Por: Juan Fregoso

Aun cuando falta un buen trecho para las elecciones presidenciales, el fervor entre los militantes y simpatizantes de los distintos partidos políticos es evidente, no pueden ocultar su entusiasmo por determinado precandidato, aunque algunos lo hacen abiertamente y otros de manera discreta. El asunto es que la efervescencia por los comicios de este año ha generado un ambiente de especulaciones.

Por ejemplo, el dirigente del Partido Acción Nacional, Raúl Escobedo Carbajal se muestra optimista, pues asegura que el albialzul seguirá reteniendo la presidencia de la República, con cualquiera de los tres precandidatos que resulte nominado candidato para contender en los próximos comicios.

Aunque el ex diputado se muestra cauto cuando se le cuestiona si tiene un precandidato preferido. Escobedo Carbajal se abstiene de externar cuál es su gallo o gallina. Sin embargo, no logra ocultar completamente sus preferencias, ya que desliza sutilmente que el bueno para él es Ernesto Cordero Arrollo, a pesar de que éste es quien tiene menos simpatía entre los panistas acaponetenses.

En el plano nacional de los tres precandidatos del partido en el poder, la mejor posicionada hasta el momento es Josefina Vázquez Mota, quien tiene una gran atracción no solamente por su carisma, sino por su preparación académica y política. El único defecto que tiene es precisamente el hecho de ser mujer, y en México—que se sepa—jamás ha habido una mujer presidente, que haya conducido los destinos de los mexicanos. Ese es el mayor obstáculo que tendrá que sortear en un país de machos incluido el propio presidente Felipe Calderón, que ya se pronunció unilateralmente por Ernesto Cordero.

El primer mandatario está haciendo hasta lo imposible porque quede su delfín, el cual tiene muchos puntos en común con el presidente. Por esta razón, el titular del poder ejecutivo ha tratado de acotar las aspiraciones de Josefina Vázquez Mota, y desde luego, que en este supuesto queda comprendido el ex secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, quien por cierto, últimamente se ha colocado en segundo lugar en la intención del voto entre la militancia panista, mientras que Cordero Arroyo hasta el momento se ubica en un mediocre tercer lugar y es prácticamente imposible que logre remontar el vuelo para ponerse al nivel de sus adversarios.

El punto fino de este asunto radica en que el sistema político mexicano no ha cambiado, como lo demuestra Felipe Calderón al tratar de imponer a un candidato de sus preferencias. Es el mismo método utilizado históricamente por el Partido Revolucionario Institucional, por supuesto que nos referimos al famoso dedazo, al dedo divino que señala a su sucesor, lo que revela que es una gran mentira que en el PAN se practique la democracia, porque si así fuera Calderón sacaría las manos del proceso de selección de candidatos, dejaría que las bases panistas eligieran libremente a su candidato, pero está visto que buscará la forma de imponer su arbitraria voluntad.

La conducta del presidente ha sido refutada principalmente por Santiago Creel Miranda, que ha dicho, entre otras cosas, que a quienes se ostentan como dueños del partido les vamos a demostrar lo que pesa la democracia en el PAN, en clara alusión al primer mandatario.
Creel Miranda dijo también que no permitirá que la cancha se vuelva dispareja ni que vaya a haber parcialidad en el árbitro. Y señaló que no se permitirá ninguna intervención irregular en el proceso. Si después de esta advertencia alguien la quiere hacer, se tendrá que enfrentar a las consecuencias lógicas de enderezar algo que yo no voy a permitir, sentenció el precandidato en una entrevista concedida a una revista de circulación nacional.

Así pues, todo apunta que la primera batalla que tendrán que ganar los panistas será entre ellos mismos, particularmente con el presidente de la República, quien hoy más que nunca exhibe su rostro autocrático, esto es, dejar en su lugar—si es que su partido llegara a ganar, como asevera Raúl Escobedo, a su hijo putativo Ernesto Cordero, poseedor de una mentalidad similar a la del jefe del ejecutivo.
Si esto llegare a suceder los mexicanos tendremos que prepararnos para soportar un sexenio quizá más violento que el de Felipe Calderón, que en el último tramo de su nefasta administración trata de eximirse de toda responsabilidad por las miles de muertes ocasionadas producto de su guerra infernal, lo cual sería desastroso para un pueblo que clama justicia, que exige una paz a la que tiene derecho y que le fue arrancada por un gobernante soberbio, prepotente, que nunca quiso escuchar la voz de los mexicanos.

Felipe Calderón pasará a la historia como un presidente hambriento de sangre, no como el demócrata que esperaba México, porque se quiera o no él es el único responsable de que nuestro país se haya cubierto de púrpura, de un púrpura inocente pero que a Calderón ni le remuerde la conciencia, porque no la tiene. Por eso muchos mexicanos tienen la esperanza de que la demanda interpuesta en su contra en la Corte Penal Internacional prospere, para que una vez que deje su encargo, se le castigue conforme a derecho, pues no es posible que más de sesenta mil asesinatos queden impunes.