Por: Juan Fregoso
En 2006, el candidato a la presidencia de la República, curiosamente por la alianza PRI-PVEM, era Roberto Madrazo Pintado, mientras que por el PAN jugaba Felipe Calderón y por el PRD, Andrés Manuel López Obrador, ocurría algo similar con la campaña de Enrique Peña Nieto, en el sentido de que la contienda se desarrolló en un clima de tensión, dado a que Roberto Madrazo no tenía el apoyo suficiente de un sector de su partido, incluso, se recuerda su enfrentamiento con la maestra Elba Esther Gordillo Morales, incidente que para muchos fue decisivo para la derrota del tabasqueño.
El escenario en que se llevó a cabo esa histórica contienda electoral, muestra un cierto paralelismo con la campaña peñista, por supuesto, con algunas variantes. Por ejemplo, el hoy candidato del PRI—si hemos de darle credibilidad a las encuestas—se ubica en un 47. 6 por ciento, mientras que Roberto Madrazo mantenía un empate técnico con el panista Felipe Calderón; Madrazo se encontraba en una situación difícil debido a la masiva deserción de maestros bajo el control de Gordillo Morales, su ruptura con la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y la tirantez con el sector minero, sin embargo, el entonces candidato le apostaba no solamente al voto duro, sino al circunstancial, al blando, al independiente y al voto útil, pero el equipo de Madrazo falló en sus cálculos.
En aquel tiempo, prácticamente mostraba un escaso crecimiento de 3 puntos y brotaban como hongos conflictos laborales, entre los obreros que por tradición se caracterizaron por apoyar al tricolor, pero la inconformidad era tan grande—no sólo de los obreros, sino del sector magisterial—que acabaron por retirarle todo respaldo a Roberto Madrazo.
Entonces, la (CROC) se pronunció por apoyar al candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador. No obstante, el priísmo se mostró optimista como consecuencia de las últimas encuestas o sondeos que daban a Madrazo algo así como 31 puntos en las preferencias electorales, empatado—se dijo entonces—con Felipe Calderón, y se ubicaba 3 puntos de Andrés Manuel López Obrador, lo que para los priístas significaba también un empate técnico.
Posteriormente, se difundió la especie con base en sus propias encuestas que Felipe Calderón había caído de 36 a 32. 7 por ciento, mientras que Madrazo se posicionaba 5 puntos porcentuales, esto es, pasaba de 22.6 a 27.1 por ciento; otro sondeo efectuado entonces indicaba que el ex candidato de la alianza PRI-PVEM había subido 3. 7 puntos porcentuales, lo que aparentemente significaba que llegaba al cierre con muchas posibilidades de triunfar.
El vocero de la campaña madracista se mostró sumamente satisfecho, pues aseguró que todos los problemas que encaraba el entonces candidato presidencial habían quedado subsanados, inclusive, dijo que la imagen negativa que tenía al inicio de la justa electoral había adquirido matices positivos.
Sin embargo, Oaxaca, uno de los estados con mayor votación priísta asumió las ideas se la (CROC) y determinaron retirarle el apoyo a Roberto Madrazo, inclinándose a favor de Andrés Manuel López Obrador por considerarlo el candidato que más se acercaba a los programas y demandas de la clase trabajadora, entonces trascendió que alrededor de cinco millones de votos se le fueron de las manos al candidato del Partido Revolucionario Institucional, y a pesar de que El Peje era el preferido por algunas organizaciones de filiación priísta, al final, también le dieron la espalda y Felipe Calderón se alzó con la victoria, aunque bajo la sospecha del fraude, pero se impuso como presidente de la República.
Hoy, Enrique Peña Nieto se mantiene en primer lugar, pero igual que su correligionario enfrenta serios problemas internos y externos. Las recientes protestas estudiantiles son un claro síntoma de que el candidato no tiene la aceptación de un gran sector del pueblo de México, lo que lo coloca en el filo del despeñadero. Por lo tanto, el equipo peñista necesita una reorganización, quizá un cambio de estrategias políticas tendientes a desvanecer el descontento social ya generalizado, de lo contrario, le podría ocurrir lo mismo que a Roberto Madrazo, quien por fiarse de las encuestas y menospreciar los conflictos de entonces, perdió la presidencia de la República.