Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Después de leer la nota de mi amigo Chepe Martínez, publicada en Gente y Poder, cuya cabeza dice: Piden sea revisado el puente de Yago, vinieron a la memoria un montón de recuerdos de los años mozos, cuando El Caimanero era un arroyo que solamente lo cruzaban los vehículos en tiempo de secas, por medio de un vado, ya que las aguas estaban infestadas de caimanes de gran tamaño que –según el autor del libro Nayar editado por La Prensa-, los Coras los mataban a machetazos en venganza de que los animales les tragaban a los niños que las madres colocaban cerca de las aguas, y en un descuido los reptiles las dejaban sin los chilpayates, además daban cuenta de los puerquitos y los perros que las acompañaban, por lo que los indígenas esperaban que los anfibios terminarán de copular para sorprenderlos después del apareamiento y hacer lo mismo con las hembras, ya que éstas quedan laxas con el hocico para arriba, al parecer igual que los patos.
Hace unos 60 años el camino a Yago era de terracería y a unos cuantos metros antes de llegar al lugar donde se construyó el puente había una vereda rodeada de tupida maleza y enormes árboles, dándole un toque mágico de misterioso secreto.
En aquella época la región era silvestre y había muchas piezas para la caza, abundaban las onzas, los venados, conejos, armadillos, entre otras muchas especies; también existía una gran variedad de patos en esa exuberante zona del municipio Santiagoixcuintlense, lo que era aprovechado por mi padre, don José Ma. Narváez Madrigal y compañeros de cacería, entre los que se contaba mi padrino don Norberto Martínez (un veracruzano que llegó con la gente que cambió la economía de esas tierras feraces, como don Leopoldo Caraballo, don Pedro Maus y don Rafael Tortajada, entre otros que hicieron realidad la Costa de Oro, beneficiando en especial, la zona norte de Nayarit).
Andando en esa distracción, cerca del Cerro del Tesorero, mi padrino descubrió el Manantial de los Aguacates –que así lo llamaban los yaguenses-, al hacerlo del conocimiento de sus compañeros, entre ellos don Pepe, les dijo del venero y los invitó a probar el agua, después de eso todos convinieron que era rica en minerales y que estaba muy sabrosa. Ahí decidieron, mi padrino y mi papá, denunciar el manantial ante la Secretaría de Recursos Hidráulicos en la ciudad de México, y les fue otorgada una concesión por l00 años, misma que está vigente, pero las aguas son explotadas por los aguadores de la Lomas, mediante un trinquete que quedó arreglado con una feria. Pero los socios originales, nunca firmaron la cesión de los derechos.
Así las cosas, gracias en parte a don Librado, que era un empleado de la Secretaría de Comunicaciones, encargado de contar los vehículos que transitaban por la carretera para llevar un control que fuera determinante para su construcción, el puente fue hecho hace más de 50 años y sigue igual, esperando que el Gobierno del Estado haga la revisión que se necesita y se levante uno nuevo que reúna las características que se ocupan para brindar un servicio adecuado a las unidades que transitan por él y de esta manera, se evite una tragedia.
Control Señores Control Algunos puentes tienen su historia, y merecen que Obras Públicas los construya de doble espacio, haciéndole de pasada, justicia a don Librado, quien por cierto en una ocasión que estaba descansando bajo el peñasco que le servía de vivienda, de repente sintió que algo duro y largo le pasaba por el pecho, cuando alcanzó a mirar el objeto que transitaba encima de él, vio con pavor que se trataba de una víbora de cascabel, de inmediato quedó paralizado esperando una eternidad que pasara el ofidio, y cuando parecía que éste continuaría su camino de pronto sintió que por las rodillas subía otro saurio de las mismas características y dando gracias a Dios por haberlo ayudado a no moverse, pasaron ambas serpientes prosiguiendo su camino Desde ese día se encomendó a la Virgen del Tesorero (que había pintado mi jefe en el farallón del Cerro –y que un tonto de capirote mandó dizque restaurar, quitándole su pintura original-, pero que ha sido muy milagrosa con la gente que la visita, en especial con la de Yago y la de Acaponetilla, quienes por cierto cada año le hacen una peregrinación hasta el Tesorero, para pedir su misericordia.
También el puente de El Caimanero tiene su historia
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