Por: Juan Fregoso

A escasos meses de que se lleve a cabo la elección presidencial, ningún candidato ha podido construirse una imagen benefactora que convenza a los electores. En esta columna hemos señalado que el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, la panista Josefina Vázquez Mota, como también el perredista, Andrés Manuel López Obrador, se han perdido en discursos sosos, superficiales, que en realidad no proponen nada concreto para sacar al país de la crisis en que se encuentra, y en este sentido, el pueblo se encuentra totalmente desorientado sin saber a quien le dará su voto el 1 de julio.

Es verdad que las encuestas colocan como puntero—hasta este momento—a Enrique Peña Nieto, pero esto no garantiza que el mero día de la elección el escenario pueda cambiar radicalmente, dado a que existe un alto porcentaje de indecisos, es decir, de aquellos que aún no definen la intención del voto. A principios de abril, Peña Nieto se ubicaba con un 37. 4 por ciento, seguido de Josefina Vázquez Mota, con un porcentaje de 19. 3 por ciento, mientras que Andrés Manuel López Obrador apenas alcanzó un 12. 7 por ciento.

En este contexto, se podría asegurar que si a principios de abril se hubieran celebrado las elecciones, Enrique Peña Nieto se hubiese alzado con el triunfo. Sin embargo, existe un factor que no se puede soslayar, a menos que se quiera pecar de ingenuo y la ingenuidad en política se paga muy caro, esto está comprobado históricamente.

El factor que puede dar un giro a este proceso electoral es el alto índice de ciudadanos indecisos, algo así como un 30 por ciento, este alto porcentaje—como en otros comicios—podría definir el rumbo de la elección, ya que regularmente, los indecisos acaban sufragando por el candidato más débil, es decir, por aquel al que las encuestas lo ubican en la última posición.

Aquí cabe el símil de la rueda de la fortuna, esto es, el que hoy se encuentra en la cúspide de ese círculo electrónico, mañana puede estar abajo y viceversa, es una especie de juego de sube y baja, que sólo los irresolutos decidirán en su momento a quien mantienen en la parte superior, así ocurrió en 2000, cuando ganó la presidencia el panista Vicente Fox Quesada, dejando con un palmo de narices al candidato del PRI, Francisco Labastida Ochoa, y así ocurrió también, en 2006, con Felipe Calderón.

Aunado a todo esto, el candidato del PRI arrastra con el estigma de muchos correligionarios que han dejado una huella indeleble de una corrupción brutal, entre los que se cuentan el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, y de los ex gobernadores, Arturo Montiel, Humberto Moreira—creador de las ya famosas Farmacias de la Gente—así como de Ulises Ruiz, entre otros dinosaurios de la era mesozoica del alto cretáceo, los tyrannosaurios, auténticos depredadores de más de siete metros de altura y afilados colmillos no menores de quince centímetros de largo.

Esta es la ominosa sombra que distingue la campaña política de Enrique Peña Nieto, el galán de Televisa, quien le apuesta no a su proyecto político sino a su cara bonita, como alguna vez lo dijo públicamente; le apuesta, también, al voto femenino ya que algunas mujeres—le han manifestado al columnista—que votarán por él por el simple hecho de estar guapo, sin embargo, hay un sector de mujeres con preparación académica que opinan todo lo contrario; tiene más importancia el intelecto que una cara bonita, porque no se puede gobernar con la apostura varonil, sino con la inteligencia, es decir, de qué sirve tener un presidente de la República guapo pero que tiene la cabeza hueca, me comentó una prestigiada profesionista, en alusión al candidato priísta, quien se ha caracterizado por sus garrafales deslices dentro y fuera del país.

Pero no solamente el candidato del PRI es enjuiciado por la gente pensante, también la panista Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, están bajo el escrutinio público. Tocante a la candidata del PAN, su mayor obstáculo lo constituye el haber sido pieza clave del gobierno calderonista, cuyo sello ha sido la violencia más atroz; más de 60 mil muertos, miles de desaparecidos y cientos de secuestrados en este sexenio, acotan las posibilidades de Vázquez Mota para que gane la presidencia.

Ante esta situación, con el deliberado propósito de ganarse la voluntad de los electores, la candidata del albiazul promete que de llegar a la presidencia implementará la pena capital, lo que evidencia su estrecha visión política porque no se puede resolver la violencia con más violencia, allí está el ejemplo nítido de Estados Unidos, en donde en algunos estados se aplica la pena muerte, y sin embargo, el índice delictivo no se ha podido frenar, lo que demuestra que esta salvaje medida no es la solución para evitar la ola de crímenes, lo que propone Josefina Vázquez Mota es una medida retrógrada, muy significativa, porque revela el continuismo del gobierno calderonista. La receta que nos quiere dar doña Josefina, prescribe las mismas medicinas de Felipe Calderón, en otras palabras, su proyecto de gobierno persigue dar continuidad a un estilo de gobernar basado en la ley del garrote.


Por su parte, Andrés Manuel López Obrador nos ofrece un gobierno amoroso, luego de que en 2006, se irguió como una especie de patriota vernáculo, en un crítico mordaz de Felipe Calderón, a quien calificó de espurio por haberle arrebatado la presidencia de la República. Pero ahora, sorpresivamente, cambió de parecer, el Peje se volvió tierno, cariñoso, al grado de enorgullecerse de que ya perdonó al usurpador. ¡Por favor!, de veras se necesita ser demasiado hipócrita para lanzar estas soberbias palabras salidas de un hombre que se autocalifica de izquierda; en la guerra—y la política lo es—no puede haber reconciliación entre el enemigo, so pena de ser aplastado por éste y esto cualquier político imberbe lo sabe, entonces a que está jugando el Peje, a volver perder y negociar algunos privilegios, pues no hay que olvidar que el tabasqueño traicionó a Cuauhtémoc Cárdenas, aliándose—igual que los panistas—a Carlos Salinas de Gortari, para legitimar su cuestionado triunfo, y para ello, basta con consultar la hemeroteca para demostrarle al candidato de las izquierdas que es un salinista a ultranza, y no lo que nos quiere hacer creer ahora, el Benito Juárez del siglo XXI.