Por Óscar Verdín Camacho

A Sandra García García le quedó grabado para siempre el comentario de una mujer, a la que dio seguimiento a raíz de que era golpeada en su casa, por su esposo: tantos años que tardé para llegar aquí. Si ustedes le están entrando por mi, yo le entro por mi
Por su parte, María del Carmen Covarrubias Pérez apunta los golpes aún visibles en el cuerpo de un hombre que no fue lesionado en una riña callejera, sino en su propia casa, por su esposa. Y no era la primera vez.
Ambas son psicólogas que laboran en el Centro de Justicia Familiar en Tepic, desde su creación en el año 2006.
Con numerosos casos de violencia en parejas atendidos, explican que generalmente el hombre que golpea a su mujer busca un poder permanente, machista, de tal forma que la somete física y psicológicamente, pero también para intentar ocultar sus miedos, sus traumas, su miedo a sentirse rechazado o débil frente a una mujer.
Sandra García indica que el hombre agresivo generalmente trata de hacer sentir culpable a la mujer de diversas situaciones o la debilitará diciéndole que está fea o gorda, pero no aceptará que sea guapa porque es algo a lo que teme y que jamás externará. Y frente a ello, muchas de las mujeres padecen una baja autoestima y lejos de marcar límites, son manipuladas y sienten que no pueden ser autosuficientes y seguir adelante sin ellos.
Ellas se la creen, de verdad se sienten inútiles y le tienen miedo a la reacción. Temen que si dejan a sus esposos estos van a ir a buscarlas y volverán a golpearlas y así continúa ese círculo. Hay quienes tienen así más de 20 ó 30 años, toda su vida en pareja.
A su vez, María del Carmen Covarrubias observa que en los casos de violencia de la mujer hacia el hombre, hay influencia –incluso justificada por los involucrados- si ella cuenta con mayores ingresos económicos que él, puesto que en nuestra sociedad está arraigada la imagen de que el hombre es el proveedor del hogar. Entonces, en estos casos el hombre enfrenta una devaluación profunda al sentir que no lleva la batuta en su casa y su autoestima es muy baja.
Lo más triste es que la violencia en la pareja se vea como algo normal entre quienes la viven. Tienen que saber que no están solos, que hay medios de apoyo y que no es lo último en sus vidas, señala Sandra García.
María del Carmen agrega que hay quienes sólo aceptan la violencia, refiriéndose al aspecto físico, pero justifican las agresiones verbales, las humillaciones.

EL PRIMER PASO
Ambas psicólogas coinciden en que una de las partes más difíciles para quien padece violencia de todo tipo en pareja es aceptar la situación y buscar ayuda profesional..
Y es que, apuntan, es tal la baja autoestima de la parte agraviada que se siente sola. Aquí, por ejemplo, observan que muchas veces los familiares cercanos –padres, hermanos- suelen externar más violencia, gritos, regaños por la situación, en lugar de hacer sentir que cuentan con ellos para enfrentar la crisis. Es otro factor por el que la mujer que sufre violencia se encierra más en si misma.
Explican que quienes acuden a terapia y sienten el apoyo, empiezan a aplicar medidas, a marcar límites para que la violencia no aparezca más, pero si se presenta pueden tomar decisiones, como terminar la relación. A ello se llega cuando han recuperado la autoestima y perdieron el miedo al agresor. Es cuando se dan cuenta que durante muchos años se dejaron humillar, golpear.
Coinciden en que esta problemática se presenta en todos los niveles sociales, aunque por su condición de institución de gobierno, al Centro de Justicia Familiar acuden personas de bajos recursos.

LOS HIJOS, CLAVE
De acuerdo con la experiencia laboral, García García y Covarrubias Pérez explican que ha habido asuntos en los que, aun cuando las mujeres dieron el primer paso para ir al Centro de Justicia, en realidad se detectó que eran ellas quienes provocaban la violencia.
Apuntan que en estas dolorosas situaciones, los hijos suelen ser clave para que los padres acepten el daño que les están causando, y es que generalmente niegan la responsabilidad.
Sandra García ejemplifica que atendió un caso en el que el hombre golpeador terminó por tocar fondo cuando le demostraron los patrones de conducta, inadecuados, que tenían sus hijos, a raíz de los escándalos que ocurrían en casa.
Cuando se dan cuenta que no es casualidad que los hijos se orinen en las noches aunque ya están grandes, cuando se comportan rebeldes, cuando bajaron de calificaciones y están tristes y aislados, entonces ahí están los resultados y claro que hay responsables.
Para la directora del Centro de Justicia Familiar, Laura Fonseca, en lo que va de la administración estatal –que inició en septiembre pasado-, se han atendido más de 17 mil asuntos de diversos tipos.
El número ha crecido, dice, por la difusión que se le está dando.
Con psicólogos, médicos, personal de trabajo social, agentes del Ministerio Público, policías estatales, el Centro de Justicia Familiar trabaja todos los días del año y además del número de emergencias 066, la ciudadanía puede comunicarse al teléfono 1295000 para casos de emergencia relacionado con la violencia en el hogar.
Sandra y María del Carmen apuntan que no han sido pocos los casos en que, reconocida la violencia, la mujer como el hombre apenas pueden hablar o se sueltan en lágrimas.
Y aunque hay quienes pueden superar la situación, también se presentan muchos casos donde la relación de pareja termina para siempre.