Por Brígido Ramírez Guillén

La noticia vuela y se esparce rápidamente; el comentario perdura en el tiempo y el espacio y es lo que nos hace valorar el acontecer de las cosas y los hechos. Por circunstancias ajenas a nuestra voluntad días después de la difusión oportuna de la separación terrenal de don Ricardo Watty Urquidi acaecida el dos de noviembre del 2011, aquí estamos contribuyendo en algo en la narración de lo que ocurrió en la Misa Exequial del día tres en la Santa Iglesia Catedral. A las 12 horas se inició la Eucaristía, presidida por el Arzobispo Metropolitano, Cardenal Juan Sandoval Iñiguez y la asistencia de 12 Obispos y 175 sacerdotes diocesanos, ante un recinto sagrado lleno por cientos de fieles y un coro femenil que se hizo escuchar durante toda la ceremonia.. Nos hizo llamar la atención la colocación sobre el féretro, por parte del Cardenal, de una casulla, la mitra, el báculo y el libro de los Evangelios, signos episcopales de Monseñor Watty Urquidi. Concluido el Evangelio, el Arzobispo Metropolitano al dirigirse a los ahí asistentes se expresó: Es necesario considerar que nosotros, como discípulos de Cristo, demos mucho fruto. Nuestro hermano Ricardo se fue como un grano de trigo; porque en primer lugar fue cristiano, porque recibió el bautismo y lo vivió a plenitud. Todos los cristianos debemos de ser como los granos de trigo, que tienen que morir para dar fruto de santidad, de gracia y de servicio. Más adelante y antes de concluir la Misa Exequial, escuchamos de Monseñor Salvador Santiago Iglesias: Excelentísimo don Ricardo Watty Urquidi. Hace 3 años, 6 meses y 23 días, te daba yo la bienvenida en nombre de esta Iglesia Diocesana de Tepic en la Concha Acústica del Paseo de la Loma. Fue el 11 de abril del 2008. Hoy ofrecemos el Tributo del Canto al Hombre que supo elegir y defender una causa por la cual vivir. Hoy venimos a agradecer a Dios una cuenta de 73 años de vida y algo más; 43 años de sacerdocio y algo más; 31 años de episcopado y algo más, y 3 años, 6 meses y 23 días de pastoreo episcopal con nosotros en esta Iglesia diocesana de Tepic. No te Tributamos una despedida porque como afirmó el gran Tertulio (155-222): Hesterni sumus et implemus omnia somos de ayer y ya lo llenamos todo. Además los cristianos llegamos pero no nos vamos. Y efectivamente, don Ricardo llegó al tiempo y a la vida, a la fe, al sacerdocio y al episcopado y a esta Iglesia de Tepic, pero no se va de estas realidades, y esta es la fecha de su trascendencia del tiempo a la eternidad, dimensión definitiva de todo hombre. Cerró sus palabras Monseñor Salvador Santiago Iglesias: Consumatus in brevi, explevit tempora multa. Consumado en una vida breve, llenó mucho tiempo. Y en versos, con medida alejandrina pronunció:

Pasaste de volandas cual vendaval de otoño,

otoño de tu vida de primavera en flor;

traías prisa en la mente y también en el alma,

como presentimiento de breve duración.

Querías todo derecho, al modo religioso,

Con resultados prácticos al estilo alemán;

cargaste en tus espaldas las cargas pastorales

de esta Iglesia mariana de entraña maternal.

Tu vida entre nosotros fue breve y sustanciosa

pasando de carrera una vez nada más;

parecías un converso de esos del siglo XX

que vivieron de prisa sin mirar hacia atrás,

llevando en la conciencia tan sólo una consigna:

compensar los retrasos y avanzar siempre más.

Así fue tu camino de ritmo acelerado,

la mirada de frente con ansias de avanzar;

y apuramos el paso y apretamos la marcha

y empeñamos en serio la fe y la voluntad.

Pero tú te enfermaste, lo supimos a tiempo,

más nunca supimos la suma gravedad;

y es que en ti la entereza te mantuvo derecho,

como los viejos árboles que se mueren de pie,

alcanzaste el martirio incruento de la vida,

aquel que no se nota pero que duele más.

Tu palabra segura nos mantuvo en la barca

y allá en Aparecida velaste nuestras armas:

la verdad, el derecho, la dignidad humana,

para darnos a todos más fe y seguridad.

Ganaste la confianza del Pedro del momento,

el firme Benedicto, como tú, alemán;

por eso te miramos allá en la Roma eterna

ordenando unas cosas con fiel seguridad.

Perdón señor por todos los que no te entendimos,

ni quisimos saber que hay estilos y estilos

para avanzar al Padre y para andar caminos

con tal de mantenernos en la sana unidad.

Perdón, Señor Ricardo, si alguna vez volvimos

un tanto las espaldas como cansados ya.

Vinieron las Reliquias de Juan Pablo II

como anuncio gozoso de tránsito al Señor;

y tú las recibiste pregustando la fiesta

de duración eterna, la que disfrutas ya.

Señor que a Don Ricardo lo hiciste de tus íntimos

al darle el sacerdocio en plenitud cabal,

recíbelo en tu pecho, Cenáculo el más íntimo,

Para que en él celebre toda la eternidad.


Previo a la sepultura de Obispo Ricardo Watty Urqudi, el féretro fue trasladado en hombros de ocho sacerdotes hacia la entrada de Catedral y ya en el pórtico le dieron un ligero paseo para después en procesión conducido a la cripta en la parte inferior del altar Mayor, su última morada. Don Ricardo es el Séptimo Obispo de la Diócesis; el primero lo fue Ignacio Díaz I Macedo, el segundo Andrés Segura y Domínguez; el tercero Manuel Azpeitia Palomar; el cuarto, Anastasio Hurtado Robles; quinto, Adolfo Suarez Rivera, después Cardenal; Sexto Alfonso Robles Cota y séptimo Ricardo Watty Urquidi. Hasta la próxima. *Decano del Periodismo en Nayarit.