La cirrosis hepática implica el endurecimiento (Fibrosis) del hígado, esto por el proceso degenerativo que se lleva a cabo en las células especializadas del hígado, las cuales se sustituyen por otras de tipo fibroso. Se compone en general por la generación de nódulos (pequeña agrupación de células), que deterioran la anatomía hepática (estructura del hígado), y por su puesto que también deterioran la fisiología hepática (funcionamiento natural del hígado).
Las causas más frecuentes de esta patología son varias, entre las cuales esta la desnutrición, alcoholismo, intoxicaciones, enfermedades virales como hepatitis C, obstrucción de las vías o conductos biliares, parasitosis (enfermedad por parásitos como la esquistosomiasis). La cirrosis hepática tiene especial importancia en salud pública en México, ya que figura dentro de las primeras causas de muerte en nuestro país. En el año 2005 se registraron 27,566 defunciones por cirrosis y, otras enfermedades crónicas del hígado ocupando el tercer lugar como causa de muerte.
Entre las causas que más frecuentemente originan este padecimiento, la más importante por su frecuencia la origina el estado alcoholodesnutricional (personas con alcoholismo grave que no se alimentan al beber).
La enfermedad se manifiesta por náusea, vómito, astenia, pérdida de peso y de apetito, tendencia a la hemorragia, como epistaxis (hemorragia nasal), hematomas (moretones), hepatitis (inflamación del hígado y crecimiento), acumulación de líquido en la cavidad abdominal la cual se le nombra ascitis, crecimiento del Bazo, dilatación y prolapso de las venas abdominales, hemorroides, hemorragias a nivel del esófago, etc. El pronostico para esta patología (enfermedad) es malo, por la evolución de la enfermedad, que llega a comprometer seriamente las funciones del hígado hasta su colapso total. La atención temprana puede modificar favorablemente la evolución, pero si no se trata oportunamente, la enfermedad puede ocasionar la muerte. El padecimiento es más frecuente en los hombres que en las mujeres y tiene su mayor prevalencia en la etapa media de la vida (entre los 25 a 45 años).
Entre las causas más relacionadas tenemos una estrecha relación entre el alcoholismo crónico y las deficiencias en la alimentación, especialmente de proteínas, vitaminas de la familia o grupo B, y de otros protectores del hígado. El alcohol o cualquier otro tóxico actúa alterando el tejido, por la baja considerable de sustancias protectoras debido a las deficiencias de la dieta de una persona alcohólica. Tiene importancia médica y social por ser un padecimiento de evolución crónica (periodo prolongado de padecerla) que se presenta en la etapa intermedia de la vida, por las limitaciones que origina, por su duración, por las causas fundamentales que la producen, cuya raíz es de tipo socioeconómico principalmente, y por la letalidad del padecimiento.
De acuerdo con el tratamiento individual, se enfoca al suministro de una dieta pobre en grasas y rica en proteínas e hidratos de carbono y dosis altas de vitaminas del complejo B, así como evitar la ingestión de alcohol. El control de la cirrosis como problema social se dirige de conformidad con su etiología, a la lucha contra la desnutrición y contra el alcoholismo a nivel colectivo. Como elementos importantes de prevención se encausara las medidas educativas, sobre todo en la población de más riesgo, y en el diagnóstico y tratamiento precoz de la enfermedad. Por lo anterior se debe enfatizar las medidas fundamentales para prevenir, orientar, educar a la población, procurar una dieta equilibrada y protectora del tejido hepático así como sus funciones mismas.
La frase:
La salud al igual que la fortuna, retira sus favores a los que abusan de ella.
Saint-Evremont.
Un cordial saludo:
Dr. Salvador Parra O’Connor.
Correo electrónico: chava_777@hotmail.com
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