Por: Olegario Zamudio Quezada

Fui al penal de Tepic a visitar a un amigo y es que aunque no lo parezca, en ese lugar tengo todavía algunos de ellos, visité a Don Manuel, me estaba esperando en la puerta del Patio del penal El Corral como ellos le llaman, contento de quien sabe que se le estima y de quien puedo afirmar, que más de cuatro lo admiramos por su cultura basta


En la bolsa izquierda del pantalón, previsoramente llevaba monedas, porque de todos es sabido, que los internos te piden para el café, llegue a la hora de la comida (El bofe, como ellos le llaman), fuimos a un restaurante en el que venden café de olla y pollo a la mexicana, en momentos entre sorbo y sorbo sentía que estaba en el Diligencias.


Don Manuel tiene como sesenta y tantos años, él es de Acaponeta, pero su adolescencia y su juventud la vivió en el Viejo Mazatlán allá por el Hotel Freeman de las Olas Altas y de la Copa de Leche.


Me platicaba Don Manuel al olor del café de olla, los tiempos aquellos cuando deambulaba por el malecón y sentía la brisa marina en el rostro, los tiempos cuando desde la glorieta del pescador contemplaba el horizonte y el sol perdiéndose en el infinito del mar.


También me platicó, que arriba del Paseo del centenario se ponía a contemplar con sus binoculares la nostalgia en el rostro de las personas que viajaban a bordo del Barco El Ferry que salía de Mazatlán por las tardes rumbo a la Paz Baja California.


Claro esta, que no podía faltar a la platica los recuerdos de mi ahijado el Pipiripau, de quien Don Manuel recuerda tantas preciadas platicas y anécdotas con el, porque según sus comentarios, mi ahijado tenia una mente brillante y chisposa.


Remembrábamos que junto al periodista, preso político del Gobierno de la Coca Cola, siempre había en su entorno escritores y políticos, pues sabíamos que eso le generaba una coraza de protección y la verdad es que con eso, si le bajaban de huevos a eso de mortificarlo.


Me dijo Don Manuel que un día el Edgar le comentó que: el hombre cuando es rudo y deja de serlo es motivo para ser derrotado, con este ejemplo parafraseaba a Pancho Villa cuando sentenciaba, que solamente cuando se bajara del caballo entonces lo podrían matar, antes no.


Jaime Tapia El Nazi quien también injustamente estaba preso en aquellos tiempos,y quien llego a escalar los andamios del poder en las ergástulas del Venustiano Carranza, hasta llegar a ser jefe de bastoneros, era el héroe de la crujía llamada Almolollita, pero un díasalió por la libre para ser asesor de primer nivel, del Gobernador y con eso dejo de hacerle compañía a mi ahijado.


Recuerda Don Manuel tantas platicas con el Edgar y conmigo, porque yo era quien más lo visitaba, mi compa del EXPRESS muchas veces me pedía, dile al Nazi que venga a visitarme y cada que yo veía al nazi le insistía que fuera a ver a nuestro amigo, hasta que un día el Tecualeño, enfadado me encaró para decirme, mira mi Olegario, te voy a decir la puritita verdad, no voy a ver al Edgar, porque no es mi ambiente la penal, compréndeme por favor.


Eso fui y le dije al Pipiripao, Don Manuel recordaba esos momentos carcajeándose, cuando el Edgar me contestó Dile al hijo de la chingada del Nazi, que tengo en mi celda un ambientazo de carnaval que venga, que no se aburrirá, que ya hasta compraremos confeti, en ese momento mandó traer una banda musical llamada los Bravos del Bofe e inmediatamente le tocaron con una guitarra y una tina de lamina galvanizada, la canción Una Página Mas.


Pero bueno en fin, ahora Don Manuel pronto saldrá libre dice que ya pagó su atrocidad en la sociedad, que ya a estas alturas ya Dios lo perdonó, pero que también importante es, que el mismo se ha perdonado por haber tenido la beligerancia de haberle faltado al orden universal, ese ordenque es la vida.


Mi amigo es escritor y poeta, incluso me regaló unos ensayos para que los publicara, decir pues que el tiempo se nos fue entre tasas de café, quizás fueron varias no recuerdo cuantas, solo sé que la platica se alargó hasta que nos avisaron que ya era la hora de salir de la visita.

Con paso silente y me dirigí a la salida entre las sonrisas y la bien a venturanza de quienes al paso encontré, me preguntaba yo en mi circunstancia humana al ver la alegría de los muchachos, en que se sustenta la naturaleza caritativa que le permite al hombre ser feliz, .eso fue hasta que el cerrojo de la puerta principal me regresó a mi tiempo presente.