Por Óscar Verdín Camacho
Con la ejecución del policía municipal de Tepic Jesús Ávila Navarro, registrado este martes 17, ya suman dos los agentes preventivos abatidos en lo que van del mes, pero son cinco –tres estatales- que han perdido la vida en similares circunstancias durante el gobierno actual que inició en septiembre pasado.
Àvila Navarro fue baleado afuera de unos negocios de venta de materiales que se encuentran frente a la parte final del panteón Jardines de la Cruz, por la carretera a Bellavista, minutos antes de las siete de la mañana.
Un grupo de sujetos le disparó, presumiblemente por la espalda, y su cuerpo quedó junto a un automóvil color blanco.
El agente vestía el uniforme de la corporación, hábito que muchos policías ya están modificando cuando no están laborando; es decir, visten de civil mientras se dirigen a su corporación y ahí se colocan el uniforme.
Quienes toman esa decisión explican que intentan no ser identificados fácilmente por grupos criminales, sobre todo si no se trata de un ataque que vaya especialmente a un individuo, sino que la agresión sea contra un policía pero como un mensaje a la corporación.
De hecho, así sucedió hace unos meses, cuando un policía auxiliar, también dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, fue levantado en su puesto de trabajo en una gasolinería de Tepic, en una medida para hacer presión a fin de que fueran liberados un grupo de detenidos.
El agente fue dejado en libertad al día siguiente.
OTRA BRONCA POR ACCIÓN DE POLICÍA
El asesinato del policía municipal provocó un operativo en busca de los responsables, en diversas colonias cercanas al citado panteón, pero no se anunció captura alguna.
Lo que sí sucedió fue que durante el dispositivo, un policía, aparentemente estatal, efectuó disparos que alcanzaron un vehículo particular, creyendo que en el mismo iban delincuentes, cuando en realidad se trataba de un padre de familia que llevaba a su pequeña hija a la escuela. Por fortuna, nadie resultó herido.
El jefe de familia acudió más tarde a oficinas de la Procuraduría General de Justicia para alertar lo sucedido.
Esa situación ha sido apuntada en anteriores ocasiones; es decir, la necesidad de que los policías estén en constante capacitación puesto que, amparados en que se trata de un operativo, llegan a disparar contra inocentes como fue el caso.