Por: Juan Fregoso

Aunado al problema de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en julio de este año, y en las cuales de manera insistente se maneja la idea de la infiltración del crimen organizado en el proceso electoral, el gobierno de México tendrá que encarar otro problema más: el arribo de miles de conciudadanos que radicaban en diferentes estados de Los Estados Unidos de Norteamérica, los cuales por diferentes circunstancias se han visto obligados a retornar a sus lugares de origen.


En efecto, se calcula que el año pasado alrededor de 400 mil mexicanos regresaron a nuestro país, en parte porque Estados Unidos endureció sus leyes migratorias y en otros casos por la inseguridad que asola la línea fronteriza. En este sentido, la prensa nacional ha reseñado con lujo de detalle que muchos latinos, particularmente mexicanos, han sido asesinados en territorio estadunidense, y la mayoría de estos crímenes han quedado impunes debido a la tibieza con que han actuado las autoridades mexicanas, por lo que el flujo de migrantes se redujo notablemente.


Otro de los factores que incidieron en el regreso de compatriotas se debe a que no pudieron encontrar empleo en el país vecino. Las leyes estadunidenses se han ido cerrando como pinzas en torno a todos aquellos que trascienden el río bravo en busca de oportunidades que aquí no tienen. Esos candados impuestos por el gobierno norteamericano, constituyen una barrera insalvable para la gente que se aventura a internarse en territorio gringo, ya que éstos argumentan ser desplazados de sus fuentes de empleo, por lo que nuestros paisanos no logran conseguir trabajo.


La mayoría de migrantes son de los estados más pobres, como Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Durango, entre otros, según refieren los medios de comunicación nacional e internacionales. El asunto es que toda esa gente que ha vuelto a México, algunos de ellos voluntariamente, otros porque fueron deportados, viene a engrosar el universo de desempleados, ya que como es sabido aquí hay una gran carencia de fuentes de trabajo, este es el problema fundamental que habrá de enfrentar el gobierno mexicano, es decir, en qué va a emplear a 400 mil mexicanos que abandonaron el sueño americano. Dejaron un país, que no es el suyo, porque les negó la oportunidad que buscaron; el sueño americano que acariciaron cuando partieron a esas lejanas tierras en busca del oro verde, pero ese sueño al llegar aquí se torna en una pesadilla, es decir, vinieron a caer en el vacío, o sea, en un país donde la falta de empleo es el sello que lo distingue.


La mayoría de ellos son pobres y tienen familias que mantener, esa fue la razón por la cual decidieron emigrar a nuestro país vecino, pensando en mejorar su situación económica, mas nunca imaginaron la serie de obstáculos legales y racistas a que se iban a enfrentar. Algunos que ya tenían tiempo radicando allá pensaron que a la llegada de un presidente de color, como Barack Obama, las cosas iban a cambiar, pero el presidente de Estados Unidos, que por cierto quiere repetir en el cargo, aun con ser de color piensa como blanco, por lo que su política es igual a la implementada por sus predecesores, para desgracia de los indocumentados.


Ante este panorama, el gobierno de México tiene ante sí otro grave problema que resolver, ya no son solamente las próximas elecciones en donde se pasea el fantasma del crimen organizado, según opinan destacados analistas mexicanos y extranjeros, sino que ahora también tendrá que preocuparse por dar trabajo a ese cúmulo de expatriados, que ineludiblemente requerirán trabajar en algo para sacar adelante a sus familias.


En este contexto, el próximo presidente de la República—sea de la estirpe que sea—tendrá que afrontar este delicado problema. Ya no es solamente la inseguridad que se ha enseñoreado en nuestra nación, sino la avalancha de mexicanos que se ha dejado venir a la tierra que los vio nacer. Y aunque la mayoría de candidatos presidenciales han prometido generar fuentes de empleo, existe la experiencia de que siempre prometen lo mismo, y sin embargo, una vez que asumen al poder esas palabras quedan sepultadas en el panteón del olvido, puesto que no se llevan a la práctica.


Ante esta postura, muchos mexicanos continúan careciendo de un trabajo que les permita darle a su familia una vida digna y decorosa. Por lo tanto, el próximo presidente de la República tiene por lo menos dos problemas torales: impedir como se viene pregonando la infiltración del crimen organizado en los comicios federales, y por otro lado, proporcionarles a los deportados los medios adecuados para su sustento, un sustento que no encontraron en el norte, pero en cambio, muchos encontraron la muerte en un país que se precia de ser el adalid de la democracia., cuando la realidad es que detestan a los mexicanos, que no son pocos, ya que de acuerdo a las estadísticas alrededor de 12 millones viven en Estados Unidos.


Esa gran población de mexicanos, indiscutiblemente, ha contribuido con su mano de obra mal pagada al crecimiento económico de aquella nación erigida en la primera potencia del mundo, mas como Estados Unidos no tiene amigos sino intereses, acaba de mandarnos por el caño de la ignominia a 400 mil paisanos, que ahora el gobierno mexicano está obligado a acoger como se merecen. Este es otro reto más del próximo gobierno.