Juan Fregoso

*Enrique Peña Nieto, cautivo de los más rancios oligarcas

*Carlos Salinas, José Córdoba Montoya y Santiago Levy, sus verdaderos adversarios

*Son los responsables de su primera caída en las encuestas

*Al parecer, todo indica que los tyrannosaurios quieren perderlo

El ligero giro que acaba de dar la contienda electoral por la presidencia de la República, al caer Enrique Peña Nieto 3 puntos porcentuales en tan sólo un mes, igual que la panista Josefina Vázquez Mota, el escenario ha cambiado radicalmente. Peña, a dos meses aproximadamente de que se realicen las elecciones ha comenzado a perder terreno, mientras que el candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador ha comenzado un paulatino pero firme ascenso que mantiene preocupados a sus adversarios.

La caída de Enrique Peña Nieto se ubica en la lógica del no querer cambiar, podríamos decir con mayor exactitud del no poder cambiar, dado a que el candidato priísta es cautivo de verdaderos dinosaurios que han dañado al país, esto es más que evidente y el propio candidato lo sabe, sólo que no puede romper con las viejas reglas del sistema político mexicano.

Línea Crítica ha venido señalando insistentemente que el mexiquense necesita ser él mismo, tomar sus propias decisiones, deslindarse de la caterva de rufianes que lo rodean; retomar los postulados ideológicos del Partido Revolucionario Institucional para poder infundir confianza en el pueblo mexicano, sobre todo, en aquellos sectores de alta marginación.

Empero, está visto que Enrique Peña Nieto, no podrá deshacerse de la escoria política que lo tiene cooptado, porque si tuviera el atrevimiento de hacerlo se colocaría en la misma posición que el malogrado Luis Donaldo Colosio Murrieta, cuya rebelión le costó la vida al romper las reglas no escritas de la política. Al violarse el código secreto con que se construyen todos los acuerdos pre y pos electorales, todo candidato priísta corre el riesgo de ser destruido políticamente, o de sufrir algún accidente que lo podría dejar inhabilitado para continuar con su campaña, porque el poder es amoral y en aras de conseguirlo o retenerlo se llega hasta el crimen como ya ha quedado impreso en la historia.

Desde esta perspectiva, todo indica que Peña Nieto no puede romper ese círculo perverso, so pena de ser inmolado como el sonorense que vio un pueblo sediento de justicia y tantas otras iniquidades perpetradas por la oligarquía más despiadada, y donde sobresalen las figuras de Carlos Salinas de Gortari y de José Córdoba Montoya, quien fungió como el asesor más influyente durante el salinato. Pero no solamente resalta el asesor incómodo en el equipo de campaña del candidato del tricolor, sino también el ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, quien bajo las órdenes de Carlos Salinas, fue una de las piezas clave para las privatizaciones y para la construcción del Tratado de Libre Comercio, entre otras atrocidades que terminaron dañando el tejido social de México.

También dentro del equipo de Enrique Peña Nieto destaca la figura de Santiago Levy, ex director del IMSS en el gobierno del guasón de Vicente Fox Quesada; Levy, tiene una personalidad camaleonesca en razón de que lo mismo sirve al PRI que al PAN, o a cualquier partido político que le abra los brazos, el asunto es seguir encapsulado en la esfera dorada del poder. Es un mercader de la política, no tiene una ideología definida, simplemente como la veleta se inclina por donde más le favorecen los vientos políticos.

Por tanto, Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe Armella y Santiago Levy, son los principales operadores políticos de Enrique Peña Nieto. Pero aun con toda la experiencia que tienen estos tyrannosaurios, parecen estar fallando en la instrumentación de la campaña peñista, de lo contrario, el mexiquense no hubiese caído en las tendencias electorales con 3 puntos porcentuales. Pero el dato de más peso que ha influido en la reciente caída del candidato se debe, indudablemente, a que estos tres personajes ya fueron condenados por los mexicanos, como consecuencia de su corrupta actuación cuando tuvieron el control del país, y al cual entregaron al imperio estadunidense sin el más mínimo decoro.

Sorprende, pues, que Peña Nieto—joven en comparación con sus brillantes asesores—comulgue con las ideas arcaicas y desfasadas de depredadores del sistema político mexicano. Peña Nieto se verá en serios apuros, a partir de ahora en que ya se conocen a la perfección quienes son los artífices de su campaña, por consiguiente, no nos sorprenda que en los próximos días vuelva a perder más puntos, si esto llegare a ocurrir, el ex gobernador mexiquense llegaría forzadamente al 1 de julio y con muchas probabilidades de perder la elección presidencial.

En este escenario, a los asesores del priísta sólo les quedaría una opción para hacer ganar a Enrique Peña Nieto, lo que quiere decir que se tendría que recurrir a las alianzas mezquinas entre PRI y PAN, esto es, como antaño volvería esa simbiosis conocida como el PRIAN, ante el riesgo de que el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, se siga fortaleciendo e impedir de esta manera su ascenso a la presidencia de la República.

Este burdo e impúdico ejercicio ya lo practicó el PRI, cuando Carlos Salinas se vio contra las cuerdas por el entonces candidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Salinas, entonces, no solamente fue apoyado por el gobierno estadunidense sino por la Santa Sede,—hoy representada por Benedicto XVI, un sujeto con antecedentes nazistas—y que recientemente visitó México, aunque no precisamente con fines pastorales sino políticos, Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI, vino a apuntalar la candidatura de la panista Josefina Vázquez Mota, y esto nadie podrá negarlo, porque si hay un partido político afín al Vaticano por su alto grado de catolicismo es el PAN.

Mas como ahora, el escenario político electoral ha empezado a desdibujarse, no es aventurado suponer que, tanto el gobierno estadunidense como el Vaticano, decidan sumarse para consolidar la figura del PRIAN, la santa alianza para vencer al adversario, ante la imposibilidad de hacerlo solo ya está aceitando su maquinaria para consumar un fraude electoral más.

Empero, esta alianza no tendrá los mismos tintes de antaño, o sea, las circunstancias de hoy son diametralmente opuestas entre PRI y PAN, debido a que este gobierno encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, se ha caracterizado por un alto grado de belicosidad, llegando al asesinato bajo el argumento de combatir el crimen organizado. Por tanto, de llevarse a la práctica la simbiosis entre el PRI y el PAN, más que una santa alianza, sería más bien un pacto diabólico, en el que gran perdedor, evidentemente sería Enrique Peña Nieto, aun se alzara con el triunfo, porque su victoria quedaría en entredicho, cuando lo que se quiere son unas elecciones limpias, incuestionables, que no dejen ninguna de duda de la pulcritud de los resultados.
Para concluir, sólo me atrevo a decir que el verdadero adversario de Enrique Peña Nieto, no es el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, porque en realidad el adversario a vencer no está fuera, sino dentro del mismo PRI, y tiene nombres y apellidos: Carlos Salinas de Gortari, José Córdoba Montoya y Santiago Levy, entre muchos otros, que se encuentran agazapados, atentos y en espera del rumbo que habrá de seguir el proceso electoral.