Por Jorge González González
El flamante coordinador estatal de regidores del PAN, señor Juan Guerrero, declaró a reporteros que los regidores panistas están obligados a evaluar los primeros cien días de los veinte alcaldes de los municipios del estado, y que, de no hacerlo, se tendrá que poner en el cargo a alguien más. En pocas palabras, la amenaza del tal coordinador es de que correrá a los regidores panistas que no le hagan el gusto de la tal evaluación.
Con esa declaración, el señor Guerrero da a conocer a la prensa y a la ciudadanía su ignorancia de la administración pública municipal, pues la Ley Municipal señala claramente las obligaciones de los regidores, la que en ninguna parte está marcado como tal, el deber de evaluar los cien días de gobierno municipal. Asimismo, la citada ley establece las causales para separar del cargo a algún integrante del cabildo, y la separación del cargo no es facultad de algún pedante y engreído, como lo es el tal señor Juan Guerrero, por muy coordinador que sea.
Por otro lado, también dijo el señor Guerrero (¿será?) que ya trabaja en un decálogo de los regidores para todo el estado, y que este decálogo es con miras a un proyecto de alcance nacional (modesto el Juanito).
Sugiero a este gato del grupo Álica, que ponga los pies en la tierra; que una cosa es que los álicas le hayan prestado para su oficina para la Coordinación Estatal de Regidores Panistas, el edificio ubicado en la Calle Abasolo esquina con Querétaro, y otra muy distinta, muy diferente, es el deseo de correr regidores, los que, por cierto, ya no aguantan las trácalas, exacciones, pillerías, pedanterías e incongruencias de Cambero, el Lobochacal y de su flamante coordinador, por ello se han ido retirando del PAN, tal y como lo acaban de hacer los regidores de Bahía de Banderas con todo y el Presidente Municipal panista. Ah, y ante la ida al PRI del Cabildo de Bahía de Banderas, el integrante del Comité Estatal del PAN, Rafita Orozco, el pequeño, pero bien largo, que es, para no dejar de cobrar, pidió permiso a la dirigencia estatal, para seguir con el cargo de asesor del chapulín Rafael Cervantes Padilla.
Y, amigos lectores, no nos deberá de extrañar, que luego sepamos quienes fueron impuestos como asesores de los Presidentes Municipales que ganaron por el PAN, como también se sabrán de los inconformes por la consigna de imponer a los candidatos del Grupo Álica, como Doña tiliches y el talibán.
Acción Nacional en Nayarit, que presume de haber obtenido la mitad de las Presidencias Municipales, ya se le fue una al PRI, y no tardarán en salirse más; y esto sucederá mientras continúe lastrado por el peso muerto de los intrusos, los recién llegados a la dirección partidaria estatal, a las candidaturas y a las responsabilidades de gobierno. Mientras esos especímenes de apócrifos militantes sigan al frente de la dirección estatal; dirigentes y miembros del Congreso y de los ayuntamientos, han perdido el norte político y aquella orientación ideológica fundacional puesta al servicio de la vida democrática mexicana.
Alcanzado el poder, nuevas hornadas de adherentes postizos se infiltraron en Acción Nacional. Se colaron arriba, en los mejores puestos, no empezaron desde abajo, y se apoderaron de un partido al que ahora usufructúan sin haberlo servido de verdad. Con hipócrita solemnidad se refieren ahora a mi partido y no se les cae la cara de vergüenza ante la recelosa mirada de los auténticos panistas desplazados u olvidados.
No hace falta un decálogo de los regidores, como lo plantea Juan Guerrero, lo que es necesario a los regidores y dirigentes en Nayarit, es que estudien los Principios de Doctrina y los hagan vida en ellos; es preciso que sean congruentes entre su actuar y lo que, cuando fueron nombrados candidatos a sus actuales puestos, se comprometieron a observar y no perder de vista.
Dice bien el dicho popular el león no es como lo pintan: Con estos panistas, nada de bien común, nada de imparcialidad y respeto a las Leyes, Estatutos y Reglamentos. Salieron bravos como leones, sí, pero para beneficiarse personalmente y hacer las trampas necesarias para enriquecerse y detentar el poder.