Por: Juan Fregoso
Este jueves 24 de mayo, el gobernador del estado, Roberto Sandoval Castañeda, celebró una reunión en la residencia del presidente municipal, Efraín Arellano Núñez, ubicada por la calle Guatemala número 2 de la colonia Independencia.
La asamblea estaba programada realizarse a las tres de la tarde, pero dieron las cinco de la tarde y el mandatario nayarita aún no llegaba. El columnista sabía de antemano de la presencia del Ejecutivo estatal, aunque confieso desconocer el motivo real de dicha reunión, dado al hermetismo que prevalecía en el ambiente, además de la tosquedad de dos sujetos que cubrían la puerta, los cuales en cuento me acerqué con la intención de entrar uno de ellos me preguntó que quién era; le mostré un ejemplar del periódico para el cual trabajo y entonces me dijo en un tono autoritario que la mencionada reunión era privada, por lo que la prensa no tenía podía tener acceso.
Cuando le pregunté por qué, éste se limitó a decirme que eran órdenes superiores, y que por la tanto, yo no podía entrar por ser periodista. Debo confesar que aquellas palabras me sorprendieron y me llevaron a pensar que cuando una reunión política—porque es evidente que era una reunión política—la sociedad tiene derecho a estar informada, de saber qué hacen sus gobernantes, a qué vienen, qué piensan, pues no se trata de un ciudadanos comunes y corriente, no se trata de particulares sino de hombres públicos que están obligados a dar la cara al pueblo. Este es un derecho consagrado en el artículo 6º constitucional, por lo que ningún gobernante debe ocultar sus acciones en un sistema democrático en el cual se supone que todo se realiza con transparencia, pero en este caso no fue así, los guaruras tenían indicaciones precisas de no dejar entrar a ningún periodista, según me comentó uno de ellos.
No quisiera pensar que, efectivamente, el señor gobernador giró este tipo de instrucciones, pues aunque no lo conozco a fondo me da la impresión de que es un gobernante sensible, con un gran espíritu democrático, respetuoso de la libertad de expresión, de la diversidad de ideas y de opiniones; creo que este fue un ingrediente fundamental que lo llevó a ocupar la gubernatura, puesto que de no haber sido así difícilmente hubiese accedido a Palacio de Gobierno: Tampoco creo que el presidente municipal, Efraín Arellano Núñez, haya dado indicaciones para impedir la entrada de los medios de comunicación, porque a Efraín sí lo conocemos a fondo y sabemos que es un hombre sencillo, abierto con todo el mundo; estoy seguro que si el presidente se hubiera enterado de la presencia de este columnista no hubiera ocurrido este desaguisado; estoy persuadido que hubiera dicho déjenlo pasar, pero lamentablemente me fue imposible contactar con él porque ya se encontraba en el interior del local donde se celebraría el cónclave privado.
Por lo tanto, el columnista no pudo enterarse del verdadero motivo de la presencia del gobernador del estado. Algunas personas me comentaron que la reunión era para festejar a las madres—lo que me pareció inverosímil—en virtud de que vi llegar a algunos funcionarios municipales y políticos locales reconocidos, algo que no tiene ninguna asociación con un festejo de mujeres; la presencia de funcionarios robusteció mi hipótesis de que esa reunión tenía tintes políticos y que quizá por eso ello se le calificó de privada.
Por supuesto que hay reuniones en las cuales deberán ventilarse asuntos con cierta secrecía, pero no olvidemos que estamos en pleno siglo XXI en donde los gobernantes deben conducirse acorde con los tiempos que vivimos, quiero decir con esto que ya pasaron—cuando menos teóricamente—los tiempos en que todo se hacía en lo oscurito, ya que si nuestros gobernantes están trabajando con honestidad, con rectitud hacia sus gobernados, nada tienen que temer, no tienen, pues, porqué limitar la libertad de expresión a través de sus cortesanos que carecen de buenos modales para tratar a los comunicadores. No creo, insisto, que ni el gobernador ni el presidente municipal, hayan dado órdenes terminantes de prohibir el acceso a los medios; creo más bien, que estas acciones tienen su origen en sus ayudantes, los que seguramente piensan que actuando de este modo quedan bien con sus jefes, y la verdad, es todo lo contrario, pues con su actitud despótica los hacen quedar mal parados.
Así, sólo como corolario, quiero puntualizar que obstaculizar el trabajo de la prensa—máxime en tiempos electorales—constituye un acto suicida del sistema. Impedir a los críticos para que realicen su trabajo es un grave error, es un exceso que puede revertirse contra aquellos que lo cometen, por la simple razón de que quien más necesita a la prensa son precisamente los gobernantes, porque ésta—la prensa—es una especie de espejo sin el cual no es posible, digamos acicalarse cada mañana para prepararse y enfrentar los conflictos cotidianos que nunca faltan, de ahí la importancia de la prensa, que no es más que la correa transmisora del quehacer gubernamental en un sistema auténticamente democrático, que se debe caracterizar por su irrestricto respeto a la sociedad, la verdadera titular del derecho a estar informada como lo establece nuestra constitución política.