Por: José Ma. Narváez Ramírez.

El viejo león, Caprioni, rey de la selva, se encontraba elaborando el itinerario de viaje por su feudo aquella fría mañana de noviembre en su oficina de palacio, cuando de repente fue sorprendido por una airada manifestación que se escuchaba hasta el último rincón de su palacio; sus guardianes, los gorilas nalga pelona, luchaban por contener a aquellos airados animales que solamente llevaban a guisa de arma, sus reclamos por escrito y una hambre -de justicia- (y de la otra) muy mal disimulada y por largos meses contenida.

Búhos, guacamayas cotorros y perros de varias clases, integraban aquel grupo de enojados protestantes, que causaban tal algarada que empezó a poner nervioso a Caprioni, cuya característica principal era no inmutarse ante este tipo de expresiones que consideraba fuera de orden, pero algo le pareció raro y optó por hacer una llamada a su secretario para que fuera a enterarse del asunto y posteriormente le informara.

En menos que canta un gallo, se presentó aquél chimpancé a escuchar las quejas de los agitadores. Pero cuál no sería su sorpresa: en el grupo de supuestos activistas, estaban, en su mayoría, compañeros del trabajo que él desempeñaba, antes de ser escogido del montón, para alivianar al monarca en sus labores de contención de bravucones.

De inmediato solicitó a los representantes de aquel grupo que pusieran las cartas sobre la mesa y se dejarán de continuar con aquella baraúnda; cosa que atendieron de inmediato y se dispusieron a presentar sus quejas ante el funcionario.

Acto seguido este los invitó a pasar a su salón privado y ahí procedieron a exponer sus planteamientos.

Uno de ellos, un cotorro muy alisado, en forma rápida le dijo: Usted sabe, señor secretario, que nos ha traído a la vuelta y vuelta con falsedades y mentiras, de que el gobierno de Caprioni nos va a alivianar con apoyos en metálico para continuar informando sobre las actividades a la animalada que compone su reino, pero no ha sido así y nosotros, aunque estamos divididos en varias agrupaciones, al final de cuentas somos todos representantes de la libre expresión y aunque algunos andan por lejanos reinos en viaje de descanso y de placer, hoy los aquí presentes, andamos arrastrando la cobija, empeñando lo poco que tenemos, pidiendo prestado a los más allegados y estamos muy endrogados, algunos al borde del infarto, ya que carecemos de un trabajo bien remunerado que lleve principalmente a nuestra familia de comer, y solíamos recibir un contante y sonante apoyo del rey que estuvo antes que Caprioni, y que dejó las talegas del reino más vacías que vino en copa de vidrio rota; y el ahora rey sucesor declaró que éramos cero a la izquierda y que le hiciéramos como quisiéramos, pero que no iba a haber de piña con él. Cosa que no tenemos el valor de creer porque hemos seguido y escrito sobre sus diferentes campañas políticas y casi podemos enorgullecernos de que lo llevamos al triunfo, así que estamos dispuestos a continuar apoyando su mandato y el del jilguero de copete chulo que se viene, sin más armas que la de nuestra pluma y buena voluntad. Por lo que pedimos que nos hable con franqueza sobre la situación, y de pasada se deje de causar dolores de cabeza a los compañeros que pone y quita en su departamento de información, –a los que tiene también a pan y agua-, por eso le pedimos con todo respeto y atención, que aclare las paradas o en su defecto nos permitan verlo animalmente en su trono.

-Amigos y compañeros, -dijo el chimpancé en tono calmado-: Ya les he dicho que las cosas están a punto de arreglarse y que no tarda nuestro amado Caprioni en aflojar las talegas, solo que acaba de arreglar un nuevo presupuesto y en cuanto llegue habrá para todos los que trabajaron y trabajen honesta y cabalmente en su labor en beneficio del pueblo. No los dejará abajo, únicamente les pido que tengan paciencia-.

Y el cotorro le contestó: Usted, sabe, amigo y colega, que todavía no se le hace al elefante del dicho viejo aquel que quedó a medias, que habla de: con paciencia y salivita Solamente queremos la fecha para que nuestros acreedores se aquieten y no desesperen, para pagarles las deudas Así que por favor, compañero, únicamente esa es la respuesta que ocupamos, en el entendido de que no se alargue ya por más tiempo Usted sabe que lo sabremos agradecer-.

De pronto se escuchó un sonido atronador, que por cierto los informadores creyeron que se trataba de un atentado violento, pero al ver que había entrado Caprioni rugiendo muy enojado al despacho del chimpancé, se aquietaron, máxime que el león de melena negra les saludo cortésmente y les expresó: -¡Muy buenos días, amigos informadores, no me habían avisado de su llegada y me supongo que vienen un tanto cuanto descontentos porque al parecer los tengo olvidados, pero nada de eso, lo que pasaba era que no teníamos de donde echar garra para alivianarlos, espérenme una semana más y para todos habrá una feria. Tendrán para su familia y de pasada para que se echen un taco y un pisto en Navidad. Gusto en saludarlos y hasta pronto. Seguro que sí.

Los comunicadores se quedaron de una pieza, sorprendidos por la actitud de Caprioni y sin más que añadir, se despidieron cargando como losa Pipileña, una nueva promesa Pero ahora sí del mero, mero

Control Señores Control Lo anterior es una mera coincidencia de los hechos reales, por lo que se ruega a los lectores que cualquier reclamo se lo hagan al autor del comentario Vale.

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