Por Óscar Verdín Camacho


Me ha ido de la jodida, hace tres meses me secuestraron

El encuentro con un médico, conocido de este reportero, conduce a una taza de café. Ahí cuenta detalles del plagio, de las amenazas por un grupo de delincuentes.

Fue privado de la libertad en una parcela cercana a Tepic, poco antes del mediodía. Rodeado por unos 10 hombres con armas largas y que se movilizaban en varios vehículos, imposible mostrar resistencia.

No me amarraron. Me subieron a uno de los carros y seguimos por una brecha varios kilómetros. Cuando finalmente se detuvieron, había más individuos en el lugar. Le dijeron que con el secuestro cumplían una orden y que durante un tiempo estuvieron dando seguimiento a sus pasos. Sabían dónde vivía, datos de sus parientes, pero ninguno de ellos con capacidad para reunir cualquier cantidad de dinero.

Me sentía muy mal, tengo una enfermedad y estaba haciendo mucho calor; yo les pedía que me dejaran ir y les conseguiría el dinero, sino, me les moriría. El jefe de los sicarios maltrataba, pero yo le suplicaba, tengo familia.

El celular del profesionista fue apagado.

Transcurrieron las horas. No lo golpearon, dice, y finalmente cuando oscurecía le indicaron: le darían unos días para que consiguiera una suma de dinero, o de lo contrario lo matarían.

Lo dejaron ir.

No pensé en denunciar, me sentía débil anímicamente. Tenía miedo. Sigo teniéndolo. Todo esto lo saben muy pocas gentes, entre ellas mi esposa y uno de mis hermanos.

Pensaba que si denunciaba y los secuestradores eran detenidos, toda su familia quedaría expuesta.

Durante varios días se dedicó a vender algunas pertenencias y consiguió un préstamo. Y pagó.

Hasta ahorita ya no me han molestado. Duré varias semanas sin ir a la parcela. Mira que irónico: la tengo para distraerme del trabajo en Tepic. Mi hermano vive fuera de aquí y me dice que me vaya, que él me ayuda a conseguir trabajo. Es algo que mi esposa y yo estamos valorando.