Por: Juan Fregoso.- Ante el clima de violencia desatado en los últimos meses, los comerciantes están pensando en organizarse para hacer frente a una serie de robos, incluso de asesinatos, que se han venido cometiendo, lo mismo de día que noche.
El miedo se ha apoderado de los acaponetenses, que ya temen salir a las calles por temor de ser despojados de sus pertenencias. Algunos comerciantes que pidieron el anonimato, por temor a las represalias, ya se están organizando para exigirle a la autoridad municipal que intensifique los patrullajes policiales.
Incluso, externaron que también buscarán el apoyo del Ejército Mexicano. De hecho expresaron que es urgente que la Dirección de Seguridad Pública establezca un pacto de coordinación con las fuerzas armadas, dado a que la espiral de violencia se incrementa día tras día; la intención del comercio organizado consiste precisamente en plantearle al alcalde la necesidad de que se coordine con el Ejército, ya que solamente aliados se podrá detener la ola robos, dicen.
En los últimos días han sido asaltados diversos comercios, como la Farmapronto que en plena luz del día fue objeto de los delincuentes. Tampoco los ciudadanos, hombres y mujeres, han escapado de las garras de los malhechores, como fue el caso de una empleada de la Farmacia Guadalajara, quien al filo de las cuatro de la tarde fue asaltada por un sujeto a la altura de la Asociación Ganadera; la empleada narró que un asaltante solitario amenazándola con un cuchillo, la despojo de su teléfono celular, marca Nokia y 200 pesos que llevaba en su bolsa.
En el primer cuadro de la ciudad, a eso de las 5: 30 de la tarde, por la calle Puebla casi llegando a la plaza, a una respetable dama la interceptó un sujeto pidiéndole todo el dinero que llevara, sin embargo, la mujer le contestó que había olvidado su bolsa donde suele traer algunos pesos. En un descuido del maleante la señora logró zafarse de tan peligrosa situación, pues dice que corrió y se refugió en un conocido restaurante, donde permaneció hasta que el sujeto, que la había seguido, cansado de esperar a que saliera, se retiró del lugar.
Pero eso no es todo, hace apenas unos meses fue asesinada una persona por la calle Corona, esquina con México, en pleno centro de la ciudad. Según testigos, relataron que la víctima se encontraba sentada platicando con otra persona, cuando de pronto de un vehículo no identificado descendió un sujeto armado, el cual sin mediar palabra le disparó con un arma de fuego privándolo de la vida en forma instantánea. El asesino, luego de cometer su crimen se dio a la fuga, sin que hasta el momento se sepa el móvil del asesinato, ni tampoco la identidad del agresor.
La escalada de violencia no solamente azota al municipio de Acaponeta, sino también en Huajicori, donde recientemente fue ultimada una persona discapacitada, en este caso, según la versión de los lugareños fueron varios sujetos los que se introdujeron al domicilio de la víctima, matándolo cobardemente por la espalda y obteniendo un botín de 3 mil pesos aproximadamente.
Al filo de las nueve de la mañana, en ese mismo poblado fue robado un cajero automático, perteneciente a Bancomer y el cual se encontraba ubicado a escasos metros de distancia de la Presidencia municipal de Huajicori. Trascendió que el cajero contenía cerca de 100 mil pesos, y fue localizado en el malecón de Acaponeta. Como se puede observar, los delincuentes operan lo mismo de día que de noche, es por ello, que la ciudadanía acaponetense, viene insistiendo en la urgente necesidad de que la ciudad sea patrullada constantemente, no sólo por los cuerpos policiales, sino por las fuerzas armadas, porque ya no se puede vivir en un ambiente de inseguridad o de zozobra, incluso manifestaron que a causa de la ola de violencia, las ventas en los diversos giros comerciales han caído en más de un 90 por ciento, lo que podría llevar a la quiebra a muchos negocios que ante esta situación, algunos han optado por cerrar más temprano que del horario normal, mientras que otros explicaron que de continuar esta serie de ilícitos prefieren cerrar sus negocios definitivamente, pues temen por sus vidas.