Por: Juan Fregoso

La sucesión presidencial se ha vuelto un tema recurrente, inevitable de abordar por cualquier periodista que haya seguido atento los acontecimientos políticos que se han venido suscitando durante estos meses clave, justo cuando estamos prácticamente a la vuelta de la esquina de saber por quien se inclinará el pueblo el 1 de julio para llevarlo a la Silla del Águila, como lo escribió el recientemente fallecido Carlos Fuentes.

El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto comenzó bien su carrera hacia La Grande, y así lo escribí en colaboraciones anteriores, porque estaba convencido de ello, pero también anoté que de un momento a otro el escenario podría cambiar, sobre todo, porque comenzaron a desfilar en la campaña peñista figuras políticas repudiadas por la sociedad, como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y todo un séquito de dinosaurios de pertenecientes a era jurásica, fue entonces que mi hipótesis se robusteció, Peña Nieto terminaría mermado antes de las elecciones y eso ya lo estamos viendo.

La burbuja de la inconformidad reventó en la Universidad Iberoamericana, en donde los estudiantes le manifestaron abiertamente su rechazo al candidato del tricolor por considerarlo una imposición de la élite política conformada por siniestros personajes que tanto han dañado a México, amén de los negros antecedentes del propio aspirante presidencial, a quien últimamente se le ha borrado la sonrisa como consecuencia del descontento generalizado y ahora muestra un adusto rostro envejecido por lo menos diez años. El galán de Televisa empieza a perder la gallardía, el porte varonil que quiso explotar la empresa televisiva para su beneficio, aunque no solamente ha perdido su sex-appeal, sino una gran dosis de popularidad entre sus simpatizantes sino entre sus propios correligionarios que antes aseguraban que el mexiquense no tenía rival que le disputara la presidencia.
Con todo, Enrique Peña Nieto continúa como el puntero en el handicap presidencial, pero las protestas de los universitarios cambiaron todo el panorama político electoral, a tal grado que a estas alturas—se admita o no—Peña Nieto empieza a perder terreno frente a su más cercano contrincante, Andrés Manuel López Obrador, quien discretamente ha ido avanzando hacia la meta; el candidato del PRD-PT no parece preocuparse mucho por las encuestas, porque sabe que las verdaderas encuestas se darán el 1 de julio, es ahí donde se expresará realmente el sentir y la voluntad ciudadana, mientras que el equipo peñista—como en el caso Madrazo—le sigue apostando a sus propios sondeos, y estos son un peligro real, no imaginario, es tan real como el levantamiento estudiantil el cual para muchos es manejado tras bambalinas por alguien, pero dicha aseveración ha sido desmentida por los propios estudiantes, incluso han dicho credencial en mano que detrás de ellos no hay nadie, sólo su deseo de que en México se implante un cambio auténticamente democrático y no una imposición por la oligarquía que siempre ha manejado los hilos del poder para trepar en la silla más codiciada a sus incondicionales.

Es en este contexto es donde surge el movimiento Yo soy 132, y que fija su postura en dos puntos fundamentales: 1.-Somos un movimiento ajeno a cualquier postura partidista y constituidos como ciudadanos. Como tal, no expresamos muestras de apoyo hacia ningún candidato o partido político. Nuestros deseos y exigencias se centran en la defensa de la libertad de expresión y el derecho a la información de los mexicanos, en el entendido de que ambos elementos resultan esenciales para formar una ciudadanía consciente y participativa. Por lo mismo promovemos un voto informado y reflexionado. Creemos que, en las circunstancias políticas actuales, el abstencionismo y el voto nulo son acciones ineficaces para avanzar en la construcción de nuestra democracia. Somos un movimiento preocupado por la democratización, y como tal, pensamos que una condición necesaria para ella, involucra la democratización de los medios de comunicación. Esta preocupación se deriva del estado actual de la prensa nacional y de la concentración de los medios de comunicación en pocas manos.

2.-Yo soy 132 es un movimiento incluyente que no representa a una sola Universidad. Su representación depende únicamente de las personas que se suman a esta causa y que se articulan a través de los comités universitarios.

En esencia, nuestro movimiento busca la democratización de los medios de comunicación con el fin de garantizar una información trasparente, plural y con criterios mínimos de objetividad para fomentar una conciencia y pensamiento crítico. Es po ello que: exigimos competencia real en el sector de los medios de comunicación, en particular en lo referente al duopolio televisivo constituido por Televisa y Tv Azteca.

Así resume el movimiento 132 el espíritu de su lucha, la democratización de los medios masivos de comunicación que desde un principio comenzaron a labrar un candidato presidencial a su medida, un candidato ajeno al sentir del pueblo, impuesto por el legendario Grupo Atlacomulco, de donde es originario Enrique Peña Nieto.

Así pues, a un mes y fracción de los comicios del 1 julio, las pinzas se van cerrando día tras día en contra del candidato del PRI, y entre el electorado ya se no se aprecia el mismo entusiasmo de antes, cuando Peña Nieto inició su campaña. Por lo tanto, las autoridades electorales competentes están obligadas a hacer valer el imperio de la ley, ya que de no hacerlo estarían propiciando una espiral de violencia de consecuencias impredecibles. Estarían, pues, provocando al México bronco, que ya dio muestras de no estar dispuesto a tolerar un fraude electoral más.