Por: Juan Fregoso
Se me antoja curiosa la situación que estamos viviendo en el municipio, porque es algo que el columnista jamás había presenciado, a menos que se me haya pasado por alto, lo cual sería imperdonable, no solamente para mí sino cualquier otro que dedica su vida al ejercicio periodístico.
Si es así lo lamento de verdad y ofrezco mis disculpas, porque se entiende que quienes escribimos estamos obligados a estar atentos de todo lo que ocurre en nuestro entorno político y social, ya sea en el ámbito nacional, estatal o municipal, para dar cuenta a la sociedad de lo que acontece en la vida pública, sobre la actuación de nuestros gobernantes, con el fin de señalarles sus aciertos pero también sus errores, aunque resulte incómodo para ellos.
Nuestro deber ético es informar con veracidad, si es que queremos ganarnos el respeto de una sociedad que tiene el derecho insoslayable de saber qué es lo que está pasando en su comunidad. La gente tiene el derecho de saber quienes son sus gobernantes, cómo están trabajando, qué están haciendo, quienes son sus colaboradores, si son capaces de ocupar un cargo público o si están ahí por alguna recomendación, o bien, porque gozan de la simpatía del jefe. Nuestra responsabilidad, es pues, informar de todo esto.
Como lo señaló al principio de esta columna se me antoja curioso y hasta graciosa la situación que prevalece en Acaponeta, en donde en las elecciones pasadas supuestamente ganó la presidencia municipal Efraín Arellano Núñez. Sin embargo, tal parece que el hoy presidente sólo jugó para satisfacer su ego, pues todo hace suponer que no participó para gobernar a su municipio, sino por mero capricho, ya que desde que asumió el poder son contadas las veces que se encuentra en Palacio Municipal, cuando su presencia es importante para atender los problemas de la gente que diario acude en su busca para solicitarle algún apoyo, pero el alcalde nunca está, sus colaboradores siempre dicen que anda en la ciudad de México, pero la realidad es se encuentra en la ciudad, pareciera una estrategia para eludir su responsabilidad.
En este contexto, Efraín Arellano es un presidente de facto aun con haber ganado las elecciones. El verdadero presidente municipal es el secretario de Gobierno, Francisco Salcido Vargas, él es quien lleva las riendas del poder político y administrativo. Salcido siempre está en el lugar y momento oportuno en todos los eventos que se celebran, porque don Efraín sólo asiste a la inauguración de algún acto festivo o deportivo, no en actos de relevancia.
En contraste, Francisco Salcido ha venido demostrando una gran capacidad en el manejo de los asuntos públicos; lo hemos visto presidir las asambleas de cabildo, conciliar los diferendos suscitados entre algunos Comités de Acción de Ciudadana. Hemos sido testigos de que el secretario encara los problemas que son de incumbencia exclusiva del alcalde, pero Salcido siempre sale al quite y con ello demuestra su oficio político, su interés por la problemática del municipio, por supuesto que la ley le confiere ciertas atribuciones, pero el alcalde es el principal responsable de la buena o mala marcha del ayuntamiento, sin embargo sus ausencias son cada vez más frecuentes, por eso sostengo que el verdadero presidente es Francisco Salcido.
Evidentemente, quien contendió como candidato a la presidencia, fue Efraín Arellano Núñez, que logró conquistar la silla presidencial por segunda ocasión, una silla que la mayor parte del tiempo se encuentra vacía, y que de no ser por la presencia del secretario de Gobierno, se diría que el municipio de Acaponeta está acéfalo. Y es que seguramente, lejos de atender la encomienda—muy cuestionada por cierto—que le otorgó el pueblo mediante su voto, el munícipe le presta mayor atención a sus negocios particulares, de otro modo cómo entender sus ausencias.
Lo que el presidente parece ignorar es que esta postura lo hace perder legitimidad, que políticamente no es otra cosa que el consentimiento de la voluntad general que lo llevó, al menos teóricamente, al poder. No obstante, ningún gobernante puede tener político si nunca está para cumplir con sus responsabilidades; el poder legítimo es aquel que cuenta con el soporte moral y legal; la legitimidad se materializa con acciones objetivas, tal es el caso de un proceso electoral en el cual se ha respetado absolutamente la voluntad popular, y aquí pareciera estar el meollo del asunto, es decir, ¿ganaría limpiamente Efraín Arellano?
Esta es una duda que existe en el ánimo de la gente, de hecho, el presidente da la impresión de sentirse incómodo en su cargo. Las escasas veces que está en su despacho se puede leer en su rostro una especie de cansancio, de prepotencia, de enfado, el enfado de atender a los acaponetenses, podemos afirmar que el presidente actual es muy diferente al del período de 2005-2008. Aquel Efraín Arellano era amable, atento, servicial con todo el mundo, el de ahora es soberbio y apático, los problemas de su pueblo en realidad no le interesan, quiso volver a ser presidente solamente para demostrar su poderío económico con el cual doblegó la voluntad de los ciudadanos, gracias a que estos son en su mayoría pobres, que por quinientos pesos vendieron su voto y con ello su dignidad. Efraín Arellano compró esta vez la presidencia municipal, aunque no para servir al pueblo, sino para poder presumirla como un trofeo en su carrera política. Por esta razón, la ciudadanía considera que el verdadero presidente municipal, es el secretario de Gobierno.