Por: Juan Fregoso
Pese a todos los esfuerzos que hace el presidente de la República, Felipe Calderón, por posicionar a su delfina Josefina Vázquez Mota, no puede conseguirlo. La campaña de la panista es una campaña tan gris como lo fue en su momento la del propio Calderón, quien le apostó su éxito a la televisión, en este sentido, el entonces candidato entregó su aval a la Ley Televisa, incitando un odio enfermizo contra Andrés Manuel López Obrador, y la campaña negra contaba con el imprimátur del ex presidente Vicente Fox Quesada, incluso de las cúpulas empresariales que se identificaban con el hoy presidente.
Sin embargo, Felipe Calderón terminó su búsqueda de la presidencia de la República con una huella que enturbió su propaganda, supuestamente de manos limpias, esto es, el tráfico de influencia quedó al descubierto. Baste recodar el escándalo suscitado por su cuñado Diego Hildebrando Zavala del Campo, aquel que no cumplió su compromiso de exhibir la presunta cesión de acciones de su hermana y socia Margarita Zavala en la empresa que ostenta su segundo apellido. Por entonces, se acumularon muchas evidencias del tráfico de influencias de los integrantes de su campaña y del propio Partido Acción Nacional.
Cuando Felipe Calderón inició formalmente su campaña, justamente el 19 de enero, fue perseguido por el fantasma de los hijos de Marta Sahagún—la mujer que soñó con suceder a su esposo en la primera magistratura—; Calderón nunca se deslindó de los actos de corrupción de los Sahagún Bribiesca, supo eludir el escándalo, prometiendo que se llevaría a cabo una exhaustiva investigación, que por supuesto, ungido ya como presidente se olvidó por completo de las malas acciones de los hijos de su antecesor, situación que lo colocó mucho más debajo de las preferencias electorales que de por sí no le favorecían.
En el umbral de aquellas elecciones tan polémicas, a Calderón lo alcanzaron otros casos calificados de abuso de poder político, en los cuales él y sus comparsas fueron los principales beneficiarios. Tal es el caso de Juan Bueno Torio, a la sazón candidato a senador por el estado de Veracruz, así como el de su íntimo amigo y vocero del PAN, César Nava, quien fuera abogado de Petróleos Mexicanos (PEMEX).
Más aún, según consignó en ese tiempo la prensa nacional existían documentos que sustentan la adjudicación de contratos del gobierno de Vicente Fox y de gobiernos panistas a la empresa Electronic Publishing, S. A. de C. V., propiedad de Enrique Madero Muñoz. Madero Muñoz, era entonces, diputado federal con licencia y candidato a senador por el estado de Chihuahua, y fue hasta abril de ese año, presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados.
Uno de los contratos, por 4 millones 600 mil pesos, se lo cedió la Secretaría de Energía, justamente cuando Felipe Calderón era su titular, en evidente violación a la Ley de adquisiciones, la cual en su artículo 50 prescribe que las dependencias y entidades de la administración pública federal deben abstenerse de recibir propuestas o celebrar contratos en las materias a las que se refiere dicha ley con las personas que se indican.
En la fracción II de la ley en comento se precisa a un conjunto de éstas: Las que desempeñen un empleo, cargo o comisión en el servicio público, o bien, las sociedades de las que dichas personas formen parte (). Este fue el caso de Enrique Madero Muñoz, miembro del Consejo Estratégico de la campaña de Felipe Calderón en Chihuahua, quien es accionista de la empresa Electronic Publishing, S. A. de C. V., como consta en el acta constitutiva que se publicó en su tiempo, y el director de esta empresa es el cuñado de Calderón, José Martín Falomir.
Estas y muchas otras corruptelas cometió Felipe Calderón cuando fungió como funcionario y cuando ya era candidato a la presidencia de la República, por eso no es de extrañar que ahora su comportamiento como primer mandatario siga brillando por su peculiar estilo de gobernar. Pero lo que hizo entonces—para ser un poco benevolentes—no se compara en nada con lo que hoy ha venido realizando: Una política brutal manifestada en una guerra absurda que ha costado miles de vidas, y sin duda, esos miles de crímenes quedarán impunes porque en México los ex presidentes todavía siguen siendo intocables.
Así pues, con tales accedentes Felipe Calderón por más esfuerzos que haga por llevar a la presidencia a Josefina Vázquez Mota, no podrá lograrlo. La pesada lápida que carga la candidata panista, heredada por el todavía presidente constituye su mayor obstáculo para llegar a la meta trazada, simple y llanamente, porque las atrocidades cometidas por Calderón le son atribuidas a ella, quien ha sido pieza clave en este agónico sexenio.
Para decirlo de otro modo, Josefina Vázquez Mota representa la misma encarnación del calderonismo, es decir, que si ganara la presidencia seguiría aplicándose la misma política violenta, cuando la sociedad mexicana lo que reclama es vivir en un clima de tranquilidad, pero para muchos—la mayoría de mexicanos—este cambio no lo garantiza la candidata del PAN, por eso, en vez de subir en las preferencias, Josefina Vázquez va de bajada, se precipita al vacío, a una derrota fatal.