Por: Zeferino Ramos Nuño

Y LO QUE SON EL ABSTENCIONISMO Y EL VOTO EN BLANCO.- El voto es un derecho que, desde cumplimos la mayoría de edad, podemos ejercer; por este medio tenemos la oportunidad de hacernos escuchar y expresar nuestras opiniones, sugerencias e inconformidades.
 
El ejercer el derecho de votar puede ser la decisión más importante que tome cualquiera y no debe tomarse a la ligera, porque votar requiere de responsabilidad y conocimiento. Es cierto que es más cómodo ser dirigido que dirigirse, pero es también más peligroso. Démonos cuenta de la importancia que tiene el ejercer el voto, pues, al no hacerlo, estamos ayudando a ganar a nuestro adversario.

Si queremos que nuestro país, estado o municipio mejore debemos votar y hacernos escuchar, debemos escoger a la persona más indica para administrar y resolver los problemas de localidad.

Hay modos, hay formas y hay fondo

Se ha soltado una campaña nacional para promover el llamado “VOTO EN BLANCO” que consiste en asistir a las urnas, pero anular el voto, cruzándolo o dejándolo en blanco y depositar la boleta. Dicen los promotores de este voto, que ésta es una forma de demostrar el descontento del pueblo por las promesas hechas por los candidatos y no cumplidas al llegar al poder; esto es, se pretende descalificar en las urnas a los partidos políticos y a sus candidatos.

La teoría del voto en blanco es un plan mediático que invita a la gente a renunciar a un derecho que históricamente costó muchas luchas y décadas de alcanzar, además de ser una forma de que otros decidan por ti, y esto acaba con la democracia. Sabemos que la democracia no consiste sólo en la emisión del voto, sino que es una forma de vida, por lo que el emitir el voto sólo es el inicio de la vida democrática.

Dicen los que promueven el voto en blanco, que es la forma de canalizar esa sensación de frustración que tiene la población por los fracasos que han demostrado todos los niveles de gobierno, pero esto es ir contra la misma institucionalidad de la vida que hemos escogido y que se plasma en la Constitución.

Esta campaña, puede provocar un alto abstencionismo, además de que con un porcentaje mínimo de votos se podría llegar a conformar la siguiente legislatura. Definitivamente hay otras formas de mostrar el descontento con los gobiernos. Y una de ellas es emplazando a los candidatos a cumplir sus promesas. Pero claro, requiere mayor esfuerzo realizar un marcaje personal al diputado de cada uno de nuestros distritos que ir a las urnas y no votar por ninguno.
 
La supuesta solución que proponen las organizaciones a favor del voto en blanco no es lógica, ya que no promueven el conocimiento de los candidatos y sus ofertas, de las plataformas de los distintos partidos, sino que solamente se los veta por el simple hecho de pertenecer a un partido.
 
No se trata de justificar el comportamiento de los partidos políticos ni mucho menos decir que nuestro sistema electoral corresponde cien por ciento a las necesidades ciudadanas. Sin embargo, estoy convencido de que el rechazo a lo existente no es la forma de mostrar el descontento, ya que la campaña que ha ido cobrando fuerza, para que los ciudadanos anulen su voto, no hace más que promover el abstencionismo de por sí alto. Más que la negación de nuestro sistema de partidos, debemos reivindicarlo, revalorarlo y sancionar públicamente con nombres y apellidos a los servidores públicos que no desquiten su sueldo o que no cumplan sus promesas de campaña.
 
Hay otras formas (que son fondo) de vigilar a los legisladores y, quizá, una de ellas sea la reelección legislativa, pues los países que tienen incorporada la reelección, poseen una forma de obligar a los legisladores a rendir cuentas a los ciudadanos, y no nada más a las cúpulas partidistas. De esta forma, el voto adquiere un valor sancionador sobre aquellos que pretenden reelegirse pero que no  mantuvieron contacto con  su distrito electoral. Anular el voto no anula la decisión de que otros seleccionen a los candidatos.  Insisto, en el supuesto de que con unos cuantos votos se eligieren los legisladores, y que quizá los elegidos no gocen del reconocimiento público de la mayoría, habrá sido la minoría la que se habrá impuesto.

Por otro lado, más que fomentar el “voto en blanco”, debemos fomentar el voto por partidos y candidatos.  Decíamos hace años: “Vota por quien quieras, pero vota”.  Asimismo, es de lamentar el abstencionismo; y anoto las cifras de las últimas elecciones federales: En 1991, el abstencionismo alcanzó un 34.05 por ciento; en 1997 fue de 42.1 por ciento; en 2003 de 58.32 por ciento; y en los comicios presidenciales de 2006 de 41.8 por ciento.

El voto confirma nuestro derecho como ciudadanos libres de elegir a nuestro gobierno, a nuestros representantes y de participar en la democracia. Nuestra Carta Magna señala, en el artículo 40, que “es voluntad del pueblo constituirse en una República representativa, democrática y federal”.

LO QUE SON LAS COSAS: Sin votación, no hay democracia. La democracia es lo que forja a las grandes naciones y lo que contribuye en la creación de gobiernos que modifican y engrandecen a sus pueblos. Así que la próxima vez que seas convocado a ejercer tu derecho al voto, reflexiona sobre el futuro, así como la forma en la que quieres contribuir con tu país. Recuerda que al votar te sentirás bien porque participas y harás que tu voz se escuche. ¡Vota, ejerce tu derecho!