Por Fernando Gutiérrez Meza

Los últimos días hemos sido testigos por medio de diversos medios sobre la asistencia de candidatos a instituciones educativas tanto privadas como públicas, sin que alguno pueda decir que se llevara los aplausos al cien por ciento de los jóvenes estudiantes, sino al contrario les han cuestionado el trabajo a los abanderados tanto de un lado como del otro.

Tanto los del PRI, PRD, PAN y Nueva Alianza son conocidos hasta en la sopa por tantos spots que manejan en la televisión en que presentan sus mensajes y proyectos de trabajo, pero el alumnado se ha convertido en una clientela muy exigente y pareciera que ninguno los convence, sabedores que son meras posees, una vez en lo cargos se olvidan de sus compromisos y se concretan a aprovecharse del poder junto con sus familias y amigos.

Este sector de la sociedad ahora se encuentra más despierto y algunos han observado las dificultades que hacen sus padres para darles una carrea profesional, para que luego una vez egresados no encuentren espacios donde emplearse, producto a las erróneas políticas de los gobiernos tanto del pinto como el colorado.

Por esa razón, lo chavos en edad de votar seguramente valoraran detenidamente si acuden o no a cumplir con su deber cívico este primero de julio, al considerar que no hay ofertas políticas reales y simplemente voltean para atrás y se conoce que es parte de lo mismo o las familias que en años han tenido el control político del país.

De acuerdo a comentarios de medios nacionales se habla de siete millones de estudiantes en edad de votar, cifra importante y que pudiera declinar la balanza para con tal o cual candidato, quienes todavía tienen cuarenta días de buscar la manera y convencer a ese grupo de nuestra sociedad y que son las generaciones del futuro.
En algunas entidades elegirán gobernadores, presidentes, senadores o legisladores federales, pero estos siguen tibios y no levantan, aunque tratan de demostrar lo contrario, la realidad es que los ciudadanos no responden y muestran desinterés del proceso y apatía del proceso electoral.

La mayoría de los abanderados a cargos de elección popular se vienen colgando de los candidatos presidenciales, sabedores que tienen más arrastre que ellos, y pudiera darse el caso que más de alguno se quede con las ganas de cobrar los nada despreciables sueldos por levantar el dedo y aprobar las iniciativas que envía el ejecutivo.

Por cierto, hay algunos abanderados que pobrecitos y con perdón de los burros, pero solamente les falta rebuznar, nada saben de lo que habrán de hacer al Senado o el Congreso de la Unión y ni siquiera el significado de lo que es un representante popular.

Se ha visto que unos andan prometiendo pavimentación, servicios públicos y programas sociales, educación o seguridad, cuando esa es responsabilidad de los gobiernos de los tres niveles y que por cierto, la misma Constitución General de la República lo contempla; pero bueno, piensan que somos una bola de ignorantes y todos creen en las palabras que salen de sus bocas y expresan en los actos políticos que realizan.

En fin, que se engañen solos y lo hagan con sus partidos, pero la realidad es otra, probablemente los candidatos presidenciales también desconozcan que no todo es miel sobre hojuelas en los Estados, aunque ahorita lo menos importante es voltear para atrás, sino seguir el mismo ritmo y finalmente que sea la suerte y el reducido número de votantes los que determinen si se van con AMLO, EPN, JVM, GQ. Así las cosas.