, dice, y no hay una línea en el lenguaje militar que se ocupe de asunto tan sensible. Los muertos de que hablamos, casi siempre debido a accidentes, ocurren sobre todo entre personas humildes.

El alto jefe militar hace una comparación que a su juicio resulta sencillamente brutal. Explica: En España, todas las muertes provocadas por grupos terroristas en los últimos 50 años, sumadas, son menos de las que ha habido en México durante los cuatro años pasados. Si contamos todos los muertos de la ETA en España; el ERI en Irlanda; el Baader-Minhof en Alemania; las Brigadas Rojas que mataron a Aldo Moro, Sendero Luminoso, los Tupamaros, los Montoneros, son menos que los 50 mil en México.

Por lo tanto, el general Luis Garfias considera necesario la suspensión de las garantías individuales—al menos parcialmente—figura plasmada en el artículo 29 de la Constitución, pero admite que el presidente no está dispuesto a aplicar esta medida, porque, arguye, que quedaría exhibida la imagen negativa de México frente al mundo. Y concluye: Al presidente debería juzgársele, no así al secretario de la Defensa, porque éste sólo recibe órdenes. Sin embargo, en lo que parece una contradicción, sentencia, que el Código de Justicia Militar establece que el militar no debe cumplir órdenes que constituyan un delito, en consecuencia, el secretario es cómplice de la matanza orquestada por un presidente emanado de la ultraderecha más sanguinaria.