Por Agustín Almanza


Ring, riiing Alguien toca la campanilla ¿Quién será? Abro la puerta y déjalos entrar, dice Jaime Pablo a Linda ¡Sorpresa! Es un empleado del IFE que lleva la notificación a la señora de que ha tenido el gran honor de haber sido elegida como representante de casilla –casi, casi debería de dar gracias a Dios por ello- Pero la dama rechaza ese democrático privilegio, digno de los dioses del Olimpo Y es que –como la gran mayoría de los mexicanos- ya está hasta la mad, de la repetitiva spotisa –no se vaya a leer o escribir mal, por favor- de los sangrones mentirosos y demagógicos candidatos, de todos los partidos que concursan en la rifa del pastel mágico que los dotaría ¡ipso facto! De una personalidad casi divina, infalible, como los Papas, sabios y cultos –aunque no hayan leído ningún libro y sí solo están perfeccionando el arte fabuloso de la autocontemplación en el espejo mágico, de saber que tendrán, al momento de casi gritar estentóreamente lo exigido por nuestra Carta Magna, en su Artículo 87 –que siempre se lo han pasado por el arco del triunfo- real y verdaderamente un hermoso rostro – como el de la Chepy, verbi gratia-, o que, por el amoroso mandamiento del pueblo, el futuro mesías, en su adviento profético, sanará de su ancestral esquizofrenia. Total: que solo ellos, cada uno aparte, debe ser elegido del inteligente pueblo por el cual piensan sacrificarse seis largos años.


Y así, como el pan de muertos de cada día, el fanatizado lumpen proletario será el nuevo esclavizado por charlatanes de la política, los cuales sólo buscan el beneficio propio, su encumbramiento al poder y el sabroso manejo a su nefasto antojo del dinero –los miles de millones que se recaudan- de nuestros impuestos, y así poder gritar desde ese trono ya muy cebado por la corrupción, la impunidad y la complicidad legalizada por la organización: !Adórenme y multiplicaré los pares y los peses!.


El enviado electoral no fue recibido, como se vé en los spots tendenciosos de la caja idiota cuyos dueños y empresarios también forman parte de esa delincuencia organizada, con aplausos de júbilo, sino con rechazo. Al respecto, y por mera curiosidad, la señora Linda pregunta que, de aceptar cuanto iba a ganar ¡Nada! Fue la respuesta. Sólo el grandísimo honor y satisfacción de haber sido elegida.


Los políticos y la alta burocracia –pensó- ganando grandes sueldos, los candidatos derrochando nuestro dinero, son sacrificio conseguido, exigen a la ciudadanía que les trabaje gratis, con un horario para ilotas. Los del IFE son otra sarta de zánganos parásitos que quieren –están- imponiendo un trabajo forzado para un gobierno que sólo se acuerda de los habitantes para cobrarles o para ver que más les saca. Esta vez el pensamiento se hizo palabra y la palabra se manifestó en coraje. Así la puerta se cerró detrás del empleado y nunca más volvió aparecer.


¿Y usted, sagaz lector, por quién vá a votar? Yo por el Mochilongo, a Gui Gui.


Finis Terrae: esas palabras de la Chepy o las cacayacas deslenguadas y ofensivas para el humilde pueblo mexicano dichas, vía Twiter, por la nena pop; del intelectual del copetín enmielado –¡Que fea regazón de esa muchacha que traga con manteca gracias a nuestros impuestos, lo mismo que su envaselinado progenitor del Gel-Boy? Lo de la pepa si sonó peor, y nos referimos a los del lavado de dinero