Por Miguel Ángel Casillas Barajas

A Diario por las tardes me gustaba ver a una perrita coker .


Que se paraba en la orilla de la azotea de una casa vecina,

 Mirando hacia el horizonte Su hora preferida era a las 6 de la tarde,

Cuando en el ocaso el sol se oculta despidiéndose con destellos

Luminosos color naranja.

Una maravillosa tarde de esas, me disponía a observar este acontecimiento que para mí, revestía de vital importancia ahí estábamos ella y yo, a la hora precisa,  fieles a la cita, por mi mente afloraban algunos  recuerdos del pasado por eso me gustaba verla, quizá me recordaba a mi madre cuando se paraba en la puerta de la casa mirando a la distancia la llegada de mi padre  del trabajo al caer la tarde, algo así me conectaba con esta perrita coker que desde la ventana de mi casa observaba embelezado.

Era para mis ojos de artista un espectáculo lleno de belleza que la mano de dios me había regalado y veía en su faz como ella disfrutaba del viento que mecía sus grandes orejas y el brillo del  sol que le forzaba en ocasiones a cerrar sus ojitos.

Hubiera querido hurgar en ese momento muy adentro de su pensamiento y preguntarle ¿que es lo que miras al horizonte?  ¿A quien esperas con tanta ansiedad? ¿Porque a esta hora?  En fin, Una tarde de esas maravillosas,  el sol irradiaba como nunca  grandes destellos  dorados que  iluminaban de color oro la tarde, las nubes estaban como pinceladas con grandes tonos violetas, azules y dorados el viento soplaba un poco mas fuerte que en otras ocasiones que obligaban a que la orejas de la perrita se columpiaran erguidas hacía atrás en forma horizontal, y el viento fuerte casi  la hacía cerrar sus ojos, en su carita logré apreciar una sonrisa de felicidad, ¡ como disfrutaba ese momento! A los pocos segundos después, el trino ensordecedor de las aves  al anidarse a dormir le daban el tono sonoro al ambiente mágico, si esa tarde,  el señor estaba inspirado y me quiso regalar, toda una obra de arte tocada por sus manos y que tal ves, el sabía que  solo los ojos de un artista pueden apreciar en toda su magnificencia su obra.

Ahí estaba yo…humildemente sentado a los pies del señor enmudecido de observar un acontecimiento nunca antes visto por mis ojos de artista que ya en varias ocasiones habían incursionado en el óleo, la espátula, la caricatura y quien sabe que otras cosas mas..Lo mío, -sonreí- es una auténtica porquería comparado con la grandísima muestra de arte que me acababa de brindar el todopoderoso, en tan solo milésimas de segundo, no hay palabras para reseñarlo, vaya ni tan siquiera tuve una cámara a la mano para captar algo, poquito, casi nada de lo que mis ojos habían visto.

Todavía maravillado por lo observado, me fui a cenar y luego a dormir con una gran alegría. Al siguiente día por la mañana me encontré con la noticia de que la perrita que tanto admiraba había fallecido, por alguna razón desconocida, me  comentaron mis vecinos,  se había lanzado al vacío o se había caído, yo respetuosamente guarde silencio dando los honores y respetos a sus dueños por tan lamentable deceso, sin comentarles nada de lo que había visto la tarde anterior a su partida, después supe por ellos mismos que su nombre era: “CHIQUITA”.

Su partida dejó una gran huella en mi corazón, y todavía de ves en cuando al dar las 6 de la tarde volteo hacía la azotea de esa casa con la esperanza de verla mirando al horizonte y meciendo sus orejas por el viento, aunque se que físicamente ya no está; su recuerdo imborrable perdurara muy dentro de mi corazón ¡CHIQUITA jamás te podré olvidar!, tu fuiste participe de ese encuentro maravilloso que tuve esa tarde con un  genial artista, ¡el mas grande y maravilloso de todos!, dios nuestro señor.

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