Por: Juan Fregoso

Después de la entrevista de Andrés Manuel López Obrador, con el periodista de Televisa, Joaquín López-Dóriga, el pasado 16 de noviembre, está claro que el tabasqueño sufrió una sorprendente conversión en su personalidad que dejó estupefactos a propios y a extraños.

El hombre que se caracterizó por su radicalismo, por su beligerancia, por una crítica sistemática en contra del gobierno de Felipe Calderón, al cual calificó de espurio, así como a la propia televisora que lo mantuvo vetado por todos estos años y que ahora inusitadamente le otorgó un espacio para que se pudiera explayar a placer, confunde francamente no solamente al prredismo sino al pueblo de México.

Evidentemente, el Andrés Manuel López Obrador que apareció a cuadro en el Canal de las Estrellas, dista mucho de ser aquel político rijoso e intransigente, para convertirse de lobo feroz en un manso corderito, que prácticamente se desdijo de todo aquello que pregonó a lo largo de estos cinco años en que ha gobernado la derecha: el opuesto de la izquierda.

¿Qué fue lo qué pasó? ¿Cuál fue el motivo que lo llevó a dar ese salto en su mentalidad? López Obrador fue hasta el pasado 16 de noviembre el icono de la izquierda, un ejemplo a seguir por muchos que creyeron en su proyecto de gobierno. Sin embargo, indiscutiblemente este cambio habrá de tener sus consecuencias, en sus aspiraciones presidenciales, ya que no se puede fiar de alguien que luchó—o que aparentó luchar—contra un régimen ultraconservador, autoritario, y que ahora, parece estar de acuerdo con el.

Y así como millones de mexicanos fueron testigos de su reconciliación con Televisa, a través de su conductor estrella, no nos sorprenda que de un momento a otro, salga apapachandose con el propio presidente de la República, su acérrimo enemigo, el mismo que—según sus propias palabras—le arrebató la presidencia en 2006, orillándolo a autoproclamarse Presidente Legítimo, desconociendo el triunfo de Felipe Calderón.

Luego entonces, ¿todo fue un simulacro orquestado por el propio Andrés Manuel López Obrador?, y si fue así ¿qué prebendas obtuvo a cambio de esto?, ¿acaso la promesa de ser presidente en 2012? Estas son algunas interrogantes que se hacen ahora millones de ciudadanos, y que pronto se develarán colocando en su justa dimensión la contradictoria postura del perredista por excelencia, quien hoy está obligado a explicar el porqué de ese cambio tan dramático como drástico.

El columnista, tiene en sus manos el libro que escribió este señor y que intituló: La mafia que se adueñó de Méxicoy el 2012, editado por Grijalbo en 2010. En ese libro, en ninguna de sus páginas, Andrés Manuel López Obrador habla de amor, como lo dijo en la entrevista televisada: debemos de ser más humanos y tenemos que ser más amorosos, por el contrario, ese libro revela un acentuado resentimiento en contra de 30 prominentes personajes que, según él, gobiernan México. Y los divide en dos grupos: dieciséis hombre de negocios y once políticos, por supuesto que subraya con su revolucionaria pluma los nombres de estos, con el fin de que el pueblo de México sepa quienes son los mandamases de nuestro país, despotrica contra todos, porque todos son sus enemigos, pero ahoraqué serán.

López Obrador se va directamente sobre la yugular de Carlos Salinas de Gortari, a quien acusa de controlar a un grupo de destacados priístas, entre ellos a Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes Rangel, y asevera que Salinas (como cerebro) ejerce influencia en la maestra Elba Esther Gordillo Morales. Apunta que le obedecen hasta los mismos ministros de la Corte, además de influir sobre destacados cuadros panistas, en particular, escribe, sobre Luis H. Álvarez y Diego Fernández de Cevallos, con quienes estableció (Salinas, por supuesto) relaciones de complicidad desde el tiempo de su gobierno.

Y apostrofa: Ahora bien, el verdadero pilar que sostiene al poder oligárquico en México, es el control que ejerce el grupo de potentados sobre casi la totalidad de los medios de comunicación y, en particular, de la televisión. A través de este monopolio, manipulan el pensamiento de millones de mexicanos y administran la ignorancia en el país. Téngase en cuenta que 75 por ciento de los mexicanos se entera de las noticias por televisión. Y ésta, como hemos visto, es controlada por dos consorcios. De manera especial, un papel destacado lo juega Televisa, que constituye, sin duda, el principal instrumento de control del grupo que domina el país, enjuicia categóricamente.

