Por: José Ma. Narváez Ramírez.

El nacimiento tiene una duración de nueve meses y cacho en tiempo normal, y hasta el Hijo de Dios tuvo que esperar los doscientos setenta y tantos días para venir a este mundo tan contrastante, y tardó 33 años para redimirnos, dándonos varios ejemplos maravillosos en parábolas y en milagros que culminaron con el mal agradecimiento humano, característico, de crucificarlo, causándole grandes dolores; bastándole tres días para regresar al cielo en cuerpo y alma, a darle cuentas al Creador del Universo, su Padre. Uno de los grandes misterios de la religión es: ¿Para qué diablos quiere el cuerpo Nuestro Señor Jesucristo, allá donde lo tiene todo?

Si sacamos cuentas, se va a tardar unos dos mil y pico de años para ir y volver a La Tierra que lo vio nacer, más o menos el tiempo justo para que el hombre, por causa de su ambición desmedida, le pegue en toda la madre a la ídem tierra.

A la mejor ahora que Jesús el Cristo, regrese y se encuentre con todo este desgarriate en que ha convertido al tercer planeta el homo sapiens, se volverá al Cielo sin ningún miramiento, dejando a la muerte encargada de darle fin al paraíso que una vez quiso darle su progenitor a la humanidad, y ésta la despreció por su estúpido afán de riqueza y poder envuelto en los placeres carnales.

La esfera seguirá su vida planetoide, sin vestigios del hombre que un día la habitó y fue amo y señor de ella, y que se encontró a la parca, a pesar de que su espíritu, que es un halo de luz, permaneció en su cuerpo, dejando que los gusanos se dieran un festín y emprendió el viaje hacia el Oriente, para ser juzgado por Dios, en el juicio final. Pocos serán los favorecidos con la vida eterna, porque sí hay quienes lograron ganar el Paraíso perdido entre el caos provocado.

La historia del hombre, plasmada en cidis, videos y documentos y enviada al firmamento para que los extraterrestres inventados también por el hombre, se dieran cuenta de las grandes hazañas e inventos que fue paulatinamente creando hasta hacerse el hara-kiri llevándose a todas la variadas especies consigo.

Quedó estéril el planeta, apagado, sin vida y sin testigos de su historia. Terminó con las estaciones del año, ciclo vital de su existencia y abandonó su hermosa morada para ir a consumirse en el averno por los siglos y los siglos

Tal vez aún le quede tiempo para componer el cuadro, pero ya está inmerso en un mar de corrupción y vicio, de contaminación, degeneración y muerte.

No hubo Control Señores Control y todos nos vamos a donde fue el Padre Padilla a tiznar a su madre

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