Por: Juan Fregoso

Aunque muchos no lo quieran admitir, el candidato del PRI a la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, en los últimos días ha venido cayendo en las preferencias electorales, por supuesto que esto no significa que todo esté perdido para el mexiquense, simplemente que el escenario político electoral se va desdibujando, adquiriendo otros matices que le dan un toque único, muy especial y muy diferente de cuando arrancó la carrera presidencial.

Esta situación es innegable, y es inconcebible, que el propio equipo de campaña del candidato tricolor no lo sepa. Desde luego que lo saben. Saben que aun con todo el respaldo de las televisoras Enrique Peña Nieto comienza a desinflarse, a perder popularidad, la misma que le ha confeccionado desde hace años principalmente Televisa.

Sin embargo, los medios electrónicos no fueron capaces de prever las protestas de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, en donde los universitarios recibieron al candidato priísta con frases cargadas de altos decibeles que, se acepte o no, causaron preocupación en los operadores políticos de la campaña peñista, incluso el enfado del propio candidato a quien no le quedó más remedio que apechugar ante el descontento y muestras de rechazo de los estudiantes que ondearon la bandera de la inconformidad, del repudio hacia un candidato manejado por la fauna de políticos marrulleros, los cuales, en última instancia serían—junto el duopolio televisivo—los verdaderos detentadores del poder político en México.

Por esta razón, el 18 de mayo, el acceso a Televisa fue bloqueado para evitar el alud de estudiantes que marcharon hasta las instalaciones de la poderosa empresa portando el lema de ¡Unión Universitaria! Sin embargo, esta vez, no solamente fueron los jóvenes de la Ibero sino que a ellos se sumaron alumnos del Instituto Tecnológico de Monterrey, de la UNAM, de la Universidad Anáhuac, Lassallistas, ITAM y del Instituto Politécnico Nacional.

Todos los estudiantes cuestionaron la perversa intromisión en la campaña de Enrique Peña Nieto de ese monstruo llamado Televisa, consorcio que a toda costa quiere imponer al candidato del Grupo Atlacomulco, en el cual sobresalen las figuras de Carlos Salinas de Gortari, José Córdoba Montoya, la eminencia gris del salinato, y sobre quien recayó la sospecha del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta.
Córdoba Montoya jamás piso la cárcel, ni siquiera fue investigado porque estaba—y está protegido—por Salinas de Gortari, quien ahora lo premia colocándolo como asesor de su hijo político, el hoy candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. La caterva de dinosaurios que tanto dañaron al país vuelven por sus fueros, y Peña Nieto, no es más que cera en sus manos, moldeable a todo lo que estas brillantes mentes le dicten porque él es incapaz de tomar decisiones propias, por más que pretenda vendernos la idea de que él es el que habla. Peña no es más que el muñeco a través del cual se expresan los salinistas para embaucar a los electores potenciales, como se puede apreciar en sus discursos pronunciados valiéndose del Teleprompter, porque es incapaz de hilvanar un discurso coherente sin el empleo de este medio electrónico.

Con todo, el candidato del PRI se mantiene—parafraseando al guasón de Vicente Fox—a la vanguardia en las preferencias electorales, con un máximo y un mínimo de 45-37 por ciento, mientras que Josefina Vázquez Mota, se ubica en un 29-18 por ciento, aunque algunas encuestas la esquematizan en un empate técnico con el candidato del PRD. AMLO, según las encuestólogos, ocupa el tercer lugar, con un máximo y un máximo de 27-18 por ciento.

De acuerdo con la empresa Mitofsky, Enrique Peña Nieto tiene un porcentaje real de 38 por ciento, seguido de la candidata panista con un 21 por ciento, en tanto Andrés Manuel López Obrador tiene un 19 por ciento. Pero este no es más que el juego de las encuestas, puesto que hay otras firmas serias que indican que tras la manifestación estudiantil, Peña cayó estrepitosamente varios puntos porcentuales en las preferencias del electorado y que el candidato de las izquierdas subió, mientras que la panista se mantiene en una especie de impasse, lo que significa que se encuentra literalmente atorada, sin poder avanzar, pues la sombra del calderonismo le obstaculiza subir más.

Pero con todo y que Enrique Peña Nieto se siga manteniendo en el primer lugar, algunas decisiones erróneas tanto de él como de su equipo de campaña han encendido los focos rojos por los menos en cinco estados; Veracruz, Tabasco, Morelos, Chiapas y Oaxaca, son campo minado para las elecciones de 1 de julio.

En estas entidades existe mucha inconformidad por las imposiciones de candidatos a diputados federales y senadores, debido a que son los mismos de siempre y mantienen fuertes vínculos con el Grupo Atlacomulco; por si fuera poco, el presupuesto destinado a los candidatos a diputados y senadores ha sido desviado para la campaña de Enrique Peña Nieto, lo cual no ha gustado a muchos de sus correligionarios que con estas acciones ellos ven limitado su presupuesto para desarrollar una campaña de altura.

En este contexto, el resultado de las elecciones de julio son de pronóstico reservado, tomando en cuenta todos los incidentes ocurridos en las últimas semanas y que no han sido nada favorables para el candidato priísta, al cual, tanto los universitarios como la prole de Oaxaca y otros estados, le han manifestado su repudio, con filosas palabras, como ¡asesino!, ¡fuera, fuera!, la Ibero no te quiere,

Mientras que el pueblo de Oaxaca mediante pancartas lo enfrenta con sentencias que rezan: Los oaxaqueños tenemos memoria y no te haremos presidente, entre otras frases lapidarias que exhiben el malestar de un país humillado por la oligarquía que arrastra también con el pesado lastre del 68, que la memoria histórica se niega a sepultar, al contrario, es una divisa que ha venido recorriendo la nación desde hace cuarenta y cuatro años, y que en este 2012, parece erguirse nuevamente para alzar su voz frente el autoritarismo.

Así pues, igual que ayer, los juventud universitaria retoma la bandera de la reivindicación social y política ante la imposición de un candidato que no emana del pueblo, sino que es hechura de un grupo de potentados en donde descuella prominentemente la televisión, el instrumento idiotizador de las masas que no tienen ilustración alguna, y por lo mismo, presa fácil de ser engañada con palabras adornadas con fina demagogia por los políticos de siempre.