Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Dicen que este dicho burlón lo indicaban nuestras abuelas como el mejor consejo para las hijas recién casadas, y que se entendiera bien en caso de asegurar el chivastián diario y utilizar lo menos posible la huelga de piernas cruzadas, que mandan al sillón al calenturiento consorte, y muchas de las veces tiene que conformarse con la almohada si bien le va

Pero eso fue antes de que entrara en acción la muy cacareada igualdad femenina o la rebelión de los sexos, ya que el macho mexicano, que era el mero chicho de la película gacha, imponía su calidad de mandón y se hacía lo que a su menda impositiva se le antojara, inclusive dejar sin el sustento a la familia, mientras él lo repartía en las cantinas a diestro y siniestro ¡Ajúa!

Lamentablemente se hizo el argüende de los derechos de la mujer, y el asunto ése tan escabroso de la libertad femenina, (en una etapa llamada el despertar del sexo contrario) y se vino por los suelos el poder del hombre en el matrimonio, dejándolo en calidad de mandilón, habiendo que restringir los horarios del chupe a discreción, terminando con la hora feliz, la botaniza, la cita con las del tubo que dieron al traste con las escapadas a los téiboldancer´s, o a las casas de los focos rojos donde se juntaba el libertinaje con la onda de la buena vidórria Así que finalizó la democracia masculina.

Por eso han aumentado en grado sumo los casos de las madres solteras, las separaciones de mutuo consentimiento, los matrimonios al vapor que duran poco menos que el tiempo de gestación, o uniones de parejas de un solo sexo (que son más duraderas –según dicen-) Ahora está en discusión el contrato del casorio, que debe durar dos años cuando menos Sería bueno.

Solamente que con la onda de los derechos femeninos, se han cometido dos grandes atrocidades familiares la primera el descuido de los hijos al dejarlos sin las atenciones maternas, a merced de los vicios y la mala educación; y en segunda, el cambio de la señora, que ahora consigue el moneneke y se siente como Verduga del Doctor Guillotino. Léase bien, dice verduga.

Afortunadamente los horarios de clases en las primarias se han transformado en corridos y ahora se pasan más tiempo en la escuela que con la familia. Los padres –cuando hay dos- pasan a dejarlos a la puerta del plantel y los recogen después de las tres de la tarde. Pero las madres –cuando solamente hay una- tienen que apurarse doblemente porque no tienen un viejón -o marido- que les eche una mano Ah, pero eso sí: se jactan de que nadie las manda.

Las consecuencias son: que el esposo ande rolando por ahí –en calidad de abandonado, viudo o divorciado- entre vinos y mujeres, contando su triste vida azarosa y dura, que fue cortada por el engaño de una mala y peinche mujer que le puso los cuernos y por eso ya no cree en nada que huela a hembra o a matrimonio a fuerzas, por eso se refugia en brazos de las damas cariñosas que no exigen mayor prenda que un billete y no se preñan por lo tanto no hay responsabilidades

El horno no está para bollos, cuando se le echa la soga al cuello a un inocente hombre que tiene que ser trabajador, responsable, honesto, guapo, cumplidor, limpio, sobrio, sin defectos, machín rín -que no le haga agua la canoa-, y con billetes Pobres: absténganse

Así que al casarse tiene que convertirse en un monje cartujano que si no quiere que lo condicionen advirtiéndole que: si no hay monenéke, no hay teketéke, entonces mejor que lo piense bien antes de cometer el peor error de su vida regalar su libertad que Control.. Señores. Control es el don más preciado, después del de la vida

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