Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Cuenta la leyenda que una vez que los primeros fundadores del pueblo de Santiago, descubrieron que era más práctico cambiar de lugar su asiento, o sea de Puerta Azul a las faldas del otero, empezaron a trasladar todas sus pertenencias –que no eran muchas- hacia el nuevo y virgen poblado compuesto por una docena de casuchas de adobe y palma amontonadas a la orilla del caudaloso río y alrededor del cerro aislado en el llano –que todavía no llevaba el nombre del Santo Santiago- y había que invocar al dragón y al perro –cuidadores del tesoro de los ancestros santiagoixcuintleños-, para que lo vinieran a esconder en la gruta sagrada del cerro grande –que era único porque no se había dividido en El Rebaje- y procedieron a transportar por las noches, las enormes cajas que contenían las manzanas de oro, los cántaros llenos de orfebrería artesanal confeccionada por los indios que habitaron esta región que se avecindó en Mexcaltitán, y la variedad de piedras preciosas, joyas y objetos varios que atesoraban, reunida y guardada en fabuloso caudal que metieron a una bien escondida caverna encantada, que según las consejas se abre una sola vez al año, durante cinco minutos, para dejar respirar al metal áureo.

La entrada y salida de esa abertura (resguardada por el perro y el dragón) se encuentra al lado noroeste del cerro, y corresponde a la parte agreste, abrupta y llena de maleza del hermoso otero de Santiago. (También cuentan que de aquellos contados e infortunados seres que durante años han descubierto la entrada, ninguno ha logrado salir vivo porque se quedan encantados admirando la riqueza y son víctimas de la avaricia, quedando encerrados en la misteriosa cueva, (donde son devorados por los animales que la cuidan).

Sabrá Dios si esto sea verdad, lo que sí es cierto es que los descendientes de la familia que se cambió al nuevo Santiago, contaron que sus ancestro construyeron un albergue –accidentalmente- a un costado de la caverna, y al andar haciendo ese movimiento uno de los miembros se encontró tirada entre las rocas una manzana de oro –que dicen fue lanzada fuera de ella por un mancebo que casi logró escapar, pero la roca se cerró y encontró la terrible muerte-. Esta manzana fue vendida varias decenas de años después, en una famosa joyería de la capital jalisciense y con el producto de la venta la familia favorecida por la suerte, adquirió varias tiendas en el Mercado principal de Santiago y -como dicen los finales de las historias antiguas: vivieron felices por muchos años- Algunos siguen

Y cuentan los vecinos de estas gentes, que en aquellos tiempos se andaban acomodando en los alrededores del cerro, que de repente oyeron unos fuertes gritos, y al acudir a percatarse de dónde provenían, alcanzaron a ver al sujeto que aventó la manzana de oro, pero al cerrarse la caverna, juraron que jamás revelarían el lugar exacto de donde se encontraba, por eso nadie sabe y nadie supo dónde quedó la bolita Para evitar posteriores embrujamientos.

Y Control Señores Control Todo sucedió mientras de acomodaban los nuevos pobladores del Cerro Grande Nada más que una de las integrantes de la familia se le ocurrió contarle la anécdota a uno de los lengua de oro Gallardo, y fue como se supo el origen de la fortuna de estos primeros nuevos ricos de Ixcuintla Como me lo contaron, te lo narro.

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