Por: Juan Fregoso
Justamente cuando estamos en la antesala de la sucesión presidencial, el Partido Revolucionario Institucional parece haber entrado en una fase de descomposición que en nada favorece a su candidato Enrique Peña Nieto, ni a los aspirantes a senadores y diputados federales.
Los más recientes acontecimientos que han venido ocurriendo al interior del tricolor, son una clara muestra de que este partido se ha fragmentado en su estructura interna debido a las corrientes y expresiones políticas que lo integran pero que difieren en sus propuestas.
Se puede decir con toda justeza que hay una férrea lucha entre los propios priístas que reclaman sus parcelas de poder, en un momento clave, es decir, cuando deberían estar más unidos se han perdido en una batalla por demás estéril, cuyo costo político se habrá de reflejar en los comicios de este año.
El primer terremoto que cimbró los cimientos del priísmo acaponetense se dio en la renovación del Consejo Político Municipal, donde supuestamente se impuso como presidente del CDM del PRI al Ing. Josué Sánchez Rodríguez, un joven profesionista con ideas frescas, con una visión distinta de lo que es la política, esto es, con una perspectiva diametralmente opuesta a los priístas de viejo cuño.
En este contexto, se afirma que este fue un proceso desaseado y manipulado por la cúpula estatal, la que al parecer violó los estatutos que rigen a este instituto político, pues entre otras cosas, se argumenta que no se emitió la correspondiente convocatoria como tampoco se tomó en cuenta a las bases que teóricamente son las que deben de decidir o elegir a sus dirigentes, por ello, se insiste que no fue una elección sino una imposición orquestada por la dirigencia estatal.
Y cuando apenas esa ala de priístas inconformes se estaba reponiendo del golpe recibido, ilegal desde su punto de vista, el pasado 10 de diciembre ocurrió una réplica sísmica política que vino a sacudir nuevamente las bases del PRI. Este acontecimiento se dio en el cambio del Comité Municipal Campesino, elección que al parecer también fue una mascarada para algunos militantes del revolucionario institucional, ya que la dirigencia nacional de la CNC impuso a la nueva directiva, obviamente contra la voluntad de la mayoría de comisariados.
En esta presunta jugarreta, se acusa al delegado especial Carlos Castillón de haber maniobrado la asamblea, junto con el profesor Carlos López Dado, que a juicio de los participantes se prestó al juego. Los campesinos aducen que dichos personajes ya traían todo arreglado para imponer como presidente al sayulense Gustavo García, y a Mario Reyes como secretario general de la municipal campesina, mientras que la secretaría de organización le fue asignada a Víctor Manuel Peralta. En otras palabras, se especula que todo el comité fue impuesto, al igual que en el PRI municipal.
En esta lógica, —y suponiendo que todo esto sea cierto, —el andamiaje del PRI se tambalea peligrosamente, dado a que el priísmo acaponetense está dando muestras de inmadurez política, al no tomar en cuenta los tiempos electorales, es decir, cuando deberían estar más cohesionados que nunca para sacar adelante a sus candidatos a los diversos cargos de representación popular en este proceso que habrá de culminar el primer domingo de julio del presente año.
Así pues, el priísmo acaponetense debe dejar de lado sus intereses particulares y anteponer los partidistas, sobre todo cuando el propio candidato a la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto ha incurrido en una serie de desatinos que han puesto en riesgo su propio triunfo, ya que incluso, discretamente se ha manejado la posibilidad de sustituirlo por el senador Manlio Fabio Beltrones, considerado como el político más maduro para rescatar la presidencia en poder de Acción Nacional desde el 2000.
Por lo tanto, si los priístas desean realmente recuperar la Primera Magistratura, es evidente que deberán cambiar sus estrategias, dejarse de pugnas internas que en vez de fortalecerlos los debilita, ya que si no logran ponerse de acuerdo entre ellos mismos lo único que están haciendo es allanarle el terreno a los candidatos de oposición; una oposición panista que no está dispuesta a soltar fácilmente el poder debido a que están en juego grandes intereses, y que por consiguiente, harán hasta lo imposible por retener el predominio que obtuvieron hace doce años.
Evidentemente que Enrique Peña Nieto, a pesar de sus yerros sigue siendo el puntero en el handicap presidencial, sin embargo, si sus correligionarios insisten en sus luchas canibalescas, el escenario político-electoral adquiere matices y claroscuros de alto riesgo en el desenlace de los próximos comicios. Por ello, la militancia priísta debe zanjar sus diferencias, construir sólidos acuerdos que fortalezcan al partido y a sus candidatos, puesto que si no logran ponerse de acuerdo, si continúan con esa postura sectaria, lo más probable es que no consigan recuperar la presidencia, por mucha aceptación que pudiera tener su candidato presidencial.
La división sólo los llevará a un fracaso rotundo, porque pese al triunfalismo que existe en estos momentos entre algunos tricolores, —porque no todos coinciden con la postulación de Enrique Peña Nieto—, el fantasma de la derrota se pasea amenazadoramente en el escenario político-electoral, sobre todo, a partir de los desaciertos cometidos por ex gobernador mexiquense.
En este contexto, el PRI no las tiene todas consigo, tiene mucho trabajo por hacer, como el de desvanecer—aunque a estas alturas ya se antoja imposible—el agravio infligido al pueblo de México, al calificarlo en forma despectiva como la prole, este señalamiento pesará mucho en el ánimo de los ciudadanos a la hora de emitir su voto, el voto que inclinará la balanza por el candidato de su preferencias, y que podría cobrarle la factura al candidato priísta.