Más aún, López Obrador recalca que la relación Televisa-Salinas es la piedra angular que soporta toda la estructura del poder de las élites en el México contemporáneo. Ellos representan a la minoría que manda y decide en función de sus intereses. En estos tiempos, su estrategia política consiste en darle continuidad al mismo régimen corrupto, de opresión y privilegios y, para ello, han echado a andar la operación de recambio con miras a 2012. Como el PAN y Calderón ya no les sirven, ahora la apuesta es al PRI y a Enrique Peña Nieto (), un personaje mediocre y ladrón, que fue secretario de Finanzas cuando gobernó esa entidad (el estado de México) el desprestigiado Arturo Montiel, acusado de corrupción.

Prosigue: Como es evidente, la mafia del poder que patrocinó al PAN en 2000 y, de manera decisiva, en 2006, ha dejado a Calderón al garete. Es más, son tan desalmados que le están echando la culpa del desastre nacional sólo a él. Últimamente, en los medios de comunicación todos lo ningunean, mientras que protegen e impulsan a Peña Nieto. Entre muchos ejemplos, llama la atención que Elba Esther Gordillo, lideresa magisterial que ayudó al PAN en el fraude electoral de 2006 y que obedece fielmente a Roberto Hernández, ahora presume de su distanciamiento con Calderón porque sostiene que ya tomó partido a favor de Peña Nieto.

Así podríamos seguir desglosando el brillante libro escrito por el puño del aguerrido Andrés Manuel López Obrador, pero por el momento aquí nos quedamos, porque este asunto dará mucho de que hablar durante los próximos meses. Todo lo vertido en esa obra, partiendo del principio de la contradicción, resulta una fina estratagema urdida por un hombre que se vanaglorió de ser el adalid de la democracia o el líder moral del Partido de la Revolución Democrática. Andrés Manuel López Obrador, salió finalmente más corrupto que todos aquellos a quienes ataca en su obra monumental; ahora sucede que Televisa ya no es el instrumento de control del grupo que domina el país, como tampoco representa ya la continuidad del régimen corrupto, opresor ni tiene privilegios; la operación de recambio desapareció ante la nueva perspectiva del Mesías.

Para colmo, el Peje escribió en su libro que el PAN y Calderón ya no les sirven, ahora la apuesta es al PRI y a Enrique Peña Nieto (), un personaje mediocre y ladrón, que fue secretario de Finanzas cuando gobernó el estado de México, el desprestigiado Arturo Montiel, acusado de corrupción.

O sea, que ahora, desde la lógica retorcida de López Obrador, el PAN como Peña Nieto ya son útiles al grupo de potentados que mandan en México, dejaron de ser inútiles y corruptos. Otro argumento falaz que emplea el otro perredista en que se ha transformado Lopito, se evidencia cuando dice que como es evidente, la mafia del poder que patrocinó al PAN en 2000 y, de manera decisiva, en 2006, ha dejado a Calderón al garete. Es decir, La mafia desapareció, el fraude que alegó este señor ya no existe y el calificativo de espurio que le endosó a Felipe Calderón, también se diluyó.

Pero siguiendo el hilo de la narrativa lopezobradorista, que se vuelve más enternecedora que una adolescente, sentencia: son tan desalmados, que le están echando la culpa (a Calderón) del desastre nacional sólo a él. Esto no es más que un dislate de una persona que parece haber perdido el juicio, el raciocinio más elemental, pues que ya no se acuerda el perredista que todo este tiempo mantuvo a raya al presidente panista; amnésico, Andrés Manuel López Obrador, se olvida que él mismo estuvo acusando sistemáticamente al mandatario de ser el responsable de todo lo que ha venido sucediendo en México, y ahora se convierte en su más férreo defensor en un acto por demás incomprensible.

Lo escrito por el Presidente Legítimo, terminó revirtiéndosele, y tal vez muy pronto lo veamos del brazo del innombrable y de todos aquellos a quienes en sus ardorosas filípicas vilipendió hasta el hartazgo, hasta el pasado miércoles de noviembre, en que decidió finalmente quitarse la careta y exhibirse como lo que realmente es: un político obsesionado por el poder para servir a los mexicanos. Así, tras la reconciliación amorosa con sus enemigos de antaño, el Peje está persuadido de que será el próximo huésped de Los Pinos.