Juan Fragoso
*Como en el pasado, la libertad de prensa amenazada por regímenes autoritarios
*La periodista, Anabel Hernández en el banquillo de los acusados
*Francisco Zarco se levanta de su sepulcro para iluminarnos con su valerosa palabra
*Yo creo que la opinión, si puede ser error, jamás puede ser un delito, nos recuerda
*Podrán cortar todas las flores, pero nunca podrán impedir la llegada de la primavera, sentencia Ricardo Flores Magón
Hoy como ayer, el ejercicio del periodismo implica para quienes lo ejercemos muchos riesgos, desde una simple amenaza verbal, a una presión a los directores de los medios para que despidan a un periodista incómodo para la clase gobernante que ante la crítica constructiva ve amenazados sus intereses. Desde el porfiriato las cosas en este reglón no han cambiado mucho, los comunicadores siguen siendo objeto de represión por decir la verdad, por denunciar las corruptelas de los funcionarios públicos, sean éstos del nivel que sean, queda claro que investidos de poder se sienten los dueños de la más preciada libertad que nos dio la naturaleza, por supuesto que me refiero a la libertad de expresión consagrada en los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos.
Ayer, los periodistas andaban a salto de mata, muchos de ellos para proteger su integridad escribían con pseudónimo. Existen muchos casos ilustrativos que por cuestiones de espacio sería imposible enumerarlos todos, basta recordar la agitada vida periodística de los hermanos Flores Magón, especialemente del más combativo revolucionario liberal, Ricardo Flores Magón, quien según la historia fue uno de los más acérrimos críticos del dictador Porfirio Díaz. Ricardo Flores Magón murió en las frías mazmorras porfirista, pero ni en el último momento claudicó en su lucha.
Si la memoria no me es infiel a él pertenece esta brillante frase: Podrán cortar todas las flores pero nunca podrán impedir la llegada de la primavera, con lo que advertía evidentemente que el gobierno despótico de Díaz podía acabar con la vida de algunos periodistas, pero por cada uno que asesinaran brotarían miles, y Flores Magón no se equivocó, porque afortunadamente, y a pesar de que la mentalidad de los gobernantes no ha cambiado, hay muchos hombres y mujeres valientes que han seguido ejerciendo la profesión más peligrosa, porque quienes nos dedicamos al ejercicio periodístico sabemos de antemano que nos jugamos la vida o la libertad cada día.
En este contexto, podemos apreciar el caso más reciente de la periodista Anabel Hernández, quien recientemente fue galardonada con el premio pluma de oro de la libertad 2012, premio que le otorgó la Asociación Mundial de Periodistas y Editores de Noticias, el galardón le fue concedido por su gran valor para escribir el libro Los señores del narco. En este libro, la comunicadora denuncia, previa investigación, las relaciones entre el narco, los políticos y algunos empresarios.
En su obra, señala que con motivo de la captura de Joaquín Guzmán Loera se distribuyó la suma de un 1 millón de dólares de recompensa, de los cuales fueron repartidos 600 mil dólares. Sin embargo, la escritora asegura que nadie supo que pasó con los otros 400 mil dólares de la recompensa. En este sentido, insinúa que el ex procurador general de la república, Jorge Carpizo McGregor, se quedó con ellos, justamente por esta afirmación el ex rector de la UNAM enderezó una demanda en su contra, aduciendo que la periodista no tiene elementos probatorios para haber hecho un señalamiento temerario, que según Carpizo, los juicios vertidos en el libro de Anabel Hernández, son falsos como insidiosos que dañan su fama pública, por esta razón decidió demandarla por la vía civil, obviamente, por la reparación de daños y perjuicios.
Pero el caso de Anabel Hernández, no es el único, existe el antecedente que se dio en 2011 contra la periodista Carmen Aristegui, quien también sufrió las represalias por haber hecho público que el presidente de la República, Felipe Calderón es un empedernido dipsómano o alcohólico. Aristegui fue despedida del medio en que trabajaba, aunque gracias a la presión social se sabe que fue reinstalada en su trabajoy así podríamos citar una serie de atropellos cometidos contra periodistas, desde los más destacados hasta a los más modestos reporteros provincianos. Muchos han corrido la suerte de ser solamente demandados, pero muchos otros no han tenido la misma suerte, porque su osadía de criticar al poder público les ha costado la vida por hacer uso de la libertad de expresión, la cual permite informar a la sociedad del quehacer de los gobernantes que no admiten se pongan al descubierto sus arbitrariedades.
Por tanto, pese a que el Estado tiene la obligación constitucional de salvaguardar la libertad de expresión, es evidente que deja mucho que desear en este delicado asunto. Pareciera ser cómplice o estar de acuerdo en que la libre expresión de las ideas sea ultrajada impunemente, y pareciera que no se da cuenta de que cuando se ataca al periodista, en realidad se está agraviando a la sociedad, verdadera titular del derecho a la información. Hoy, igual que ayer, el gremio periodístico trabaja en el remolino de la represión más insensata, la mayoría de las veces, por las autoridades pero en no pocas ocasiones por particulares que se dedican a actividades ilícitas, en consecuencia, el riesgo que se corre por escribir la verdad, lejos de disminuir se acentúa.
En este contexto, conviene recordar las sabias palabras de Francisco Zarco, quien al referirse, por supuesto, a la libertad de expresión, escribió con agudeza magistral: He creído mi deber tomar parte en este debate porque soy uno de los pocos periodistas que el pueblo ha enviado a esta asamblea, porque tengo en las cuestiones de imprenta la experiencia de muchos años, y la experiencia de víctima, que me hace conocer inconvenientes que pueden escaparse a la penetración de hombres más ilustrados y más capaces, y porque, en fin, deseo defender la libertad de prensa como la más preciosa de las garantías del ciudadano y sin la que son mentira cualesquiera otras libertades y derechos.
Francisco Zarco dice: Se establece que es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos en cualquier materia. Perfectamente. En este punto estoy enteramente de acuerdo, porque la enunciación de este principio, es un homenaje del legislador a la dignidad humana, es un tributo de respeto a la independencia del pensamiento y de la palabra. Yo creo que la opinión, si puede ser un error, jamás puede ser un delito. En efecto, el argumento de Francisco Zarco es contundente, pero lamentablemente, a 183 años de esta brillante exposición, mejor aún, de esta precisión de que la opinión puede ser un error, nunca podrá constituir un delito por su emisión, es preferible, pienso, que más valer caer en el abuso de esta libertad, a que sea suprimida por la vía de las armas, por las amenazas, por el encarcelamiento o por el asesinato de los periodistas.
Creo, además, que los gobiernos sean de la estirpe que sean deben respetar la más sagrada y valiosa libertad que le dio la naturaleza al hombre, porque ésta no es una concesión graciosa de los gobernantes, es un derecho consustancial al ser humano y debe ser respetado sin ninguna restricción, no obstante a que el periodista pueda caer en ciertos errores, como atinadamente escribió el duaranguense Francisco Zarco.